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The Phantom Pain es una oportunidad

Bendita falta de consenso
The Phantom Pain es una oportunidad
Por Dayo

The Phantom Pain, su lanzamiento, recepción y circunstancias son todo un caso para recordar. Se habla de causar un impacto en el mundo, como una piedra que cae a un estanque y genera ondas, pero Kojima ha lanzado una tonelada de dinamita y ha sonreído mientras veía cómo todo volaba por los aires. Bueno, quizá no sonriera por todo ese rollo de que le han despedido, pero nos entendemos. Originalmente este artículo iba a ser una reflexión sobre lo desesperados que estamos a la hora de buscar y encontrar obras maestras; Metal Gear Solid V fue recibido por la prensa como una obra perfecta, de diez, pero en cuanto salió a las tiendas y llegaron los youtubers, blogueros y demás sabelotodos, resultó que era una obra decepcionante que se quedaba corta en ejecución y contenido. Parecía que la prensa había metido la pata. Otra vez. Pero pasan las semanas y gente a la que respeto demasiado ha empezado a hablar sobre cómo The Phantom Pain es en realidad un juego excelente e incomprendido. Hay artículos que, sin dejar de reconocer sus fallos, encuentran belleza en su ejecución. Llevo mucho tiempo reflexionando sobre esto, y quizá no haya sabido analizar la situación. No, no digo que de pronto sea bueno: mantengo su insuficiencia y pobreza en casi todos los aspectos salvo el puramente mecánico, pero más que verlo como un chasco insalvable ahora mismo veo esta última entrega como algo más.

 

The Phantom Pain es una oportunidad.

 

En este medio estamos demasiado acostumbrados al consenso en cualquier frente. Incluso cuando el tiempo nos da perspectiva, pasamos de un consenso a otro. Todo, desde la valoración de un juego hasta los temas que se deben tratar, que si representación, que si mecánicas, que si historias, es visto desde una perspectiva maniquea de “con nosotros o contra nosotros”, como si sólo hubiera dos bandos y sólo uno conociese la Verdad absoluta. Yo soy culpable en parte de mantener esta filosofía y muchas veces me presento en mis textos y análisis como un tirano de la opinión que se impone sobre los demás. Nunca he pretendido algo así, desgraciadamente es algo sistémico, pero eso no hace que sea menos responsable de mis pecados.

 

Pero me estoy desviando y no quiero hacerlo: el debate es algo necesario en cualquier arte que quiera evolucionar, aprender y comprenderse. En realidad es necesario en cualquier aspecto de la vida, pero la costumbre en este nuestro medio nos dicta que hay que buscar opiniones correctas, no bien argumentadas. Hablo de ese “análisis objetivo” que no existe y que las más de las veces resulta ser la reseña que más coincide con la opinión del respetable. Me parece curioso ver la palabra “objetividad” tan utilizada a la hora de hablar de un arte, y eso ha dañado nuestro discurso, tan formalista en el peor de los sentidos, tan de descripción de electrodoméstico en su base. Este no es el primer juego en crear un debate y este no es el primer debate en existir en nuestro medio, pero es un AAA ligado a una IP que muchos apreciamos a un nivel profundamente personal y tanto su contexto como sus virtudes y defectos están envueltos en semejante neblina que da lugar a opiniones muy diversas y, lo más importante, bien reflexionadas. Defiendo el que una opinión cimentada sobre bases sólidas merece ser escuchada y, de hecho, desafiar el statu quo puede ser a veces enriquecedor. Si habéis visto el análisis de Matrix a manos de Doug Walker aka. “Nostalgia Critic” quizá sepáis de lo que hablo: me gusta la película, pero a través de sus razonamientos encuentro aspectos que quizá pasara por alto y que me ayudan a apreciarla mejor. Quizá incluso cambie de opinión, y eso puede ser bueno para evitar estancarse en dogmas.

 

Es importante matizar. Llevamos demasiado tiempo con apologistas del Call of Duty menos inspirado y reseñas que aprueban el AAA du jour porque es lo que toca, lo que se espera. El motivo por el que los primeros textos y vídeos sobre The Phantom Pain me decepcionaron no se debía a que lo enaltecieran sino que estaban ciegos ante sus errores más evidentes. Son textos escritos por gente con mucha ilusión, y eso nunca lo negaré, pero esa ilusión prácticamente les fuerza a centrarse en lo positivo y dar más crédito del merecido. Esta era la espina dorsal de este texto: no es la primera vez que ocurre. No es la primera vez que la prensa habla maravillas de un videojuego que luego resulta no estar a la altura. Ahí están Final Fantasy XIII y Metal Gear Solid 4, ahora juegos infames allá donde mires. Yo mismo he caído en ese juego tan peligroso con Spec Ops: The Line y Bioshock Infinite; la obra de Yager sigue pareciéndome una gran reflexión sobre la mentalidad de los videojuegos y mantengo que el viaje de Booker por Columbia tenga algo de encanto, pero cuando los jugué y analicé estaba buscando inconscientemente pruebas de que realmente fueran tan buenos como yo quería. Estaba desesperado por declarar que eran obras maestras, ejemplos de la excelencia del videojuego, y eso me impidió ver sus muchos fallos y ofrecer una reflexión más matizada e interesante. Miro atrás y me arrepiento de muchas cosas que he dicho, pero he intentado aprender. Cuando The Last of Us llegó, cuando GTA V se lanzó, con Bloodborne estaba con la guardia en alto, atento a no excederme a la hora de reconocer méritos. Quizá ahora esté en el espectro opuesto y sea demasiado negativo; no lo sé. Espero que no.

 

Pero necesitamos aprender.

 

No espero textos de The Phantom Pain clamando que sea un gran juego o una soberana decepción. Sólo quiero gente pensando lo que dice antes de hablar, y en esto me incluyo. Hace pocos días jugué a The Beginner’s Guide y me volví loco, pero en cuanto me calmé empecé a sentir miedo: “¿Estoy recayendo otra vez?”. Ahora mismo lo que aprecio es que haya pensado en eso. Significa que al menos estoy atento. Este nuevo Metal Gear supone una oportunidad para ser mejores periodistas y para hacer evolucionar nuestro discurso. Es una oportunidad para grabarnos a fuego esa lección tan necesaria, que no hay opiniones acertadas o equivocadas sino buenos y malos argumentos para formar esas opiniones. No todo tiene que ser un rojos contra azules. Ya no estamos en 2004, los videojuegos han avanzado y no necesitamos andar buscando ejemplos de por qué son arte. Hay uno nuevo cada día. Hemos llegado al punto en el que podemos aceptar nuestro medio sin miedo del qué dirán, y todavía falta para llegar al final, pero al menos estamos en camino. The Phantom Pain debería ser un símbolo de ese cambio. Podemos criticar a los grandes AAA y ensalzar a las obras más humildes, eso ahora es una costumbre. Y visto cómo hemos pasado por los picos y los valles y hemos visto lo mejor y lo peor que nos puede dar este medio, quizá ahora podamos empezar a construir. Yo mantengo que Kojima nos ha defraudado, pero otros me llevan la contraria. Ninguno llevamos la razón. Y eso está bien.


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