Peligrosa tecnología (Página 1/3)
Escrito por Raúl F. Rosso, el 17/01/2012.
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Me dan mucho miedo las telecomunicaciones actuales, en serio. Eso de que un despechado habitante de Teruel tache de infiel a su exmujer y que segundos después pueda ser consciente de ello toda población de la prefectura de Tokio es un logro sociocultural de la leche. Igualmente, poder desconectar de nuestra realidad poniéndonos en la piel una representación virtual nuestra con la que alcanzar metas inalcanzables en un entorno digital resulta de lo más excitante a la vez que perturbador. Y no hablemos del imparable ascenso de los sistemas de almacenamiento donde podemos dejar registrada gran parte de nuestra vida para la posteridad diluyéndose nuestra capacidad de sentirnos independientes.

Tres avances tecnológicos increíbles al servicio del ser humano. Dado el calado tan profundo que tienen en nuestra vida cotidiana, ¿nadie se ha parado a pensar las connotaciones negativas que puede provocar un uso indebido o descontrolado de estos nuevos hábitos? Pues Charlie Brooker, un guionista británico de raíces bien asentadas en el mundo de la informática y los videojuegos sí que lo ha hecho.

Peligrosa tecnologia

Él fue quien creó hace un par de años la satírica miniserie de zombies Dead Set, y ahora se ha atrevido con otro pequeño show de tres episodios que hablan precisamente de los tres campos antes mencionados. Black Mirror se titula, y va a ser un perfecto acompañante para que comentemos los conceptos que trata. Spoilers los hay, pero son pocos y cobardes, así que entren bajo su propia responsabilidad.

Inmediatez


Una mañana aparece en Youtube un vídeo de un miembro de la casa real británica raptada por un misterioso captor que realiza una inverosímil petición de rescate. Se comprueba que realmente, ha desaparecido. ¿Hay que darle absoluta credibilidad a esa información? Eso es lo que plantea el primer episodio de los tres, “National Anthem".

Por norma general, nos tragamos toda la información que los medios generalistas lanzan a la red. No cuestionamos la información que nos llega, equiparándolo casi hasta lo fidedigna que puede ser una noticia en televisión (dentro de la cuestionable veracidad que ya de por sí impregna al medio). El problema está en que en Internet la inmediatez es capaz de convertir un rumor en verdad absoluta por culpa de la frenética amplificación que una afirmación puede tener.

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¿Cuántas veces hemos visto a través de Twitter que algún famoso ha fallecido? El otro día se cargaron a Sean Connery. Amanecí compungido por la pérdida doctor Henry Jones para horas mas tarde cagarme en el gracioso que extendió el bulo. Esta broma de mal gusto no tiene ninguna repercusión más allá del entristecimiento por la pérdida de un conocido personaje, pero, ¿se imaginan que la pelota engorda? ¿Acaso por menos que eso no han llegado a perder millones de dólares en bolsa algunas grandes empresas?

No somos conscientes de la herramienta que tenemos entre manos. Esta locura está cargándose la privacidad del individuo y creando una mente enjambre. No es la primera vez que veo a algún conocido periodista o escritor afirmar que “Internet dice". Si, Internet habla, pero no deberíamos hacerle tanto caso.
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