Final Fantasy VII y Midgar, la ciudad en la que no se ve el cielo

Un pequeño relato para conocer su mundo

Final Fantasy VII y Midgar, la ciudad en la que no se ve el cielo

Su pequeño hijo se perdía de vista entre el bullicio. Lo distinguía todavía gracias a la espada de madera que portaba en su espalda, en la cual había estado trabajando toda la mañana sin descanso junto a sus amigos. Sí, los de ese extraño grupo con los que permanecía tanto tiempo… demasiado secretismo entre ellos, sobre todo cuando se perdían entre callejones y no aparecían hasta caer la noche. Cosas de chiquillos, suponía, pues quién no había hecho trastadas a su edad.

 

Esa espada de madera había sido el resultado esperado de la extraña visita de ese forastero. Todos los niños habían quedado prendados de su apariencia y de su gusto por acabar con los monstruos de la barriada. Estaba ayudando a todos pero a un alto precio, cómo no. Parecía de SOLDADO, aunque Aeris les había contado a todos que era un simple mercenario que estaba trabajando como su guardaespaldas. ¿Cómo se meterá en tantos problemas esta joven florista? ¿Necesita a un mercenario a su lado? ¿De verdad ese chico había abandonado al grupo armado de Shinra? Dios santo… prefería no darle más vueltas.

 

Aunque no le gustaba demasiado, entendía que su hijo y sus amigos hubiesen sucumbido a los encantos de este extraño. Un mundo peligroso en el que necesitan protección y donde este rubio engreído la sabe proporcionar muy bien. Pero no necesitarían la ayuda de estos mercenarios si el mundo fuera justo. A veces se sorprendía hablando con clientes o con sus propios familiares: parece que la mayoría apoyaban los actos de Shinra. Él no, y casi se alegraba de la que estaba liando ese grupo terrorista… Avalancha. Quizás las formas no fueran las óptimas pero quedarse quieto esperando el inevitable final del planeta no le parecía mejor opción.

 

Midgar Final Fantasy VII

 

Shinra es la Compañía de Energía Eléctrica que tiene su sede allí, en Midgar, la ciudad en la que no pueden ver ni el cielo. Las construcciones lo tapan. Y todo por su culpa. Esas enormes máquinas que canalizan la energía Mako sustraída por los reactores directamente de las entrañas de la Tierra tapan su visión del cielo. ¿De qué sirve vivir en una de las ciudades más avanzadas del mundo si no podían ver el Sol? ¿Por qué tenían que estar hacinados en esos distritos, aguantando esos precios desorbitados a cambio de la necesaria electricidad? Cada vez que pensaba en esos burócratas subiendo el precio de las facturas de los más necesitados se ponía enfermo. Sobre todo al saber que ellos vivían en los distritos de las zonas altas de Midgar… ellos no se privaban del cielo ni del Sol.

 

Pero si Avalancha hacía explosionar uno de los reactores de Shinra como hacía unos días había que alarmarse en lugar de alegrarse. ¿Cuándo habían alcanzado ese triste estado donde el pueblo prefiere pagar por electricidad en lugar de ver la luz del Sol? Ni recordaba la última vez que lo había podido sentir en su piel… los distritos como el suyo disponían de generadores de soles artificiales que generaban luz durante el día. Demencial, sobre todo al pensar que lo habían asimilado como algo normal.

 

El peligro de los monstruos y el peligro de la sociedad que le había tocado vivir por culpa de Shinra. Ellos mismos, con su energía, permitían que pudiera abrir su pequeña cantina y ganar dinero para poder pagar sus excesivas facturas. ¿Y tenía que agradecérselo? Daría lo que fuera por poder pasear junto a su hijo por el campo, con el calor del Sol natural en sus rostros, sintiendo las flores en sus pies. Hasta eso era imposible en aquellos días. Había preguntado a Aeris por los precios de sus flores y comprendió lo que vale una pequeña porción de vida en una ciudad que se esfuerza por acabar con ella.

 

Normal que su hijo sintiera orgullo de ese mercenario. Seguro que no luchaba por la causa más justa, pero al menos peleaba por algo. Han sido cobardes y han aceptado lo que las grandes corporaciones como Shinra les habían dicho, convenciéndose a sí mismos de que es necesario acabar con la energía pura del planeta para poder tener electricidad.

 

Midgar

 

Es curioso y estúpido, ¿no creéis? Extraer hasta la última gota vital del planeta para poder generar electricidad que alimente a sus soles artificiales porque las construcciones que permiten hacerlo impiden ver el verdadero cielo. Quizás debería aprender de su hijo y cargar en su espalda la responsabilidad que también tiene, como si esa fuese su propia espada de madera. Quizás debería comprender que el mundo está agotando su energía por culpa de aquellos que sólo quieren aprovecharse de los más débiles. Quizás es el momento de actuar y de aceptar las acciones de esos grupos como Avalancha. Quizás ese mercenario que ha llegado a su distrito abandonó SOLDADO por los mismos motivos. Quizás no quería seguir trabajando para la compañía que estaba privando al mundo de la verdadera vida. O quizás no, pero debía empezar a creer.

 

Quizás era momento de empezar a luchar por una ciudad en la que todos puedan alzar la vista y disfrutar del cielo.

 

Quizás todavía había esperanzas para su hijo, que ya había perdido de vista entre la muchedumbre.

15 de Abril de 2020 a las 11:00 por Álex Pareja
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