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Avance The Last of Us ,PS3

Naughty Dog crea un juego de retos, mecánicas y emociones.
Viernes 24 de Febrero de 2017 por Víctor Junquera

No es la primera vez que nos ponemos a los mandos de The Last of Us, pero si es la última antes de su valoración final y los resultados no pueden ser más esperanzadores. Lo mejor que puedes decir de un juego es que siempre te deja con ganas de más y esta obra de Naughty Dog cumple perfectamente con la norma. ¿Por qué? Porque The Last of Us, aun a sabiendas de sus valores de producción, de su condición de triple A, de que debería agradar al mayor público posible, hace lo que le da la real gana con tal de ser un juego de retos, mecánicas y emociones.

 

No será tarea fácil, imaginamos, teniendo en cuenta que tras ese impresionante apartado técnico, la última obra de The Last of Us es uno de esos juegos que te va a hacer más fuerte a base de romperte, de quebrarte y de quitarte de la postura cómoda en tu sofá. No exageramos si decimos que morirás tantas veces como en un Dark Souls, aunque sea en lo único en que se le parezca. Tampoco habrá sido fácil quitarse el sambenito de ser "el sucesor de Uncharted", pero la primera vez que te encuentres en la azotea de un edificio a una distancia considerable y te des cuenta de que no puedes saltar la distancia a lo Nathan Drake, el juego vuelve a reírse de ti a carcajadas.

 

Lincoln es un pueblo que tardarían en recorrer dos minutos. Vas a tardar una hora.

 

Así, The Last of Us construye una cruda historia post-apocalíptica centrada en la supervivencia rápida y extrema. Explorar los escenarios tiene sentido porque no los haces únicamente para ver lo bonitos que son o recoger coleccionables del juego sin sentido alguno, sino que es algo obligatorio para reunir las herramientas necesarias para crear armas y mejorarlas. No hacerlo significa la muerte y estamos hablando del modo de dificultad Normal, donde un infectado al que te enfrentes por separado puede suponer tu muerte instantánea por no plantear bien la estrategia o la huída.

 

No es un título castigador, porque siempre tienes esperándote ese checkpoint bien guardado hace un par de minutos, pero ni siquiera esta seguridad te libra de la tensión que genera enfrentarse a un infectado. La mayor maestría de The Last of Us radica, como hemos apuntado en innumerables ocasiones, en ser un juego contenido, en explorar una casa en ruinas y encontrarte con un solo infectado en vez de con diez o doce que despachamos con gatillo fácil. Sigue avanzando y entenderás por qué corres como una niña cuando te persiguen más de diez.

 

Entendiendo la amenaza de esta forma tan realista, The Last of Us se disfruta el doble. Se acabaron las heroicidades y la sensación de ser un dios en el escenario. Se acabaron esas pantallas que se llenan de rojo o degradan al blanco y negro, pero no nos importa porque sabemos que vamos a salir airosos de la situación. Aquí, un paso en falso es castigado con la muerte, no tener preparadas y recargadas tus armas es un error fatal y, si eres uno de esos jugadores que comprueba y recomprueba el escenario y su situación antes de avanzar, te jodes, porque habrá momentos donde no tendrás más opción que pensar con rapidez e improvisar.

 

Este menú va a ser tu mejor amigo. No te creas que vas a conseguir un arsenal fácilmente, y ni con él va a ser tarea fácil.

 

Queremos que The Last of Us salga ya. Queremos seguir la historia de principio a fin y no descubrir pequeñas parcelas narrativas en las demos que hemos jugado, porque la historia se cuenta maravillosamente bien con unos Joel y Ellie que no paran de hablar, donde se intuye que esta niña que nos acompaña es mucho más de lo que aparenta. En el camino, la relación se construye de manera asombrosa, con ejemplos que son tan simples y claros que no te explicas cómo no se les ha ocurrido a nadie antes. Cada acción en el escenario incluye una frase de guión.  Resulta natural explotar una trampa con un disparo (algo que llevamos haciendo toda la vida) acompañado de un "ok, apártate ahora un poco" o entrar en un edificio donde has escuchado extraños ruidos mientras Ellie te dice: "¿De verdad vas a entrar ahí?". Tanto, que no nos extrañaría que Ellie sin tanto bombo estuviera igual o por encima de Elisabeth en cuanto a Inteligencia Artificial compañera se refiere.

 

Como hemos dicho, no es la primera vez que nos ponemos a los mandos de The Last of Us, pero sigue sorprendiéndonos como el primer día los santos rediles que ha tenido Naughty Dog de marcarse un juego que te respeta como jugador, que conoce el oficio. Tus amigos te dirán que no se lo han pasado, que no les atrapa tanto como Uncharted, pero lo que están diciendo realmente es que están cansados de morir, de que el juego les exija un par de reflejos y probablemente también estén un poquito acojonados. Tú sonríe, porque la culpa no es del juego, mientras celebras con alcohol de quemar un título capaz de mezclar en la jeringuilla lo más comercial que te puedas echar a la cara con unos pocos miligramos de survival horror, de reto y de sensatez e inyectártelas en vena sin anestesia en una generación llena de tiritos sin sentido. Pim pam y pim pum.


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