JOSÉ LUIS MARTÍNEZ. Madrid No hay nada mejor que una victoria para recuperar la autoestima. Que se lo pregunten a España, si no. Sus jugadores, de un día para otro, han cambiado de semblante. Es como si se hubiesen hecho un lifting colectivo. Cabeza alta, hoyitos en los mofletes, sonrisa profidén y dientes, muchos dientes, que diría la Pantoja. La procesión va por dentro, y la herida croata parece cicatrizada.
Así, con la mejor de sus caras, España se enfrenta a Rusia con la intención de recuperar el liderato de su grupo, lo que le otorgaría el cruce a priori más asequible en cuartos de final. Los rusos, ausentes en el último Mundial y en los últimos Juegos Olímpicos, atraviesan su peculiar travesía del desierto, agudizada por problemas internos entre su entrenador, David Blatt, y algunos de sus jugadores. Cualquiera lo diría al comprobar que su hoja de servicios en el EuroBasket sigue inmaculada tras superar con solvencia a Serbia, Israel, Grecia y Portugal. Esa imbatibilidad hace que el partido de esta noche (21:30 h. laSexta) desprenda cierto aroma a final. Quien sabe.
España, con los pies bien pegados al suelo, infravaloró a Croacia y no piensa caer en el mismo error ante Rusia. “Nos creímos que el partido de Croacia iba a ser más fácil de lo que fue. Fue un aviso, nos hizo bajar de esa nube y de ese globo de intocables en el que estábamos”, argumentaba ayer mismo Pau Gasol.
Rusia, más que Kirilenko
Hablar de Rusia es hablar de Andrei Kirilenko. El ala-pívot de los Jazz es el mejor anotador, reboteador, pasador y taponador de su equipo, un todoterreno acostumbrado a sembrar el desconcierto en las líneas enemigas. Si España sea capaz de minimizar su aportación tendrá mucho ganado. J. R. Holden, base norteamericano con pasaporte ruso, es el otro gran motor de su selección. Imprevisible en sus acciones, capaz de penetrar y tirar con acierto, aunque es un jugador de rachas y su irregularidad es su talón de Aquiles. La polivalencia de hombres como Morgunov, que apesar de sus 2,10 m. es capaz de tirar triples, la versatilidad de Khryapa (Bulls) o el poderío interior de Savrasenko (2,17 m.) complementan el trabajo del omnipresente Kirilenko.
El rebote, caballo de batalla
España volverá a apelar a sus señas de identidad: la defensa, el cemento sobre el que ha edificado casi todos sus triunfos, las transiciones rápidas y la intensidad. Con ellas intentar sacar del partido a Rusia cuanto antes. Claro que para eso tendrá que custodiar mejor que hasta ahora su rebote defensivo, ya que está cediendo más de la cuenta, y cargar el rebote ofensivo ante un equipo como el ruso que es solidario en esa tarea y suele sellar su zona con bastante eficacia.
España no pierde con Rusia desde hace seis años, tras caer en un amistoso disputado en Chiclana el 21 de agosto de 2001. Los siguientes cuatro enfrentamientos se saldaron a favor de los nuestros, con triunfos en el Europeo de Turquía (62-55), en un amistoso en Málaga en 2002 (87-80 y 78-61) y en el Europeo de Suecia (89-77). Rusia, la gran dominadora del baloncesto durante décadas lucha ahora por recuperar el sitio perdido. También lo intentó los últimos años, pero en los momentos de la verdad, en los cruces decisivos, la moneda siempre le salió cruz y acabó dejándose llevar. Así se explican su octavo puesto en los Europeos de Suecia y Serbia, y su undécimo lugar en el Mundial de Indianapolis.