FICHA TECNICA
Título original: The Godfather
Año: 1972
Duración: 175
Compañía Productora: Paramount Comunications Inc.
Distribuidora: United International Pictures (UIP) S.L.
Distribuidora DVD:
Género: Drama-Crimen
Reparto: Abe Vigoda, Al Lettieri, Al Pacino, Alex Rocco, Angelo Infanti, Diane Keaton, James Caan, John Marley, Lenny Montana, Marlon Brando, Richard S. Castellano, Robert Duvall, Salvatore Corsitto, Sterling Hayden,
Dirección: Francis Ford Coppola,
Productor: Albert S. Ruddy,
Guión: Francis Ford Coppola,
Música: Nino Rota, Warren Clymer,
Fotografía: Gordon Willis,
Montaje: Barbara Marks, Marc Laub, Murray Solomon, Peter Zinner, William Reynolds,
Recaudación: 2.071.483,00 €
Espectadores: 4.973.784
Nacionalidad: Estados Unidos
Fecha de Estreno: No disponible
Clasificacion: NO RECOM. MENORES DE 13 AÑOS
Analisis(Sinopsis)Guiones...
Recomendando la versión de la trilogía en DVD con un disco de material extra, que no he podido más que echar un vistazo pero que promete, hago otra recomendación, y es que, según lo veo, sólo caben dos opciones: o ver únicamente la primera entrega de la trilogía, o hacerlo con las tres. El padrino puede contemplarse como una obra cerrada, no así la segunda, que requiere de la última, que cierra el círculo. Resulta paradójico decir esto, porque la tercera parte se rodó dieciséis años después de la segunda, pero así lo creo.
Al término de la segunda parte, nos quedamos con un padrino muy oscuro, sin corazón, que es capaz de hacer matar a su hermano y dar con la puerta en la cara a la madre de sus hijos; una especie de encarnación del demonio, incluso en lo que de atractivo tiene, seguramente su poder y su convicción. La historia de redención que nos ofrece El padrino – Parte III, nada simplista, nada edulcorada, lejos del “comieron perdices”, resulta un cierre de ciclo magnífico. Sólo echamos en falta, quizá, una cuarta entrega entre ambas para ver la tortura personal del criminal que, la trayectoria interior que va del gélido padrino de la II al “arrepentido” de la III. Un hombre que, por ambiciones y decisión pudo haber sido un gran hombre para hacer el bien y lo fue para hacer el mal, casi se podría decir que a su pesar.
Guiones
Los guiones
El guión de la primera entrega se puede considerar perfecto, si ese juicio cabe para una obra de arte. La segunda posee la mayoría de las virtudes de la primera, si bien se acusan defectos en la narración, especialmente en la historia protagonizada por Michael. Su fuerza fundamental reside en el brillante encadenado entre las dos tramas y la evolución (auto)destructiva que se observa en Don Corleone.
Recoge detalles de la primera entrega que nos hacen recordar de dónde viene Michael. Especialmente impactante resulta en este sentido la secuencia final de flash-back en la que se ve a Michael sólo a la mesa, en la época en la que era un extraño en su casa porque no quería formar parte de la organización criminal.
El guión de la tercera puede chocar de inicio, ya que vemos una situación muy diferente a aquella en la que nos dejó la Parte II. Sin embargo, creo que es un acierto que la historia de las tres películas, aun manteniendo una unidad de estilo, refleje los cambios sociales que se producen entre las tres generaciones. El escenario social cambia a lo largo de la saga, ya sea a través de la consolidación o diversificación de las mafias (el intento de entrar en el sistema legal, la entrada del narcotráfico), o a través de una pérdida de valores tradicionales, más marcados en el caso de los italo-americanos.
Con la tercera se cierra el círculo, en un callejón sin salida. Si es verdad que no hubo retorno para los Corleone, tampoco hay ya futuro.
Hay un hecho que llama la atención y que dota a ambos personajes de una entidad propia. Vito no es el mismo don Corleone –un hombre afable, justo dentro de su esquema de injusticias estructurales, dispuesto a comprender, una especie de Robin Hood- que Michael. Quizá sea porque la condición de uno y otro no poseen la misma raíz: un intento de hacer justicia en Vito, una venganza cargada de odio en Michael.
El estilo de Coppola en El padrino
En la realización, Francis Ford Coppola resulta un maestro, imprimiendo su muy personal sello a esta obra. Y si difícil resultaba sostener el empeño que hizo de El padrino- Parte I una joya, se puede decir que lo logra, incluso quince años después, concediendo a cada una de las tres entregas su propio motor, sin perder una unidad estilística y narrativa en muchos aspectos.
Tal vez la nota más llamativa a nivel visual es que Coppola experimenta en la trilogía de El padrino con el naturalismo, que sirve muy bien al objetivo de reflejar el costumbrismo propio de minorías étnicas como los italo-americanos, subrayando también el contraste entre la tradición de la comunidad –sea familiar o social- y el inexorable paso del tiempo con sus cambios sociales.
Ejemplos de este costumbrismo naturalista lo tenemos en las numerosas y extensas escenificaciones de estas tradiciones comunitarias a lo largo de la trilogía. La boda de Cony, toda la parte de Sicilia, el entierro de don Vito y el bautizo del hijo de Cony en la Parte I, las calles del Lower East Side con su vida cotidiana y sus fiestas, o la Primera Comunión de Anthony en la II, la fiesta familiar con motivo de la entrega de la mención religiosa a Michael en la III.
Para construir ese naturalismo, acude a la cámara fija que capta detalles mínimos o marginales de cada acontecimiento, como si fuera un espectador casual. La espontaneidad de muchas escenas da la impresión de que hubiesen sido grabadas con cámara oculta, o sin avisar. Se puede exultar durante horas con la muerte de don Vito.
El costumbrismo tiene en ocasiones un toque menos naturalista, aunque no por ello artificioso, con otros recursos como el travelling, cuyo uso sobresale en la parte II, como presentación de situaciones y ambientes.
También la fotografía, exquisita siempre, juega un papel fundamental en el estilo de El padrino, como en el de cualquier película que se precie. Ya sea ese aire propio de las tierras sicilianas, casi hiperrealista, como el toque “televisivo” que tienen las escenas de comparecencia ante la Comisión política de investigación, o la tonalidad sepia del flash-back de la juventud de Don Corleone. Y, siempre, el juego de luces y sombras en grandes contrastes que desasosiegan en el despacho del padrino.
La composición de los planos está muy cuidada. Tanto en escenarios naturales como en el más cochambroso interior de un hospital. Composición clasicista que, sin embargo, no es una sucesión de planos limpios y efectistas, faltos de naturalidad. No le importa a la cámara sostener planos que se ven obstaculizados en primer plano: cuerpos, recodos, objetos desenfocados o no…
En la tercera parte, recoge y resume las dos anteriores. Y si bien su fuerza reside más en la historia de redención que en hallazgos visuales, Coppola nos regala planos tan bestiales como el de la caída del arzobispo por las escaleras, el final (¡siempre los finales en El padrino!) o el montaje con suspense de la ópera.
Buena parte de la grandiosidad de El padrino reside en su montaje. A algunos nos puede parecer demasiado abusivo el uso de fundidos, especialmente en la primera parte, aunque bien es cierto que acompaña al moroso ritmo narrativo. Salvando este posible desencuentro, no queda más que descubrirse el sombrero ante el montaje de las historias. Sello propio de la saga es el montaje en paralelo de los momentos más climáticos –siempre crímenes- con acontecimientos litúrgicos.
Coppola aprovecha esa extraña mezcla entre religiosidad y mafia como hallazgo de montaje que subraya el carácter ritual del crimen, dotándolo de un sadismo por vía de la estilización. Resulta, además, una manera muy gráfica de hacer patente el carácter escindido de Michael.
Los actores
Francis Ford Coppola reunió un plantel de estrellas culpable de que los personajes que tan bien trazados aparecen en el guión cobrasen vida, vida propia, vida nueva más allá del guión. Como un reto: “hágalo usted mejor, si puede”.
Los productores no querían a Marlon Brando, un actor acabado por entonces, ni a Al Pacino, que era un novato. Pero tanto ellos (sobre todo ellos) como el resto del reparto, vuelven a crear lo que Puzo y Coppola habían planteado sobre el papel. La saga de El padrino es el nacimiento de dos gigantes de la interpretación como Pacino y De Niro, el lanzamiento de la posteriormente musa woodyalliense Diane Keaton, la traca final de otro como Brando y un paso más en la ya consolidada carrera de Robert Duvall –significó su primera nominación al Oscar- y la no tanto de James Caan.
La música
La banda sonora de Nino Rota, con pocos temas y variaciones de los temas principales, es un símbolo unívoco de El padrino como lo puede ser el rostro hinchado de Brando, la boda de Cony, el apellido Corleone o “le hizo una oferta que no pudo rehusar”. Poco más puedo añadir. Me parece sencillamente fascinante. Dejo tres grandes temas en Radio Cine: Godfather Waltz, el tema de amor y el tema final con variaciones de ambos.
Saludos!