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Analisis Mutant Mudds ,3DS

Cuando el mutante eres tú
Jueves 10 de Octubre de 2019 por Adrián Suárez Mouriño

Soy ferviente seguidor de lo vetusto, y me saca terriblemente de quicio que se mezclen churras con merinas al escudarse en esa triste relación que desprecia la calidad de un producto por el mero hecho de ser antiguo. Si tal cosa fuera así La noche del Cazador sería un churro cinematográficos, y la Creedence Clearwater Revival debería resultar por su propia naturaleza peor que, yo que sé, un disco de Alex Ubago. Bajona.

 

El verdadero problema viene cuando se pretende retomar hábitos y tendencias pasadas por el mero hecho de resultar nostálgicas y genuinas al ser despuntes de su tiempo y no por tener una verdadera razón de peso para hacerlo. Mutant Mudds, de hecho, cambió el rumbo de su desarrollo a medio camino, transformando una aventura tridimensional en tercera persona en el añejo plataformas 2D que tenemos delante. Lo que no llego a comprender es la necesidad de ese cambio más allá de agilizar un proceso de desarrollo con recursos propios de hace veinte años que ya están bastante manidos. Por eso llega The Artist y arrasa en los Oscar cuando de haberse estrenado en la época que presenta no se hubiera comido un colín. Los peligros de la nostalgia.

 

Presione "A" para vender el chalet.

 

Porque lo que tenemos delante no tiene ningún misterio. Esto es un plataformas en el que debemos alcanzar la salida y conseguir recolectar moneditas en cada escenario para poder ir accediendo a los niveles posteriores. Para ello, además de poder disparar chorritos de agua a los enemigos, tendremos la posibilidad de ampliar la duración de nuestros saltos haciendo uso de una especie de jetpack acuático. Y ya está, no hay conejo en la chistera ni doble fondo en el ataúd. Un jueguecillo con pocas aspiraciones para darle un afrutado olor nostálgico al bazar digital de 3DS al que, todo sea dicho, le falta un hervor dado el escaso plantel de títulos que ofrece.

 

El tema del 3D, al igual que en la mayoría del catálogo de la consola, resulta meramente testimonial, proporcionando acción en diferentes planos de profundidad, de forma que podremos recorrer zonas del escenario que están en un segundo plano o en uno más cercano del que recorremos inicialmente. Pero no piensen cosas raras, su idiosincrasia es tan innecesaria como autoimpuesta, y la eliminación de dicho efecto no repercute para nada en la experiencia más allá de erradicar esa leve sensación de tener varios planos superpuestos.

 

Bolas con pinchos en escenarios de lava. Decreto ley.

 

Pero entonces, si el 3D resulta innecesario y la estética no aporta nada a la experiencia que no hayamos visto antes, el único incentivo de Mutant Mudds es precisamente su nostálgica atracción y el uso de recursos propios de los videojuegos que cortaban el bacalao hace unos lustros. Y eso está presente para bien y para mal. Hablo del ensayo y error en determinadas trampas de los escenarios que nos obligan a repetir determinados tramos para así aprender lo que no se debe hacer, amén de situaciones repetitivas que casi siempre quedan acotadas en el dominio del timming al saltar plataformas y de nuestra insistencia hasta dar con la tecla de la forma correcta de conseguir esas monedillas que nos restan. Un martirio que en menor medida que juegos como Super Meat Boy nos compensan con la mera satisfacción de haber superado un tramo complicado. Suena de fondo Fortunate Son.

 

Y es que el juego nos insta a repetir una y otra vez los escenarios para así obtener todas las moneditas dispersas en cada uno de ellos, de forma que consigamos tener acceso a nuevos niveles que requieren cumplir éste requisito. Unos bloquean a otros y a su vez se requiere la compra de determinados ítems que nos permiten alcanzar los que no alcanzamos en los primeros compases. Capas y capas para dar empaque a un producto que si nos ponemos completistas nos puede durar más de siete horitas. Otra cosa es que nos incentive hacerlo.

 

Circuito termal en un Spa.

 

Hablamos de un producto que cuesta 9€ en forma de descarga digital desde la Nintendo eShop y cuya valoración dependerá del prisma con el que se mire. El usuario que no se prodigue mucho por otras verdes praderas encontrará oro en un bazar online que peca de limitado y terriblemente sobrevalorado, mientras que los peceros y habituales de videojuegos en smartphones presumiblemente harán caso omiso al juego. Cada día se pueden encontrar de forma gratuita o por unos céntimos verdaderas obras de arte y homenajes al plataformeo 2D con las mismas aspiraciones que Mutant Mudds, por lo que aún aplaudiendo al estudio Renegade Kid por intentar abrir una nueva veda con la que dar alegría a una desaprovechada portátil en este ámbito, no hay demasiado donde rascar. Simplismo autoimpuesto para los que buscan experiencias simples, directas y conocidas en su portátil.

 

Un juego sin delirios de grandeza ni promesas infundadas que tira de la nostalgia para engancharnos a una experiencia que bebe del revival retro de los últimos años sin más aspiración que esa: divertirnos con un juego al que llevamos jugando desde críos y precisamente por eso resulta atractivo, porque lo conocido gusta. El problema viene cuando se conoce tan bien el género que ante la falta de incentivo y novedad dejemos el asunto de lado. Allá cada uno con el rodaje que tenga en estos menesteres. También los hay que escuchan a Alex Ubago. Por eso digo.

6.5

/ 10


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