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Game Over
Registrado: enero-2007
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Chiste cachondísimo.
Érase una vez un felino que había sido mujer, y miraba a sus cachorros con la misma dulzura que una madre humana, quizás eran restos de su anterior naturaleza, no sé, pero si sé cual era su mirada, yo me quedé embelesado viéndola cuidar de ellos, y me entró el deseo urgente de poder hablar con ella, pero no sabía como. Algo tenía que inventar, palabras no, era imposible, signos con las manos tampoco, era evidente, solo quedaba la mirada y seguramente ese sexto sentido que fluye de la piel, eso que los animales perciben en los humanos, y que quizás estos, seguramente si, ya han dejado de saber oler. Yo no sabía de su anterior condición, así que no podía suponer que a ella aún le quedaba el entendimiento de la palabra. Miraba a sus cachorros y a ella a través de los barrotes de la jaula, no entendía nuestro empeño de privarles de libertad solo para poder verlos de cerca sintiéndonos seguros. Hubiese abierto la jaula, pero soy de naturaleza cobarde, así que me retuve, y solo supe sentarme cerca y seguir mirando con los ojos muy abiertos, con la mirada muy atenta, mientras ella lamía los cachorros después de amamantarlos, ellos juguetones alrededor de su madre no eran conscientes de un destino que ella si sabía de antemano. La miré a los ojos, y ella me sostuvo la mirada, me quedé tan sorprendido del interior de aquella mirada, que empecé a hablarle sin darme cuenta, y ella se acercó hasta mi cara, retrocedí asustado ante sus dientes, nunca he soportado un mordisco, bueno nadie me ha mordido de manera felina, pero lo intuyo porque no soporto una inyección, me dan pánico las agujas. Al hablarme entrecortada por la falta de costumbre yo volví a aproximarme para poderla oír mejor, y entonces poso su garra sobre mi hombro, atrayéndome hasta que mi oído quedó cerca de su boca, y así poder susurrar su deseo. Era un imposible para un cobarde como yo. Me miró fijamente, persistentemente, hasta que el deseo de su mirada me hipnotizó. Me sentí transportado a otro mundo lleno de remolinos, luces, silencios, ruidos apagados y presencias escondidas, y sentí el deseo de conocerla como ser humano, y por un momento la vi en su estado femenino, pero era casi transparente, aun y así era tan bella que no entendí su transformación en felino, solo luego cuando toda aquella vorágine desapareció de mi cabeza, y ella expresó con palabras lentas la libertad, pude intuir cual era el motivo, pero solo era una intuición, nada creíble, nada real o tangente. La libertad, en aquellos momentos no dejaba de ser una paradoja viéndola detrás de los barrotes. No pude más y le pregunté de qué había huido, ya que esa era mi sensación, sus ojos se clavaron otra vez en los míos y su mirada fue entristeciéndose, cerró los párpados y ladeó la cabeza, depositándola sobre sus patas. Era evidente que no quería hablar de ello, y que solo esperaba que yo cumpliese con el deseo que me había pedido. Pero me había quedado clavado en el suelo, agarrado a los barrotes y cavilando el como sin ver la solución, ella levantó la cabeza y me dijo:
<< Huí de mi pueblo porque mis padres querían casarme con un hombre que no me gustaba. Sé que en realidad mis padres se sentían obligados por él, lo sé, ya que una noche les oí hablar, le debían favores, y él se los quería cobrar en mi persona. Yo no estaba dispuesta a ser su mujer, a que me maltratase, a que me encerrase en la casa y no pudiese ver a nadie más. Así que me fui a la selva, lo más lejos que pude de aquel hombre que yo sabia que tenia un alma horrible, se lo había visto en la forma de mirarme, se lo había notado en la forma en que trataba a los demás >>
Calló por un momento, y levantó la cabeza hacia el cielo. Estaba anocheciendo.
<< Pasaron muchos días antes de que yo descubriese que podía transformarme en un animal totémico, y pasaron muchos más días hasta que logré controlar esta transformación. De pequeña había oído relatar a mi padre que sus antepasados tenían ese poder, pero que él no lo tenía, ya que había dejado de vivir en la selva mucho antes de hacerse adulto, y por lo tanto nunca lo pudieron iniciar en ello, ya que era preciso estar en un claro de la selva a la luz de la luna llena, cuando ya había finalizado la época de las lluvias. Luego echaba un trago de licor y proseguía con su relato sobre la tribu, que siempre terminaba con la frase: de todo esto ya hace mucho tiempo, tanto que casi se me ha borrado de la memoria mi cuerpo de niño >>
Bajó la cabeza hasta colocar otra vez sus ojos a la altura de los míos, y el brillo de las últimas luces del día penetraron en mis sentidos.
<< Me convertí en pantera porque lo necesitaba para esconderme del todo, pero también para defenderme. Así transcurrió mí tiempo en la selva hasta que un día hallé a un hombre herido, y mi corazón se conmovió al verle sangrar. Sus pies descalzos estaban destrozados, y su rostro repleto de arañazos, el brazo izquierdo le sangraba por una herida profunda, y en su costado derecho tenia clavada una flecha >>
Detuvo su relato, y me pareció creer que aspiraba el olor de la noche cercana.
El silencio se prolongó algunos minutos más en los cuales se miraron de hito en hito. El pensó que ella aún estaba apetecible. Y recordó la primera vez que la poseyó después de pagarle por anticipado con algunos gramos de cocaína. Ella calculaba la siguiente frase, y algo de aquel pensamiento de él debió de intuir, porque cruzo las piernas, aquellas piernas por las que más de uno había suspirado, incluido aquel hippy de mierda que la había dejado tirada en la cárcel de aquel país.
- Empecé a trabajar para ti hace más de diez años, y nunca he obtenido más beneficio que unos pocos gramos para mi consumo - el seguía mirándole las piernas - nunca te he robado - continuo diciendo sabiendo que él ya no pensaba con la cabeza - siempre he tenido buenos clientes, de esos que terminaron por protegerte, y por su puesto a mí también, bien sabe mi cuerpo lo que ello me ha costado…
No pudo acabar la frase porque él se abalanzó sobre ella directo a manosearle los muslos. Ella intuitivamente levantó las rodillas y la barbilla de él chocó de lleno sobre ellas, por lo que tambaleo hasta caer de culo sobre el suelo.
- ¡Hija de puta! - gritó echando mano de la pistola.
Ella reaccionó dándole varios puntapiés entre las ingles, y el dolor paralizo la acción de quitar el seguro. Luego le arreo varios más en la muñeca para que soltase la pistola, y la recogió, y aprovechando el aturdimiento en el que lo había sumido se sentó de rodillas sobre su pecho y le apunto entre ceja y ceja.
- Como te iba diciendo, me ha costado mucho, demasiadas vomiteras después de soportar a esos asquerosos hipócritas que se acostaban conmigo, y que por la mañana juzgaban a idiotas como yo que habían caído en la trampa de vuestro negocio.
Le acercó aun más la pistola hasta que él sintió el frió contorno del cañón sobre su frente. Quito el seguro, y el chasquido resonó dentro del cerebro del hombre como el aviso de que algo que nunca hubiese supuesto estaba a punto de suceder. Intento reaccionar. Pero las rodillas de ella presionaron aun más su pecho cortándole la respiración. Lo intento de nuevo agarrándole el tobillo pero ella le dio con la culata en plena mano, y luego le presiono la yugular con el dedo gordo hasta dejarlo paralizado.
- ¿No te lo esperabas, eh cabrón?
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