Horizon Zero Dawn: Tierra primitiva PS4

Por Lucas Zan

Horizon Zero Dawn: Tierra primitiva

Recuerdo cuando era más joven, mientras imaginaba historias junto con una amiga de la infancia, ella me explicó un mundo que existía en su cabeza. En su imaginación, los humanos conseguíamos avances tecnológicos sorprendentes y acabábamos por abandonar nuestro planeta para colonizar otros, dejando una moribunda Tierra repleta de basura metálica y contaminante. Cientos de años más tarde, por la ausencia del ser humano, las plantas se adueñan de las viejas ciudades, convirtiéndolas en escombros verdes con vestigios de mármol y acero. Los animales se reproducen y evolucionan al punto de convertirse en los nuevos seres dominantes de este mundo libre de contaminación. “¿Qué importancia tiene el cambio en el entorno si nadie puede verlo ni apreciarlo?”, pregunté con interés. “Tal vez, algún día, el ser humano regrese a su planeta natal por nostalgia y, cuando lo haga, descubrirá el hermoso mundo que dejó olvidado”, fue su respuesta. Hasta el día de hoy resuena en mi mente y regrese a mí cuando aparecen juegos como el que hablaré en este texto.

 

Horizon: Zero Dawn, el nuevo título de Guerrilla Games, los padres de la saga Killzone, nos plantea esta situación. ¿Qué ocurriría si los humanos se encuentran con su mundo evolucionado, irónicamente, en un estado más primitivo? Cierto es que, en este caso, los humanos seguimos en la tierra incluso después de una catástrofe, eso es evidente. Pero nosotros, como jugadores, exploramos aquellos amplios escenarios repletos de verde por primera vez, como si acabáramos de llegar. Y es que, en realidad, acabamos de llegar.

 

Sólo con la cinemática inicial, la que se reproduce de forma automática al abrir el juego por primera vez, ya podemos ver por dónde irá la cosa. Cuando tenemos el control de una versión de Aloy, la protagonista, de niña se cumplen todas las predicciones y nuestra imaginación comienza a volar. Horizon: Zero Dawn nos adentra en unas ruinas pertenecientes a la civilización antigua en los primeros minutos de juego, aquí podemos apreciar como la naturaleza se abre paso por las profundidades, a través del acero, y lo envuelve todo en un cálido abrazo. Al observar el estado de aquellas ruinas nos hacemos una idea de la cantidad de años que han pasado desde la última vez que un humano pisó ese lugar. De todas formas, el juego no duda en recordarlo, como si no pudiéramos llegar a esa conclusión por nuestra cuenta.

 

Y es que el exceso de información obvia, o síndrome de protagonista de anime, es uno de los fallos más grandes del juego. Me explico: Aloy niña cae a una cueva, avanza unos pasos y se encuentra con lo que claramente son unas instalaciones antiguas pertenecientes al ser humano. Gracias al polvo y la flora que decora el lugar, podemos imaginar el tiempo que lleva abandonado. Aun así, Aloy niña no puede evitar soltar una frase que lleva bien dentro de su script: “Deben ser las ruinas del Mundo Metálico, uno de los lugares antiguos…” Es un dato que el personaje en efecto conoce y se lo hace saber al jugador de forma directa, como si la exposición visual no fuera más que suficiente para demostrar la decadencia y los problemas de sanidad que poseían los de la civilización antigua. Para personas como yo, quienes miran cada pequeño detalle, este primer vistazo le habrá dolido.

  

Pero no podemos dejarnos llevar solo por lo malo y abandonar este Horizon: Zero Dawn solo por este detalle. Si cometiéramos el mismo error con cada juego, difícilmente llegaríamos a ver las escenas finales de la mayoría de ellos. Hay aspectos destacables, como toda la parte artística y el diseño del entorno. Incluso la propia Aloy, tanto de niña como de adulta, tiene un diseño digno de admiración. Es una pena que los demás personajes se queden algo cortos en lo que a visual se refiere en comparación con la protagonista. Con esto no quiero decir que sean malos, solo que no están a la altura de, por ejemplo, el diseño de las máquinas.


Las máquinas, que emulan ser desde cocodrilos de metro cincuenta hasta gigantescos dinosaurios prehistóricos, parecen haber sido modelados con cariño. De cerca podemos apreciar cada detalle, escuchar los diferentes sonidos que emite cada una de estas asombrosas criaturas y creer que están vivas, en su mundo al menos. El foco, un pequeño artefacto que encuentra Aloy de niña dentro de las antiguas ruinas, nos hace un escaneo de la máquina que tengamos en frente, mostrándonos sus debilidades y fortalezas, además de los objetos que pueden llegar a soltarnos cuando sean cazadas. También nos deja ver el recorrido que realiza cada una, esto nos ayuda a predecir su rumbo y trazar un plan para una caza perfecta o, por el contrario, para escabullirnos en medio de un rebaño y alejarnos en silencio, sin llamar demasiado la atención.


Y esto es algo que debo pararme a resaltar, el sigilo en Horizon: Zero Dawn. No es excepcional, como un Metal Gear Solid o un Dishonored. No contamos con demasiadas opciones que nos permitan pasar en silencio por amplias zonas, pero tampoco es algo que se extrañe. Aloy utiliza el sigilo para llegar hasta su presa y cazarla sin alertar al resto del rebaño, también para tenderle emboscadas a enemigos humanos o tomar campamentos sin activar la alarma. Las opciones con las que cuenta son más que suficientes para que nosotros, como jugador, podamos cumplir con nuestro objetivo sin demasiada dificultad. No es un sistema complejo ni complicado, pero llega a ser satisfactorio.


Como lo es también el utilizar nuestro arco de caza. Contamos con tres diferentes, cada uno con algo que lo hace especial. Los primeros en su categoría son rápidos y efectivos a corta y media distancia, pero no hacen demasiado daño. El segundo es más letal y funciona perfecto para largas distancias, pero es mucho más lento que los dos primeros. También contamos con una lanza para ataques cuerpo a cuerpo (los recomiendo solo para rematar o matar en sigilo) y otras series de armas menos letales que, principalmente, funcionan para facilitarnos la caza.

 

Horizon: Zero Dawn es todo esto y más. Es el mundo que los humanos dejamos olvidado, el cual cambió para bien, evolucionó. Ahora regresamos porque sentimos nostalgia y nos encontramos con un lugar diferente al que se encontraba aquí cuando nos fuimos. Hay más vegetación, más animales, más lugares que explorar. Esta nueva tierra, al igual que el juego en sí, está repleto de vida. Una vida de metal que se mueve gracias a su complejo sistema de engranajes. Una vida que pretende defender su hogar de los cambios que traerá el ser humano con su regreso

09 de Marzo de 2017 a las 09:25 por Colaboradores
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