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Siempre hay un amigo para los malos momentos

Hasta en forma de juego
Lunes 04 de Enero de 2016 por Kysucuac

Dicen que los buenos amigos te acompañan siempre en los momentos más duros. ¿Y si hay videojuegos que también lo hacen? No, no quiero sonar triste, que sí que tengo amigos. Pero hay ocasiones en la vida en las que ni siquiera tus mejores amigos pueden estar presentes. Es más, mi mejor amigo se mudó a otro país a buscarse la vida, así que está difícil lo de las palmaditas en la espalda. También es cierto que existen momentos en los que tampoco queremos el más mínimo contacto humano, sólo queremos estar solos con nosotros mismos, mirando al techo, leyendo un libro, o, en efecto, jugando a un videojuego.

 

Hoy he estado reflexionando por una tontería. Bueno, os va a parecer una tontería, pero yo estoy muriendo poco a poco. Me han sacado una muela del juicio (la primera que me sacan, faltan dos por extraer. Deseadme suerte), el efecto de la anestesia ya ha pasado y aún quedan por delante tres duras horas hasta que pueda tomarme el antibiótico a modo de sedante. Duele como su p. madre, todo hay que decirlo. Así que, mientras agonizo e intento distraerme del dolor, he probado varias cosas. Para empezar, he visto una película. El Episodio II de la Guerra de las Galaxias, que he decidido hacerme un maratón a modo de repaso. Dios, qué mala es. Aunque anda superará al Episodio I en horror. En fin, aunque he conseguido distraerme un poco con la cutrez mal llevada de El Ataque de los Clones, no ha terminado de servirme demasiado, así que he optado por mi siempre fiel comodín: Pokémon.

 

Y aquí viene mi reflexión: Si cada uno de nosotros tiene un videojuego para esos momentos duros, el mío es Pokémon. Entendiendo “Pokémon” como todo el conjunto que va desde Azul/Verde/Rojo hasta los nuevos Zafiro y Rubí. Cuando mis mascotas habían fallecido y nadie sabía cómo consolarme, lo único que hacía era meterme en mi cuarto, enrollarme cual tallarín en la cama y sacar la Game Boy. Los años han pasado, ha habido más dramas, pequeños y grandes, en mi vida, y siempre he acabado acudiendo al maravilloso mundo Pokémon. Incluso cuando me dejó el amor de mi vida. Y digo incluso porque en aquellos momentos lo que tenía en mis manos era Pokémon Y, que me lo compré para jugar con aquel sucio traidor y su maldito Pokémon X.

Pero, corazones rotos a un lado, a veces los juegos son como las canciones, sobre todo si tienen una banda sonora en condiciones que acompañe. Hay ocasiones en las que los videojuegos también nos recuerdan una época mejor. En mi caso, Pokémon me recuerda a mi dulce infancia, cuando lo único que me preocupaba era que mi hermano no me pillara habiéndole robado su Game Boy. ¡Ah, qué buenos tiempos! Lo bueno, además, de que un título como éste de Nintendo sea mi “juego comodín” para esa clase de momentos duros, es que se trata de un juego medianamente sencillo, que no requiere de mucha concentración pero que a la vez me permite distraerme de la dura vida real.

 

Ojo, que cualquiera podría decirme que en su caso es justo al contrario, y necesita de juegos de acción frenética para poder distraerse de cualquier dolor, físico o a nivel sentimental. Eso ya es gusto o naturaleza de cada uno. En mi caso, como digo, nada como adentrarme en la larga ruta de ser el mejor entrenador Pokémon del mundo. O el mejor criador. O el mejor... eh... ganador de concursos. Sea como fuere, y por mucho que digan algunos que los videojuegos sólo forman asesinos en serie, jugar a videojuegos es una gran herramienta contra la frustración, la depresión o las situaciones tensas, además de producir, por lo general, un estado de bienestar en nuestro cuerpo. Sí, por mucho que se nos suba la adrenalina pegando tiros por ahí. Y, como es lógico, también nos curan los “dolores” de la forma más sencilla posible: distrayéndonos. Vamos, que me he puesto a jugar y a escribir de Pokémon y se me ha olvidado tó lo malo. ¿Qué era lo que me dolía? Bueno, quizás el Ibuprofeno también haya puesto de su parte. Ahora, si me disculpáis, debo capturar a ese maldito Sableye. Por cierto, ¿y cuál es vuestro mejor amigo videojueguil? Que no nos dan palmaditas en la espalda, pero también ayudan.


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