El desapego por el videojuego, cuestión de tiempo

El amor es pasajero con un mando en las manos

El desapego por el videojuego, cuestión de tiempo

Admiro a los jugadores que son capaces de manter el interés por una sola obra durante mucho tiempo, porque yo no puedo. Y eso perjudica al consumo cuando, cada vez más, los juegos quieren ser infinitos, ofrecen servicios perpetuos y te obligan a regresar una y otra vez para mantenerte al día. Si os contara las veces que he querido regresar a Destiny 2 o a Monster Hunter World pero he sido incapaz… bueno, quizás no os sorprenda porque os pasa lo mismo. ¿Cuántas veces habéis vuelto a uno de estos juegos tras un período de descanso y os habéis sentido perdidos? El desapego emocional por un juego es solo cuestión de tiempo

 

Cuando nos embarcamos en una aventura que consigue engancharnos, la disfrutamos con emoción. Jugamos, pensamos en él cuando no estamos dentro y ansiamos regresar a su mundo. Los besos son apasionados. Pero bien sea por completarlo o por nuestro hastío, todos los videojuegos tienen un final. Ese apego tan especial finaliza y comienza el duelo: tener que vivir sin la rutina que ha marcado esos momentos de gozo. Nos separamos. Si regresamos a esta aventura por cualquier motivo (actualización de contenidos, eventos temporales, nostalgia, romanticismo, etc.), probablemente terminemos saliendo sin encontrar de nuevo esas sensaciones pasadas. ¿Qué ocurre? ¿Por qué ese juego que me mantuvo tanto tiempo enganchado y enamorado ahora me da completamente igual? El videojuego no puede ser discontinuo, por eso se han fomentado esas técnicas perpetuas en lugar de las puntuales con las expansiones que poblaban el mercado años ha.

 

Con estas situaciones yo solo puedo hacer una cosa: borrar la partida y comenzar de cero. Es la única manera de intentar, quizás sin éxito, volver a comprender esas emociones positivas que el videojuego supo proporcionarme. Miro las fotos y recuerdo esos sentimientos, pero soy incapaz de volver a reproducirlas. Si ahora mismo visitara a mi vaquera de Red Dead Online no sabría ni cómo controlarla, ni reconocer a los caballos de mi establo, ni en qué cometido me estaba embarcando. No hay chispa, no hay magia. Es como volver a reencontrarte con un viejo amigo tras muchos años: la emoción está ahí pero es imposible sentir la misma conexión. Hay que resetear. 

 

Red Dead Online

 

El videojuego tiene una romántica forma de enamorar. Nos consigue obsesionar. No queremos otra cosa. Pero todo es cuestión de tiempo, al igual que el amor de una pareja cuando logra estabilizarse y la magia perdura, pero no de la misma forma que en sus primeros instantes. O quizás sea mi forma de jugar y por eso envidio a aquellos que logran entender el videojuego y lo que conlleva para hacer honor a sus votos, para siempre, hasta que la muerte los separe. Soy incapaz hasta de hacerle un regalito en forma de trofeo tras acabar sus contenidos principales. Soy de una noche y de dejarlos durmiendo en la cama mientras me escabullo sin hacer ruido.

 

Es normal sentir apego por un videojuego y es cuestión de tiempo que aparezca el desapego. Nos pasará siempre, tú que tienes miedo de regresar a tu isla de Animal Crossing o tú que ya no sabes ni qué actividades estabas siguiendo en World of Warcraft. El juego como servicio pretende ser perpetuo pero solo lo consigue durante un tiempo, por eso la continuidad de una comunidad es tan complicada y por eso estas obras deben estar repletas de contenido continuamente. Porque los jugadores somos románticos, sí, hasta que nos cansamos. El amor es pasajero con un mando en las manos

21 de Enero de 2021 a las 16:00 por Álex Pareja
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Comentarios
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    • Pues yo no puedo evitar volver a mis juegos recurrentes. Al igual que el amigo Raziel, yo jugué unas 600-700 horas entre el Destiny original y el 2 y lo dejé por lo absorbente que era y porque no me dejaba tiempo para nada más, y no tengo ninguna intención de volver. Aún así, siempre compagino algún juego de cabezera con mis constantes vueltas al Borderlands 2 y el 3, de los que parece que nunca me canso, y alguna partida a Monster Hunter World, al que casi tengo que volver a aprender a jugar cada vez, pero que es un juego que me encanta y de momento tampoco me cansa.
      De todas formas, te entiendo perfectamente, y cada vez es más difícil dedicarle tiempo a un juego. Cada mes nos vemos envueltos en una vorágine de nuevos lanzamientos, juegos del plus, del gold, del Game Pass, de la Epic, ofertas varias etc. Que casi no te dejan ni pensar.
    • Hay que saber cuándo dejarla marchar...


      Es curioso que el juego al que más horas le he echado es a Warframe, más por los amigos (me lo pasaba pipa) que por la calidad del juego, que tampoco es malo. Un buen día, Sony me hizo un vídeo muy emotivo de mis andanzas en la consola y tal... y hostia que aparece "el juego más jugado", el susodicho con 700h. 700 horazas.... Ahí apareció el desapego ipso facto. Cuando me paré a pensar en la cantidad de juegos que tengo sin empezar siquiera y que podría haber vivido muchas experiencias más además de esa, corrí a desinstalarlo.
En respuesta al comentario anterior:
    • Sí, eso me pasa constantemente. La mala sensación de estar perdiendo el tiempo todo el rato por jugar a algo que te divierte pero que, en realidad, no tiene mucho más que ofrecerte.
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