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Controlar a una mujer en Assassins Creed Valhalla NO es progresista

O por qué The Last of Us 2 borda lo que Ubisoft teme realizar.
Jueves 16 de Julio de 2020 por Rebeca Escribano

Ubisoft parece haberse tirado de cabeza a la piscina con su último Ubisoft Foward y ha decidido mostrar, para disgusto de muchos de sus jugadores menos aventajados intelectualmente, un tráiler protagonizado por la opción femenina de Assassin’s Creed Valhalla. Y, cómo no podía ser de otra forma, la gente se ha dividido en dos bandos poderosamente diferenciados sobre si esta decisión es normalizadora y feminista o un auténtico atentado a la pureza de los juegos de rol. 

 

Solo que, en mi opinión, no es ninguna de las dos cosas. Dejadme que os lo explique con más detalle.  

 

Assassin’s Creed y por tanto Ubisoft ya se encontraron con problemas y quejas de fans cuando se empezó a rumorear que Assassin’s Creed Odyssey estaría protagonizado por un personaje femenino. La comunidad de incels estalló diciendo que no querían jugar con una “chica” cuando a lo largo de la historia de Assassin’s Creed siempre habían encarnado a un hombre a lo largo de las diferentes misiones en períodos históricos muy señalados. Las quejas fueron tan sonadas que generaron un auténtico debate en Internet y acabaron provocando que Ubisoft aclarase que la protagonista femenina era simple y llanamente “una opción más”.  

 

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Ahí estriba precisamente el problema. Cuando una compañía te da la opción de seguir siendo misógino y estúpido y creer que encarnar a una figura femenina estropeará la experiencia de juego, no está siendo valiente, vanguardista o normalizador en ningún caso. Simplemente se posiciona en terreno de nadie para intentar de alguna forma contentar a todo el mercado y no recibir demasiadas críticas por ello. 

 

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Y no solo es una auténtica estupidez y un debate mucho más moderno de lo que nos imaginamos (solo hay que echar la vista atrás en la historia de los videojuegos para darnos cuenta de que algunos de los protagonistas de las mejores historias que hemos experimentado en nuestra vida eran mujeres) sino que además no tienen ningún sentido dentro del universo de Assassin’s Creed. Esta franquicia, que tanto se esfuerza en hacer recreaciones prácticamente perfectas de escenarios y tiempos pasados, assets, formas de comportamiento y vestimenta, ha decidido crear un personaje llamado Eivor para esta última entrega el cual, casualmente, puede ser un hombre o una mujer. Ya desde un punto de vista histórico no tiene sentido crear la misma historia para ambos géneros ya que por el simple contexto las reacciones de los personajes y del entorno tendrían que cambiar, sino que además rompe de alguna forma el canon por el propio funcionamiento intrínseco del animus y el ADN de la serie. 

 

El hecho de que me den a escoger una opción que entra dentro del heteropatriarcado no tiene por qué ser algo incorrecto, pero no es en absoluto normalizador o feminista. Lo que sí que es vanguardista en ese tema es precisamente lo que The Last of Us 2 con sus protagonistas femeninas: Ellie, Dina y Abby. No solo Abby cuenta con un cuerpo completamente fuera del canon estético impuesto por la moda (el modelado del personaje hace que te sea completamente creíble que pueda destrozar la cabeza de un infectado por la espalda sin apoyo de armas blancas) sino que además lo integran con las propias mecánicas del personaje. De esta forma, Abby, mucho más robusta y poderosa, sin una gota sexualizada en su presentación como personaje, amplía la visión de un cuerpo femenino para todos aquellos que todavía se creen las proporciones impuestas por la industria de la moda como algo “normal” o “natural”. 

 

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No solo eso, sino que el juego forzosamente te obligará a vivir una relación lésbica con Ellie e incluso te mostrará pequeños detalles del todo lógicos dentro de un escenario apocalíptico como vello facial o en las axilas en muchos puntos del juego. 

 

 

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Es decir, para que un juego pueda imponerse una etiqueta “feminista” o incluso vanguardista en temas de cierta relevancia social no puede darte la opción a permanecer en una zona de confort retrógrada y misógina sino que debería forzarta de alguna forma o adaptar su discurso a las opciones femeninas protagonistas que ofrezca.

 

O al menos, así es como yo lo veo. 


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