Super Monkey Ball Adventure
Los primeros años de Gamecube estuvieron marcados por el apoyo de una empresa que hasta hacia poco había protagonizado la más enconada rivalidad; se trataba de Sega; empresa que luego de su triste fracaso con Dreamcast optó por convertirse en una third party a la altura de la súper poderosa EA.
No obstante muy en el inicio de su nuevo ciclo corporativo, Sega y Nintendo protagonizaron una famosa alianza con una andanada de títulos exclusivos para Gamecube, cierto es que algunos de sus juegos también vieron la luz en PS2 y otros tantos en Xbox, pero la consola de Nintendo parecía ser la que se llevaba la mejor porción del pastel al obtener los títulos mejor valorados por la crítica.
Esta “alianza” exclusiva duró muy poca; quizás llevada por las regulares ventas de la consola o por el abrumador impacto de la competencia. La compañía nipona fue cada vez convirtiéndose en una empresa que se solidificó como productora de juegos multiplataforma y ya rara vez los juegos serían publicados en exclusiva para una determinada consola (en ese sentido quizás PS2 sea la más favorecida con licencias exclusivas aún).
Dos personajes vivieron esa exclusividad temporal: el primero y más sonado fue Sonic, realmente era toda una novedad ver al famoso erizo azul en una consola de Nintendo. Realmente la única participación exclusiva de Sonic se limitó a una “versión del director” de la segunda parte del plataformas tridimensional que había salido en Dreamcast poco antes.
El otro personaje, o mejor otros, se trataba de unos simpáticos monitos que protagonizaban un novedoso juego de puzzles donde inmersos en una esfera, debían resolver complicados laberintos y encontrar una banana de oro que simbolizaba la meta. Este juego se llamó
Super Monkey Ball y Gamecube recibió dos entregas del mismo.
El juego fue toda una novedad en aquel entonces, sus gráficos eran muy bien diseñados, la jugabilidad era bastante perfecta y el nivel de dificultad estaba perfectamente ajustado; de modo tal que si bien algunos desafíos eran un verdadero dolor de cabeza, gracias a los niveles previos ya quedábamos lo suficientemente enganchados para no querer abandonar el juego hasta resolverlo por completo.
El juego fue todo un acierto por parte de Sega y fácilmente podemos describirlo como
uno de los mejores que ha producido esta empresa a lo largo de la generación de 128 bits (aunque por las críticas que han recibido la mayoría de sus juegos esto tampoco es que le resultara tan difícil).
Lo cierto es que éste era un puzzle encantador y adictivo; tal vez lo único que se le podía reprochar es que si jugábamos durante horas terminábamos con un mareo de los mil demonios, pero bueno, esto también hacía parte de su atractivo.
No obstante este juego pasó desapercibido por muchos Gamers y la razón resultaba obvia: la consola de Nintendo no era ni de lejos la más popular; tal vez por ello (y aprovechándose de que podría vender muy bien la licencia pues las críticas habían sido favorables) el juego de los monitos tuvo posteriormente sendas versiones en PS2 y Xbox.
Super Monkey Ball aterrizó varios años después en estas consolas en una edición “deluxe” que recopilaba los dos juegos aparecidos en Gamecube. Tal vez por el tiempo transcurrido su impacto no resultó tan notorio, al fin y al cabo su propuesta no resultaba ser tan novedosa ya, aunque esto no quería decir que en absoluto se tratase de un mal juego.
De todos modos, la aparición de este juego señalaba algo en claro y es que la secuela no tardaría en llegar; es así como dentro de muy poco tiempo los usuarios de PS2 y Gamecube tendrán su correspondiente ración de aventuras simiescas (al parecer nuevamente los de Xbox quedarán con los “crespos hechos”, por lo menos los de Europa, que mala costumbre por parte de Microsoft).
Cuando señalo “aventura” es que precisamente esa pretende ser la mayor novedad en este juego:
un componente aventurero que realmente se agradece ya que le brindará un mayor gancho al título.