Aún no había llegado el año 2000 cuando el primer título bajo el nombre del difunto piloto de rallies, Colin McRae, hacía aparición en la primera de la familia Playstation. Largas y largas tardes superando pruebas del por aquel entonces mejor simulador del género, que mejoraba con creces la experiencia de conducción que ofrecían los títulos de aquella época de PC, como V-Rally o Sega Rally, aunque éste último pugnaba por un estilo más arcade, con lo que la comparación no sería justa.
Entregas y entregas más tarde, y tras superar a su competencia aparecida en PS2, la saga WRC (que atacaba donde dolía, a las licencias, y creó una batalla entre rallies similar a la que hubo en fútbol con PES y FIFA) llegó la era de la alta definición, y, con una nueva infructuosa entrega de Sega Rally como competencia, el primer Colin McRae DiRT se convirtió en el mejor simulador de rally de la nueva generación.
Ahora, dos años más tarde, llega esta secuela, que mejora en todos los aspectos a su primera entrega, salvo por el hecho de que éste es un título con una estética y una tónica mucho menos serias que en el primer DiRT, en el que no abundaban los coches con llamas pintadas ni tendía todo hacia la “macarrería”. Pero bueno, será que aún no me he acostumbrado a ser “colega” (literal) de las estrellas de los rallies.