Dragon's Dogma (Página 2/2)
Escrito por Alejandro Pascual, el 15/03/2012.
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Avance de Dragon's Dogma - Pag 2

Una de las cuestiones que nos preocupaba más con este título era su historia y hasta qué punto sería una motivación para el jugador, ya que en los juegos de rol es importante tener las suficientes motivaciones para aseguir adelante, y no sólo a nivel de estadísticas: “en el juego la historia es muy importante, descubrir la relación con el dragón es clave, y hemos empleado mucho tiempo en lograr que esta capte el interés del jugador" .

Se ha hablado mucho acerca de los ayudantes que te acompañan en la aventura, de los peones. En un principio, porque el juego no permitía un modo cooperativo. Pero poco importa eso ahora. Dragon’s Dogma está perfectamente planeado para jugarse en solitario, y que estos peones sean intercambiables casi como pokémons en un tablero de juego. Esto se potencia aún más gracias a una especie de limbo al que puedes acceder y escoger un peón ajustado a tus necesidades. En total puedes llevar tres en tu equipo, pero sólo uno será el principal, que podrás modificar totalmente su apariencia física al igual que tu protagonista. El resto, además, puedes reclutarlo de un modo más “social", esto es, compartiéndolos con el resto del mundo a través de Twitter y Facebook. Una opción que puede resultar un tanto rara a simple vista, pero que rescata ese espíritu perdido del intercambio de cromos, de una infancia perdida por los jugadores más “maduros" .

Es difícil explicar Dragon’s Dogma. De verdad. Puedes perderte en su mundo de mil y una formas y misiones secundarias. Su mundo es vasto y complejo. No como un Skyrim, porque sus misiones no tienes ese “appeal" que da Bethesda a sus juegos, pero lo suple gratamente con un combate increíblemente dinámico. La cantidad de modos de luchar y las acciones de batalla son tantas que abruma. Puedes configurar hasta tres botones de ataque, que, a su vez, se modifican sosteniendo los botones superiores. Así puedes especializarte en ataques poderosos, rápidos y ágiles o aéreos por ejemplo. Combinados con el salto dan lugar a un plantel de movimientos y animaciones difícil de superar. Y necesitarás de todos ellos para enfrentarte a la increíble diversidad de bestias que pueblan el mundo.

A todo esto se le suman las clases, que emulando en cierta manera el espíritu de Dark Souls, hacen que jugar a Dragon’s Dogma sea una experiencia totalmente diferente. Y no sólo por la posibilidad de encarar de nuevo el juego mediante otra clase (clásicas, como guerrero, mago, pícaro y combinaciones entre dos de ellas), sino porque en mitad de la partida es posible cambiar de clase y atribuir de nuevo tus puntos para especializarte en otra área. Los peones se encargan de cubrir tus necesidades y puntos débiles.

Entendemos que, por su condición de nombre nuevo, Dragon’s Dogma pueda no atraer tantas miradas como lo pueda hacer una saga consagrada, pero realmente su gran atractivo radica en eso. Es un título fresco, novedoso, muy poco japonés para lo que muchos se imaginan, que gracias a su mundo abierto y esa mezcla de mazmorras detalladas, campo, bosques y magníficas ciudades, está lleno de complejidad y de horas y horas de diversión. Tiene puntos débiles, sobre todo derivados del riesgo de algunos conceptos, y es que subirse a una bestia en constante movimiento en un entorno cerrado hace que la cámara pueda llegar a ser bastante caótica. De igual modo, el hecho de no definirse como un juego oriental u occidental puede terminar por pasarle factura en los mercados. Pero si logra superar estas barreras, no os extrañe que en unos años Dragon’s Dogma se convierta en la nueva gallina de los huevos de oro de Capcom, posibilidades no les falta. Méritos tampoco.
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