Nuestro respetado señor Gaiman ha encontrado en los videojuegos una nueva herramienta para contar sus historias. Esta misma semana ha anunciado el lanzamiento de un juego de su propia cosecha llamado Wayward Manor. Se ha asociado con el estudio independiente The Odd Gentlemen. Estos mozos tienen en su historial The Misadventures of P.B. Winterbottom, una aventura de puzles que salió en 2010 para XBLA y Steam. Wayward Manor parece a primera vista un título ligerito y caricaturesco, que se centrará posiblemente en el humor y los puzles.
Neil Gaiman es un reputadísimo escritor autor de tremendas obras como Buenos Presagios, Stardust, American Gods y creador del personaje de Sandman, ya un clásico en el cómic americano. Es cuanto menos curioso que un escritor se haya decidido a introducirse en la creación de videojuegos. Según él mismo, la historia que se narrará en Wayward Manor es una historia que nunca antes había sabido contar, principalmente porque, según Gaiman, debía ser vivida.
Pero Gaiman no ha sido el primer escritor que se ha acercado a este, nuestro medio. Ha habido directores de cine, guionistas y actores que han probado las aguas pixeladas de nuestra industria, pero escritores hay pocos. Otro de los memorables es el terrorífico Clive Barker, que vino a nuestro mundillo a contarnos dos historias de vicio y apocalipsis en Undiying y Jericho (esta última, obra de nuestros madrileños Mercury Steam, por supuesto).
Siempre es interesante ver lo que pueden expresar estos creadores foráneos con las herramientas que aporta un medio interactivo. Desgraciadamente, las personas que no trabajan en esta industria no suele conocer cómo funciona a menos que se sienta muy ligada a ella al menos como fan o como curioso. Por eso es muy importante que cuando escritores, directores de cine o actores se atreven a dar el paso digital lo hagan de la mano de algún estudio de desarrollo que sepa cómo llevarles.
Los escritores dentro de la industria ya entienden cómo funcionan las cosas, en parte porque actualmente suelen formar parte activa de un equipo de desarrollo que mantiene un flujo constante de comunicación y está dispuesto a estrujarse los sesos para que la historia se adapte a las mecánicas de juego o a cualquier vicisitud en el proceso. Los escritores literarios no están tan acostumbrados a todo ello, por lo que es más complicado la transformación de sus ideas en situaciones interactivas. Ahí es donde tiene que entrar el trabajo del desarrollador para guiarle en el proceso y que la simbiosis de sus frutos.