Temas universales: Volvamos a jugar como niños

Y no, no hablo de una rayuela virtual

Temas universales: Volvamos a jugar como niños

Lo reconozco: Cada vez que veo algo nuevo de No Man's Sky no puedo evitar acordarme de los viejos sobres de a peseta de MontaPlex. Los viejos sobres de a peseta -vale, en mis tiempos costaban ya 25 pesetas, que no soy tan viejo- eran unos sobres que se vendían años ha en quisocos y almacenillos de barrio en los que, a cambio de una peseta -o cinco, o venticinco, o cincuenta ya al final- nos encontrábamos con una moto coleccionable que debíamos montar nosotros mismos, un puñado de soldados de plástico, varios indios o vaqueros, un barco de pirata cutre con tripulación, dinosaurios, naves espaciales, marcianitos o cualquier otro complemento que nos ayudara a llevar al terreno de juego la lectura de la época.

 

Los sobres de a peseta molaban porque tenían todos los temas universales en su cutre formato de papel con dibujos a lo Boixcar y tipografías antigua de imprenta. Había monstruos, y criaturas, y animales, y cromos, y muñecas con sus respectivos cambios, había coches, y camiones, y vehículos de todo tipo, y naves, y submarinos, y maquinaria... Eran el equivalente castizo y jurásico de los huevos de Shenmue -los gachapones, quiero decir-, y aunque el corte fuera cutre y la factura, de pena, a los niños de la época nos ayudaban a soñar. 

 

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Volvamos a jugar como niños

Cuando escuché a los tipos de Hello Games hablar de No Man's Sky y ví ese estilo retro como de tintas antiguas que me enamoró desde el minuto cero, algo dentro de mí me hizo recordar con nostalgia esos tiempos. Los tiempos en los que soñaba con conquistar el espacio, surcar los siete mares con un parche en el ojo y un loro al hombro, luchar con los dinosaurios para salvar a una sexy cavernícola o ser un detective, un vampiro, el cazador del monstruo del Lago Nes o el conductor de una moto voladora del futuro. 

 

Me encanta el aspecto retro-futurista de No Man's Sky como me gustaba la idea detrás del fallido The Hunter: Primal. Y me encantaban no tanto por su aspecto como por ese regreso a las raices del sueño, del juego como forma de evasión en el que la imaginación prima por encima de todo lo demás. 

 

Sería bonito que la industria recuperara poco a poco esta intención yestos temas univerdsales y nos devolviera al campo de nuestra niñez como sólo en ocasiones algunos productos estrella consiguen. Me encanta Far Cry 4 porque soy un cazador como los de las pelis de los ochenta, me chifla GTA V porque es como volver a jugar a policías y ladrones, y perdono al Black Flag el ser un Assassin's porque, lo reconozco, lo pasé teta jugando a ser un pirata. 

 

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Calidad o diversión

Es obvio que ya no hay que hacer esta distinción, y eso es bueno. Mola que haya videojuegos que sean eso, videojuegos, con su propia política y su propio esquema, un sistema en el que Nintendo sigue siendo el Rey sobre la Tierra. Sin embargo, cuando los juegos optan a ser arte cinematográfico y abogan por rendir tributo a la literatura es el momento de ampliar esa cantera de la que todos quieren beber para añadir todo aquello que hemos perdido en el camino. 

 

Está bien ser el soldado que evita el apocalipsis nuclear, el miembro de un equipo de élite que captura a un terrorista o el chico que se convierte en superhéroe sin querer con una nueva filosofía que ya cansa a los creadores de Watchmen. Pero también está bien ser un tipo en un planeta perdido, un troglodita que sobrevive entre monstruos antediluvianos y un detective al que no se pueda tachar de Holmes, ¿Y los fantasmas? ¿Y los viejos monstruos clásicos?

 

Hay un campo enorme en el que escarvar en busca de nuevos temas, no todo son distopías steampunk y Londres victorianos, señores, que como esto siga así ya me veo a los descendientes de Orwell pidiendo royalties.  

 

¡Nos leemos!

09 de Abril de 2015 a las 10:00 por Rafa del Río
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Comentarios
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    • Ahora mismo me vienen a la cabeza Hulk Ultimate Destruction y principalmente, sus posteriores reencarnaciones en la saga Prototype.Qué bien hacían estos juegos lo que mencionas en este artículo.

      Dejando a un lado sus mil fallos, lo que a mí me encantan de estos juegos son sus posibilidades y lo gratificante que resulta explorarlas.La jugabilidad es tosca, pero a su vez es lo suficientemente profunda para hacerte sentir como un verdadero superhéroe.Puedes secuestrar helicópteros, correr a toda pastilla y pelear contra los militares como si fueses el Apocalipsis andante.Si te cansas de esto, siempre puedes transformarte en un soldado raso o un capitán y rolear combatiendo la infección (algo que es muy, pero que muy divertido).

      Es como tener tus soldaditos de plástico.Son rígidos, monocromáticos y tampoco es que se hayan roto la cabeza al inventarlos; pero cuando el jugador pone de su parte ,dejando de lado las pegas, son toda una mina.

      En resumen.Está bien romperse la cabeza creando un superguión y una superhistoria con una jugabilidad superinnovadora, pero tampoco está mal ir a lo simplón siempre y cuando se haga bien.Y si no, remitámonos de nuevo a Nintendo y su fórmula perfeccionada a prueba de balas.
    • Casi que acabo abofeteándome para volver a la realidad, los Monta-plex! Estaban olvidados en algún rincón de mi memoria, al ser tan sencillos y baratos los pobres no sobrevivieron a las multiples limpiezas de viejos cajones que vamos haciendo a lo largo de nuestra vida, pero en seguida he hurgado el hermano Google y han aparecido ante mis ojos un montón de cacharros con los que habia pasado horas y horas. Yo tenia el helicóptero con aspas giratorias, los hidroaviones y el platillo volante del cual recuerdo que incluso bajaba una trampilla con escaleras.
      Volviendo al mundo real, precisamente después de un largo abandono llevo unos dias jugando al Black flag y lo que dices me estaba dando tumbos por la cabeza, que divertido es ser pirata! Que divertido es robar aviones y liarla parda en el Gta V y como disfruté cazando en el Red dead redemption. Pero desgraciadamente todos los negocios giran entorno esa apisonadora llamada moda/tendencia bajo la cual unos y otros se observan para ver quien gana la apuesta para acto seguido fusilar hasta el aburrimiento algo que ha funcionado. Ahora toca survival-horror, ahora escenarios steampunk, ahora enormes y estériles sandbox mientras las buenas propuestas perecen en un cajón. Es la ley del mínimo riesgo.
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