Sobrevivir al Holocausto, Commodore y Atari. Pequeño repaso a la vida de Jack Tramiel (Página 2/4)
Escrito por Toni Piedrabuena, el 16/04/2012.
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Pagado por una asociación de judíos damnificados por el holocausto, Tramiel se marcharía a Nueva York para labrarse un futuro. Con 10 dólares en el bolsillo comenzó a trabajar para sobrevivir, pero su futuro lo llevaría a alistarse en las filas del ejercito americano, lugar en el que tendría su primer contacto con aparatos electrónicos y comenzaría a escribir su propia historia en el campo tecnológico. Su tarea principal antes de abandonar el ejercito era la reparación de máquinas electrónicas. A pesar de ello, él nunca se ha consideró un ingeniero, siempre se consideró un hombre de negocios:

No soy ingeniero, soy un hombre de negocios. Lo que sí es cierto es que sé lo que el público quiere y hago lo posible para brindar esa tecnología con la que trabajar con personas. (…) sé como dar a la gente una tecnología de forma lo suficiente numerosa como para abaratar costes y lograr que cada vez más gente pueda hacerse con esa tecnología. Con esa moral hicimos el Commodore 64 y fue un auténtico éxito.

Una vez acabó su época allí, se abrió una pequeña tienda en la que arreglaba dispositivos electrónicos, trabajo que compaginaba con su taxi. Y ahí estaba él, con su modesta Commodore Portable Typewriter Company en pleno 1954, cuando llegó una empresa checoslovaca que le ofreció la posibilidad de distribuir sus productos en Canadá. Acepta la oferta y abandona la América que le acogió casi diez años. Decidido pues, su nueva destinación es Toronto, lugar en el que comienza una nueva vida.

Jack Tramiel

Toronto: nueva vida y perspectivas


Trabajando codo con codo con los checoslovacos durante unos años, acaba cambiando su perspectiva de negocio. Tras un viaje a Japón en 1962 decide cuál será el camino que seguirá Commodore durante los años venideros: la producción de calculadoras. Consiguieron una línea de máquinas de gran éxito, que duró hasta mediados de los 70, en los que abandonaría el mercado por un encarecimiento de los materiales de producción. La compañía entraría en un periodo de crisis en el que tendría que hacer una serie de operaciones arriesgadas que se vieron, finalmente, correspondidas con éxito. Una de las decisiones de la marca fue hacerse con los servicios de MOS Technology, fabricante de chips que entraría a formar parte del emporio de Tramiel. Dicha acción, con el tiempo, resultó vital para el éxito de los canadienses en el campo de los micro-ordenadores.

Convencido para abandonar la realización de calculadoras, el nuevo horizonte se vislumbra en el terreno de las computadoras personales. Así nace en 1977 el Personal Electronic Transactor, el Commodore PET. La localización de la empresa pasa a Pensilvania y allí comienzan a desarrollar su primer gran ordenador de éxito, el VIC-20 en 1981, que salió a escasos 300 dólares en territorio americano. Aunque era un precio elevado, le permitía competir en el mercado del videojuego con las muy rentables consolas de los primeros años de los 80, siendo la Atari 2600 con el gigante Warner detrás e Intellivision de Mattel sus más grades representantes en dicho momento. Gracias a la ayuda de los anuncios protagonizados por el actor canadiense William Shatner se pretendió entrar en la cabeza de padres e hijos mediante trabajo y educación para los primeros y los mejores títulos del mercado para los segundos. Básicamente, ¿para qué conformarse únicamente con una Atari o una Intellivision cuando puedes tener una máquina para toda la familia?


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