Hace un par de meses, hablando del nuevo Zelda de WiiU y de la promesa de un Hyrule abierto me dí cuenta de que muchos hemos olvidado el pasado. Si algo ha definido a la saga desde sus inicios es precisamente ese aire de mundo abierto -bloqueado, eso sí, por algún elemento insuperable hasta que avanzáramos más en el juego y consiguiéramos tal arma o cual habilidad-.
¿Cuál es tu Zelda favorito?
Link es uno de los personajes que más ha evolucionado a lo largo de su propia historia, y como no podía ser menos, lo mismo sucedió con el universo que lo acompaña. Mucho ha llovido desde ese primer The legend of Zelda, concretamente 38 años, que se dice pronto. Ya en su segunda parte la saga trató de innovar la saga con Zelda II, The Adventure of Link, su scroll lateral y sus puntos de experiencia, que no acabaron de funcionar. A Link to the Past en SuperNES impuso la vista superior en 3/4, y poco después Ocarina of Time y Majora's Mask impondrían las 3D. Gamecube supuso un reto en el que Nintendo se separó en dos facciones que defendían un Link más adulto y uno más infantil respectivamente, y la cosa se saldó con Windwaker y Twilight Princess, dos puntos de vista muy diferentes de un mismo héroe.
Sea como sea, muchos han sido los capítulos de Zelda que han visto la luz, y sin duda cada uno guarda a su favorito en su corazón: Puede ser el entrañable mundo abierto de Windwaker, la oscuridad extraña de Twilight, el maravilloso entorno de Majora's Mask... En mi caso, si tuviera que señalar un favorito y a pesar de que la saga entera me parece soberbia con un par de excepciones, sin duda señalaría como predilecto a The Legend of Zelda: A Link to the past.

Link a todo color
Hay que ponerse en situación, que la cosa estaba puñetera para la época. A Link to the Past molaba mil cuando lo veías fluyendo en pantalla a todo color con unos gráficos preciosistas muy japos que hacían que quisieras achuchar hasta a Ganon. El scroll era suave, mucho más que ese pantallazo y se acabó de NES, y si Square y Enix hacían sus pinillos con las sagas con las que los adolescentes de hoy zurcen sus banderas y cosplays, Nintendo seguía demostrando que era la puta ama en esas lides sin necesidad de puntos de experiencia, subidas de nivel ni demás parafernalia.
Tal vez por eso le perdonábamos a Link esos inicios ya tópicos, esa salida del pueblo para convertirse en un héroe y, de paso, salvar Hyrule que ya eran premisa obligada de toda aventura de ese niño elfo vestido del Robin Hood de Errol Flynn. La historia tenía lugar antes de los acontecimientos de los dos anteriores capítulos, y empezaba con un sueño en el que Link recibía un mensaje telepático de, lo habéis adivinado, la princesa Zelda. Durante el sueño, la princesa le advertía de que estaba capturada en una mazmorra cercana al castillo de Hyrule. Al despertar, Link encontraba a su tío preparándose para la batalla. Tras decirle a Link que se quedara en la cama, el tío desparecía por la puerta y Link lo seguía hasta una extraña cueva en la que lo encontraba malherido.
Y ya estaba el pastel preparado: El tío de Link le pedía que tomara su espada y salvara a la princesa, y así comenzaba una aventura épica que nos llevaba a movernos entre dos mundos, a mejorar nuestra vida y nuestro monedero, y a usar sabiamente los objetos que encontráramos en nuestro camino.

ACTION RPG
Action, una palabra tonta explotada por la publicidad, pero que en manos de Miyamoto y su equipo significaba mucho. La gracia que siempre tuvo Zelda, la magia que hizo que muchos nos rindieramos a los mocasines verdes de Link era que mantenía toda la esencia de un buen juego de rol japonés sin tener que complicarnos la vida con menús infinitos y aburridísimos combates por turnos. Que sí, que no me malinterpreteis, el JRPG tactic molaba mucho, pero encontrar un producto como A Link to the Past que aunaba exploración, historia, evolución personal y grandes escenarios mezclándolos con la agilidad y diversión de un juego de acción, molaba todavía más.
A Link to the Past era un ARPG por méritos propios, aunque no tuviera puntos de experiencia ni puñetera falta que le hiciera. Animaba al jugador a explorar el escenario y conseguir las diversas armas y objetos que abrieran las áreas cerradas, y cuando ya todo parecía completo, ¡Boum! el juego empezaba de nuevo en un mundo paralelo en el que había que arreglar las cosas.
¿Qué hacéis que no lo estáis jugando?
No quiero destripar demasiado de éste título por si os animáis a echarle un ojo en una de las múltiples posibilidades que hay por ahí, pero desde luego no puedo dejar de recomendarlo encarecidamente. Si no lo jugásteis en su momento os estáis perdiendo un clásico de alta gama, y si lo hicisteis, os gustará recordar al viejo Link y todo lo que luego vino en forma de Story of Thor o Alundra.
¡Nos leemos!