«I love the Power Glove. It’s so bad», sentenció Lucas en El campeón de los videojuegos allá por el 1989. Se refería a un periférico para NES que pasaría a la historia por ser un fracaso en ventas y en popularidad: realmente… it was bad.
El periférico contó con dos juegos ideados especialmente para él, Super Glove Ball, un juego de puzles, y Bad Street Brawler, un beat ‘em up, pero también podía tratar de aprovecharse para jugar a cualquier otro título del extensísimo catálogo de NES. Tan solo hacía falta hacerse con el código del juego en cuestión para que el guante cargara los parámetros correspondientes. La gran, enorme, lacra del guante fue la falta de precisión del aparato. El respetable James Rolfe, en su personaje del Angry Video Game Nerd probó o, más bien, sufrió el Power Glove a lo largo de una extensa colección de juegos de NES. No tiene desperdicio.
Ahora un equipo de tres cineastas y conocedores de las lindezas del Power Glove se han decidido a contar la historia de un artilugio que el tiempo ha colocado en un cómodo y respetable puesto. The Power of Glove cuenta el nacimiento y el legado del Power Glove, desde su creación entre Mattel y Nintendo hasta su época dorada, más de dos décadas después de su lanzamiento, en la que los fans, tanto jugones como tecnófilos, le rinden tributo, dando pie a obras de arte, piezas musicales, vídeos, modificaciones para varios usos y, en definitiva, una reinvención de lo que fue en principio el periférico.
A lo largo del documental se sucederán entrevistas y se mostrarán experiencias personales muy variadas con los diseñadores originales, fans, coleccionistas, músicos, desarrolladores independientes… Todo un conjunto que demuestra que aún hay esperanza para los periféricos que trataron de cambiar su contexto temporal y acabaron siendo obviados por la industria…
Como Kinect. Porque Kinect no ha encontrado su sitio entre la masa consumista. Nunca ha contado con una base sólida de juegos que realmente inciten a comprar el aparato, y, a diferencia del Glove, solo se ha podido aprovechar con los juegos que estuvieran preparados para ello. Por suerte para Kinect, ya desde muy pronto se liberó su código. Esto permitió que montones de desarrolladores y mentes inquietas se dedicaran en cuerpo y alma a trastear, investigar, experimentar y crear nuevas realidades para el periférico de Microsoft.
El tiempo también ha colocado a Kinect en una posición cómoda, puesto que se ha convertido en una herramienta más para muchas de estas personas de las que hablo: artistas, músicos, fotógrafos, desarrolladores de juegos, científicos, médicos, etc., que ya cuentan con la mirada única que proporcionan las lentes de Kinect para inventar e innovar en todos los campos que conoce el ser humano.