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La triste historia de Sif en Dark Souls, ¿por qué hay tan pocos perros en los videojuegos?

Miradas de bondad
Martes 24 de Mayo de 2022 por Adrián Suárez Mouriño

¿Por qué adoramos a Sif? ¿Por qué su relación con Artorias es una de las que más nos ha llegado en Dark Souls? Gwyn, temeroso de la oscuridad que el abismo estaba desatando en Oolacile, manda a sus más valerosos guerreros a combatirla. Los cuatro caballeros de Gwyn, salvo el caballero Ornstein por los motivos que explicamos aquí, parten a combatir el abismo.

 

De entre todos, destaca un guerrero: Artorias y su fiel compañero: el lobo blanco Sif. Ambos le plantan cara con fiereza a la oscuridad, pero no es suficiente para poner fin al abismo. Sabiendo que ambos están a punto de morir, Artorias emplea su escudo y su propia vida para salvar a su buen amigo. Sif consigue escapar y acaba refugiado en la tumba de Artorias, guardándola, protegiendo su memoria y evitando que cualquiera se atreva a recorrer la misma senda que su cuidador. Hablaremos en otra ocasión de Artorias, ahora le toca el turno al gran lupino.

 

Lo emocionante de esta trama es cómo se nos presenta, a través de la tristeza infinita de Sif. Porque el lobo sigue amando a su amigo aún tras la muerte de este. Esto lo descubrimos cuando nos enfrentamos a él. Al dejarlo malherido, Sif se tambalea, sufre, pero sigue atacándonos, porque su determinación es superior al anuncio de su derrota. Artorias lo protegió en su día, ahora le toca defenderlo a él. ¿Y por qué a todos nos ha calado tanto este momento?

 

La explicación es sencilla: los perros se expresan con una mirada, con su alegría y con su sufrimiento. Ellos nos hablan con sus gestos, con sus meneos de cola y con su infinito amor. Recrear estos sentimientos tan primarios en un videojuego es relativamente sencillo, porque una caída de ojos o un quejido es más yelocuente que cualquier ristra de palabras.

 

 

Si nos vamos a The Last of Us, yo no conseguí sentirme vinculado a Ellie hasta unas cinco horas de empezar a jugar, y solo tras veinte decidí que quería tenerla en mi vida para siempre. Sin embargo, con Sif, con tan solo 2 minutos de combate entendí su sufrimiento y que yo estaba obrando mal al intentar acabar con su vida.

 

Sabiendo lo bien que funciona a un nivel emocional la relación entre un humano y un perro, es una lástima que no se explote en otros juegos. Lo más que hemos tenido a este respecto es la relación con nuestro fiel Albóndiga en Fallout 3 y su correspondencia en Fallout 4. Ojalá más Sif en el videojuego, pero que no se nos mueran, por favor. Además, hace falta llevar este tipo de relaciones a nuestro medio para concienciar sobre el cariño y amor que necesitan los perros. Me encantaría un videojuego en el que te acompaña un perrete, eligiéndolo al principio de todo rescatándolo de una protectora.


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