Hay muchos juegos de arcade que han afectado a nuestro desarrollo como jugadores y, quizá porque la 'plataforma' ha desparecido de nuestras vidas y ha sido sustituida por las consolas para casa, a veces nos cuesta recordar que en bares y locales varios, agruparse en torno a una máquina y jugar o mirar jugar era algo muy importante. Metal Slug sin duda es una de las sagas que más claramente entran, al menos en mi caso, en dicho grupo: hace años que no juego a uno, pero los recuerdo con mucha viveza por dónde los jugué.
Creo que el primer Metal Slug jamás llegué a tocarlo, pero es el que cumple 20 años. Sin su éxito a lo largo y ancho del mundo, no tendríamos Metal Slug 2, que creo que es el que más hemos jugado en España. Por lo menos, es el que más recuerdo yo: con su fase inicial con los helicópteros, con las malditas momias y con aquel jefe que se iba comiendo la torre a medida que iba escalando por ella con un robot bípedo. Sin duda alguna, todos los juegos sabían jugar con el 'momentum' de sus grandes jefes muy bien.
Son muchos los elementos que se dieron la mano y que demostraban que en SNK había un talento brutal a la hora de meter escenarios que a día de hoy pasan por obras de arte y enemigos a porrillo en una placa de arcade. Poder alternar armas fácilmente es algo que ya se había hecho anteriormente en muchos juegos y que era una seña de identidad de los run n gun, pero las escopetas, ametralladoras y lanzallamas de Metal Slug tenían algo único: el gusto que daba verlo. Cada animación, cada sprite, cada diseño rezumaba maravilla.
Realmente creo que el aspecto del juego es parte fundamental de su éxito. En la época en la que se lanzó, esos sprites animados entraban por los ojos y dejaban una huella indeleble en los tiernos cerebros de los jugadores. Si mezclamos esto con el carisma de los personajes – una vez más, sus animaciones eran brillantes al aparecer, al morir, al transformarse en criaturas raras – y los vehículos ridículos, tenemos algo explosivo. Creo que estoy visualizando ahora mismo el meneíllo del tanque al disparar o saltar.

A día de hoy, es fácil disfrutarlos por la mezcla de diversión descerebrada y de gráficos de antaño que tanto añoramos algunos. Aunque hay otros juegos geniales que han heredado sus ideas, como Broforce sin ir más lejos, el encanto de los originales está ahí y se ha ido transformando en una joyita de cómo se hacían las cosas en el pasado. Correr hacia la derecha, disparar como un loco, saltar de vez en cuando para evitar un disparo y tirar granadas que muestran explosiones animadas píxel a píxel no puede dejar de ser divertido nunca.
Es una lástima que actualmente la saga esté un poco de capa caída y que el 20 aniversario de su primer lanzamiento vaya a pasar un poco desapercibido porque SNK ya no es lo que era y porque su género ha quedado reducido a nichos y a juegos pequeñitos.