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Analisis Xenoblade Chronicles X ,WIIU

Mass Effect a la japonesa, palabras mayores para el JRPG.
Miercoles 02 de Diciembre de 2015 por Víctor Junquera

Resulta muy curioso ver cómo una obra que lo tiene todo sólo es capaz de hacer ruido entre grupos muy concretos de aficionados al videojuego, juegos de nicho, que llaman. Y lo tiene todo, para bien y para mal, o al menos todo lo que puede tener un videojuego de hoy en día con unos elevadísimos valores de producción y un tiempo de desarrollo más que apropiado, y resulta más curioso aún ver cómo, habiendo sido lanzado originalmente en Japón mucho tiempo antes, este Xenoblade Chronicles X ya presentaba ese tipo de factores divisores que en juegos como Fallout 4 o Metal Gear Solid V: The Phantom Pain podían ser una bendición que daba sentido a todo para muchos o algo imperdonable para muchos otros.

 

Hablo de estos dos otros títulos en concreto, no sólo por ser casos bien recientes sino por ser grandes esperados que de una u otra forma cumplieron con las expectativas de muchos fans, pero seguían teniendo ciertas taras como videojuego que hacían que no fuesen 100% disfrutables para muchos. En el caso de Fallout 4 está el ritmo de los diálogos y las animaciones de los personajes, mientras que en The Phantom Pain estaba el ritmo de la historia, y todo eso, por curioso que parezca, está en un JRPG con todas las de la ley como es Xenoblade Chronicles X que no busca tener nada de estos dos juegos, sino que parece mucho más inspirado en Mass Effect que en otra cosa, y eso también hay que decir que son palabras mayores.

 

Ni siquiera habiendo terminado el juego puedes toser a criaturas tan grandes. Hay deberes.

 

Pero si estás aquí es seguramente porque ya hayas pasado por Xenoblade Chronicles en Wii o en New 3DS (y si te gusta el género y aún no has pasado por él, deberías no perderte uno de los mejores JRPG de la pasada generación), y si has pasado por la aventura épica de Shulk y compañía tendrás cierta curiosidad por ver cuál es el siguiente paso para una saga cautivadora como pocas. Y ese siguiente paso puede no ser plato de buen gusto para muchos que esperen ese golpe de historia y universo bien construido que tenía el primer Xenoblade, pero hay que tener paciencia, todo llega.

 

Paciencia es una de las palabras más apropiadas para definir Xenoblade Chronicles X. Es un juego que pide mucha paciencia, pide muchas horas de sacrificio, pide ansiosas esperas por ver que todo llegue, pero después de mis temores tras las primeras 20 horas para el avance, tengo que decir (sin spoilers) que cumple con lo esperado, y lo cumple con creces, aunque al igual que con The Phantom Pain, puede que a muchos no les guste cómo y cuándo terminan de llegar todas las revelaciones. Pero sí, quien espere las sorpresas y giros de guión similares al primer Xenoblade las tendrá, aunque no tardan precisamente poco en llegar.

 

Hay una saturación de información importante en pantalla, pero todo se puede regular desde las opciones.

 

Lo bueno es que entre que llega y no, si decidimos tomarnos Xenoblade Chronicles X con esa paciencia que requiere, es imposible aburrirse con todo lo que tenemos por delante. El planeta Mira y sus cinco gigantescos continentes se van abriendo muy poco a poco, y es una gozada ver cómo lo que en otros títulos se convierte en tedio o abrumación por todo lo que hay y no saber muy bien por dónde ir, aquí es una exploración de lo desconocido absolutamente placentera, con muchos objetivos no obligatorios bien planteados y unas limitaciones apropiadas para que ese descubrimiento llegue muy poco a poco.

 

Puede ser un shock, el primer Skell (los robots tripulados) tarda en llegar unas 30 horas, el momento justo en que la exploración necesita ser agilizada, y unas cuantas horas más tarde conseguimos hacer que vuele para que esa exploración sea ilimitada y se pueda llegar a descubrir toda la miga que tiene el planeta y lo placentero que es sobrevolarlo de punta a punta sin cargas ni interrupciones. Es algo inmenso, y pueden parecer muchas horas sobre el papel, pero no es nada en cuanto superas con gusto las 10 primeras horas y te das cuenta de que ni siquiera has arañado la superficie de todo lo que hay.

 

Uno de esos clásicos juegos en los que los enemigos tienen mucho más que decir que los protas.

 

Esa primera toma de contacto lo marca todo, un ejercicio perfectamente medido que recuerda al primer contacto con el anterior Xenoblade y que, de hecho, quiere dar a entender que ya sabes algo de todo lo que se cuece aquí, o que al menos sabes cómo se juega, claro que aquí antes de llegar a la clásica parte más monótona de ciudad, hablar y que te empiecen a enseñar novedades, te dan la bofetada de uno de los mundos abiertos más grandes y más bellos que jamás hayas visto, de esos en los que puedes llegar hasta todo lo que ves y más allá y que apela constantemente a tu 'sense of wonder' para hacerte querer experimentarlo y verlo todo..

 

Tras una impresión de inmensidad y de belleza que nunca se acaba llegan las escasas explicaciones, y la verdad, haría falta alguna más sobre el sistema de combate y la gestión de recursos para el caso de alguien que no esté familiarizado con Xenoblade o con el género. No es un juego amigable con principiantes, es un juego exigente, con pocas concesiones y menos explicaciones, aunque tengo que decir que he disfrutado de verme sin saber algo en concreto, sin tener que recurrir a tutoriales o a un manual (digital, muy completo y de lectura muy recomendada, eso sí), ya que ese desconocimiento y ese descubrimiento forman parte de toda la aventura que es Xenoblade Chronicles X. Hay quien no lo verá así, pero la verdad, me ha gustado descubrir que había más opciones de las que utilizaba o que llevaba horas utilizando mal ciertas artes de combate.

 

¿The Reapers?

 

Es complejo, pero ese descubrimiento constante que no sólo se limita a localizaciones o personajes es placentero, y siempre llega en el momento justo en que las posibilidades se vuelven a expandir. Los Skells cambian el juego por completo, pero nunca falta ese momento en que te recuerdan que no todo a partir de ese momento se basa en combates entre robots gigantes. No hay que descuidar a ningún personaje, y tampoco hay concesiones en ese aspecto. Los lazos de afinidad y los niveles de quien no lleves en el equipo no aumentan sólo 'por estar ahí', y aunque pueda parecer que como videojuego es una limitación más, tiene todo el sentido del mundo.

 

Y en general, Xenoblade Chronicles X es un juego que tiene mucho sentido. Encaja que no haya golpes de historia y que nos pasemos más de la mitad del juego haciendo encarguitos, encaja que tengamos que explorar el mundo y que tengamos que colocar balizas en ciertos puntos que además nos sirven como destinos de un viaje rápido, encaja una economía nada concesiva,... El problema es que todas esas explicaciones que hacen que todo encaje tardan en llegar, pero entre tanto, la sensación de descubrimiento constante suple cualquier carencia que podamos tener.

 

Hay un nuevo Superpón, y quiere ser más Teddie (Persona) que Riki (Xenoblade).

 

Ese es el aspecto que decía antes que tiene de Mass Effect, del primero, incluso con una motivación similar. Aventurarse a lo desconocido, descubrir nuevas razas, aprender sus entresijos, descubrir qué ha pasado con la Tierra, el por qué de esa tecnología que hace posible todo lo que utilizamos, enfrentarse y entender a los Ganglion (que perfectamente encajarían como Geth),... Xenoblade Chronicles X no es un simple JRPG, es buena ciencia-ficción, y a nivel de juego también tiene mucho de aquel Mass Effect, para lo bueno y para lo malo, y la exploración, la extracción de materiales, los requisitos de Mecánica, Botánica o Arqueología para inspeccionar ciertos objetos o escalar por donde te dé la gana, todo está ahí, pero remontarse al primer Mass Effect también conlleva enfrentarse a menús toscos, a un sistema de gestión de equipo mejorable y a unos diálogos muy lentos.

 

Tu personaje es uno más del equipo, pero Elma es la auténtica protagonista.

 

Esos diálogos tan lentos pueden llegar a sacar de la experiencia, especialmente los que van como secuencia y no pueden ser agilizados y suelen ir unidos a peticiones no muy importantes que al final terminan resumidas en un recuadro de misión bien claro. Hay abismos entre el espectáculo de los exteriores y muchos interiores terribles, o entre las fantásticas animaciones de monstruos y personajes en combate y los Cartoñecos que se intentan expresar en las secuencias, pero el otro gran problema de Xenoblade Chronicles X más allá de los menús o estas incoherencias técnicas que al final no importan tanto, es la propia Wii U y la batería de su mando.

 

Un mando que tiene tres horas de vida lejos de un enchufe y que es vital para conseguir recursos fundamentales (el Miranio, la gasolina de los Skells), tener presente el mapa y agilizar el juego con viajes rápidos, no es compatible con las larguísimas sesiones de juego que puede llegar a ofrecer Xenoblade Chronicles X, y sí, se puede jugar con otros mandos, pero tener lejos esa segunda pantalla implica perderse mucho. Además, el Off-TV que bien podría venir se hace poco recomendable por la cantidad de información que aparece constantemente en pantalla (y estaríamos, aún así, perdiéndonos esa posibilidad de segunda pantalla).

 

Conseguir el Skell cambia el combate, te hace sentirte omnipotente, pero no te olvides de que también hay que saber combatir a pie.

 

Problemas menores en realidad que no evitan que la experiencia sea impresionante, pero que sí, molestan sabiendo que se podrían hacer mejor las cosas. La realidad es que Xenoblade Chronicles X es un juego que no deja de sorprender, y lo hace tanto como con una buena revelación bien metida como con un combate intenso, un aumento de las posibilidades de juego, un nuevo paisaje que admirar embelesado durante un buen rato o un paseo por una zona desconocida en la que puedes hilar detalles sobre su fauna y flora paseando entre todo tipo de criaturas mientras te acompaña una banda sonora absolutamente impresionante (obra de Hiroyuki Sawano, a quien habréis podido oír en alguno de los anime de moda de los últimos años como Attack on Titan o Kill la Kill).

 

Se parece mucho a Gaur, pero no lo es. No es el mismo mundo, pero ¿qué conexión hay con Xenoblade Chronicles? Después de su final, todo puede pasar...

 

No es el primer Xenoblade y se nota, hay que decir. Como juego, como mundo abierto y como lugar en el que invertir más de 100 horas (han sido 70 horas para llegar a los créditos a nivel 50, pero todo apunta a más de 300, viendo todo lo que se puede hacer tras el final y la cantidad de bestias de más de nivel 90), termina por ser mucho mejor que el anterior Xenoblade a los mandos, pero en cuanto a trama se refiere, le pasa factura el limitar a tres ó cuatro esos momentos gloriosos de giro de guión loco que te mantenía pegado a la aventura de Shulk de principio a fin, y ya puestos, en Monolith también podrían haber aprendido de Mass Effect 2 para no tener un elenco de personajes prescindible en su inmensa mayoría. Aún así, conserva esa magia de dejar mucho para comentar y teorizar con un gigantesco letrero previo de spoilers.

 

El inmenso placer de tener un robot volador, personalizarlo y llamarlo Jehuty.

 

Xenoblade Chronicles X es un juego grandioso, uno de esos que hay que celebrar, aunque con ciertas reservas. Puede que no sea el motivo para hacerse con una Wii U para todo el mundo, pero sí al menos para los amantes del RPG (sea 'J' o no) que tienen en éste una de las mejores creaciones del género y que, reconfirmando lo que pensaba tras las primeras horas, contiene prácticamente todo aquello con lo que los fans del género llevábamos más de una década soñando.

9.5
/ 10

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