NiOh 2 no es NiOh 1 y Death Stranding no es Fallout 76. Puede parecer de perogrullo, sobre todo lo segundo, pero me sirve de excusa para hablaros de la sensibilidad ante el videojuego y de cómo cada individuo aprecia distintos elementos en una misma obra. Ojo, no vale de excusa para saltarnos todo a la torera, pero en el mes del 'no todos los juegos son para todo el mundo' me parece de recibo tocar un tema que se ha explotado poco en esta industria del videojuego. Lo que hay detrás de la apreciación personal.
Lo digo porque esta semana está siendo terriblemente loca. Tras un fin de semana con una beta de NiOh 2 que me supo mal y un artículo en el que comentaba lo que no acabo de comprender de este giro de Team Ninja y Kou Shibusawa, comenzaba el lunes con debates y peleas en redes sociales. Tal vez no estuve esecialmente fino con el titular, que podría haber redactado mejor, pero dejando esa frase a un lado me ha llamado la atención cómo la secuela del gran NiOh ha logrado despertar sensaciones y opiniones tan dispares entre los usuarios.

Los videojuegos y el idealismo trascendental
Soy un empirista al que le resulta más fácil comulgar con las teorías de Kant y su Crítica a la Razón Pura que con la epistemiología de Habermas o el caótico nihilismo de Nietzsche. Immanuel Kant definía el espacio y el tiempo como meras abstracciones humanas, imposibles de entender de otra forma que mediante la sensibilidad del individuo, dando sentido a la distinta percepción del mismo que tenemos según nuestro estado de ánimo. Culminaba su teoría del idealismo trascendental con una de sus máximas más reconocidas y que mejor resumían su pensamiento filosófico: 'vemos las cosas, no cómo son, sino como somos nosostros'. O lo que es lo mismo: a mediados del siglo XVIII éste filósofo inventaba Matrix al colocar al individuo como centro de su universo, y sus percepciones y sensibilidad como cimientos del mundo consciente.
Es una filosofía que siempre me ha enamorado, y que justifica, incluso explica, por qué el ser humano es tan diferente y tiene respuestas opuestas ante los mismos estímulos, ya sean los videojuego, los toros, el fútbol o las peleas de gallos que se montan en los corrillos del corazón. Tendemos a ver en las cosas lo que nuestra experiencia y naturaleza nos dicta que son, yendo más allá de la auténtica naturaleza del objeto -y de la obra- para imprimir en ellos nuestra propia personalidad y juzgarlos según cómo se ajusten a esta impronta.

Pero hablábamos de NiOh 2, Death Stranding y Fallout 76
Perdonadme por el repaso a los apuntes de selectividad, pero creo que es un paso obligatorio para entender algo que debería ser básico para todos: por mucho que le duela a Platon no existe la verdad única, 100% objetiva y universal. Siempre juzgaremos un juego desde la perspectiva personal. A no ser que nos limitemos a hablar de elementos meramente enumerativos como tipos de armas y clases, FPS o número de mecánicas, esta perspectiva personal varía de un profesional a otro y de un usuario a otro.
¿Es NiOh 2 igual que NiOh? Evidentemente no. Hay, en esto estamos de acuerdo todos, varios 'añadidos' que a muchos usuarios no le suponen ningún cambio importante, pero que para otros, entre los que me incluyo, rompen el epíritu del juego original. Sí, los menús, las melodías y varios elementos son exactamente iguales, pero siguiendo lo que decía Kant no es ahí dónde yo veo a NiOh, sino en sus escenarios oscuros, sus aldeas en llamas, la dificultad de cada combate y el rigor histórico de armas y armaduras que, en esta beta, no he sido capaz de ver.

Death Stranding y Fallout 76
Menciono a estos dos como podría mencionar a No Man's Sky, Final fantasy XV o Demon's Souls, pero voy a quedarme con Fallout 76 por ser el caso más polémico. Ha sido acusado de muchas cosas, algunas reales y otras por el boca a boca, pero para mí sigue siendo el mejor juego de esta generación, entendiendo que es por motivos personales y por unas experiencias previas e individuales que, obviamente, no atañen a todos los juegadores. Ayer mismo lo ponía por la tarde para disfrutar de un rato de relax en mi santuario privado. Me es imposible separar su disfrute del recuerdo de esa madrugada de noviembre en la que visité el Refugio 76, ese Fallout 4 que me volvió loco por su verticalidad o ese Fallout 3 y mis viajes explorando el entorno mientras hablaba con mi esposa de los colegios de alrededor y en cuál queríamos inscribir a nuestra hija, por entonces un pequeño bebé.
Entiendo por tanto que muchos de mis compañeros hayan sucumbido a Death Stranding por los mismos motivos que yo sucumbí a Fallout 76 y otros jugadores siguen comprando FIFA o Call of Duty año tras año. Porque más allá de la objetividad y del hecho de lo que realmente son hay mucho más. ¿Cabe alabar defectos en un juego que son crítica negativas en otros? No debería, pero no somos más que seres humanos y nuestra cabeza nos juega a vece estas malas pasadas haciéndonos ensalzar lo que ahora sí nos encandila pero ayer, en otra obra, nos resultaba deleznable.
Resumiendo, que os estoy soltando un tostón, no todos vemos lo mismo en un videojuego. Cómo si de la apreciación cromática del ojo humano se tratara, cada cual encuentra distintos elementos en una misma obra y estos pueden atraer o repeler de la misma forma a distintos usuarios. Puede parecer de perogrullo o una locura, pero al final es imposible contentar a todos con la misma fórmula y nos corresponde a ti, a mí y al resto decidir qué nos conmueve y qué hace que sintamos cómo única una obra. Todo ello sin despreciar la opinión ajena por no coincidir con nuestro esquema inamovible de las cosas. Sería un buen principio.
¡Nos leemos!