MGReplay | Guitar Hero

Meñique hero.

MGReplay | Guitar Hero

Guitar Hero saltó al escenario con un estallido en 2005 (y repetiría en 2006 en Europa). Fue uno de los instrumentos más relevantes en el ascenso del género de los juegos de acción rítmica durante la era de PlayStation 2 y más adelante. Después de seis entregas que extinguieron su combustible, el juego pasó a replantearse su carrera en un parón que ha durado seis años. Ahora, en la era de los reproductores musicales sociales y estando en el año 4 d.R. (después de Rocksmith), la franquicia ha decidido replantear su esencia, convirtiéndonos en protagonista — y casi responsable— directo en los conciertos, y dándonos una nueva arma con dos filas de tres botones, para acercar la experiencia al público con meñique fofo y atraer de nuevo a los hijos del botón naranja. Para celebrarlo, he decidido echar un vistazo al Guitar Hero original cuando ha pasado… una década.

 

Frequency y Amplitude sentaron las bases de Guitar Hero, que también lanzaba notas a los jugadores para que las golpearan mientras caían por la pantalla. Era simple, elegante y, sobre todo, divertido. La diferencia, no obstante, estaba en que el último nos puso una guitarra de plástico en las manos, y eso sólo se había visto en recreativas como Guitar Freaks. Era como una evolución electrónica del arte del air guitar, un mando que nos daba la sensación de rocanrolear como en nuestra vida lo habíamos hecho con un instrumento real. Obviamente, el tiempo, la experiencia musical (y Rocksmith) me han enseñado que la mejor manera de sentir el rock en las venas es, simplemente, dejarse las yemas de los dedos con ese metal afilado y dúctil de las seis cuerdas.

 

 

Ahora bien, Guitar Hero siempre buscó el juego arcade, y como tal supo muy bien explotar sus mecánicas al máximo para encandilar tanto a novatos como a expertos de la guitarra, con una progresión de dificultad que no solo nos pedía controlar nuestro meñique y cambiar la posición de la mano, sino que además nos añadía «acordes» y los temibles hammer-on y pull-off, que tan difíciles eran de realizar en la primera entrega de la franquicia. Con esto, tocar un Texas Flood aún hoy nos saca las muecas más blueseras y llegar a tocar completo un Bark at the Moon o un Cowboys from Hell hace que nos explote la cabeza de adrenalina.

 

El juego aseguró su presencia y protagonismo en fiestas y demás con ese aire cañero y espectacular que llegaba a todos los rincones de su experiencia de juego, desde su diseño artístico macarra hasta las explosiones de emoción que provocaba en el público la activación del Poder estrella, el eterno rescatador de los solos, pasando con esa maravillosa palanca de trémolo, con la que podíamos añadir estilo a las notas mantenidas. Además de tratarse del mejor método para exprimir al máximo la puntuación tanto en solitario como en las competiciones en vivo y en directo.

 

 

La banda sonora, por su parte, tiene algo de antiguo y de sagrado para mí. De todos los juegos de la saga, la de Guitar Hero es la selección más purista de todas, y quizá la más heavy, a pesar de ser variada. Las canciones se dividían en tandas de cinco o seis canciones representativas de una dificultad, y cada tanda era un paso más en nuestra Stairway to Heaven. No es un modo carrera muy complejo, pero sí que lleva la esencia de la franquicia, poniéndonos a tocar en un garaje, luego en salas de conciertos y finalmente en estadios.

 

Lo bueno de esta alineación es que había canciones para cada momento y ánimo, con lo que uno podía rendir homenaje a los clásicos con un Iron Man o un Smoke on the Water; pasar un rato más divertido y ligero con Fat Lip o Higher Ground; hacerle el amor a sus oídos con Texas Flood; e invocar a satán con las bestias que mencioné más arriba. Toda esta variedad era, por otra parte, fantástica para conocer grupos nuevos, aprender de grupos antiguos y, en resumen, abrirse a nuevos géneros (aunque esto se vería mejor en futuras entregas).

 

 

Así conocí una canción que me encanta, que se llama Even Rats, y es muy interesante observar la forma en que el juego afectó a la cultura musical de mucha gente. El juego llegó a ser muy popular, como ya sabéis, y como las listas de canciones de los siguientes juegos comenzaron a incluir temas de grupos más o menos conocidos, muchos de los seguidores previos a Guitar Hero comenzaron a lamentarse de que las canciones que ellos llevaban quizá años conociendo habían sido guitar heroed, es decir, que se habían hecho populares por culpa del juego, atrayendo así a un público masivo.

 

Tal fue el alcance de estos juegos que muy pronto comenzaron a acudir las propias discográficas a Activision y a Harmonix para que sus canciones estuvieran en la saga y, lo que es más, para acaparar nuevos juegos con sus propias marcas. Así llegaron los especiales de Metallica, Aerosmith y Van Halen. Por otra parte, los propios jugadores comenzaron a plantearse el paso a las seis cuerdas o, simplemente, volvieron la vista para mirar a sus polvorientas piezas con nuevas ideas musicales en mente. Esta fue la razón por la que, también, Ubisoft encontró la posibilidad de dar una dimensión más real a la idea para acabar pariendo Rocksmith.

 

 

Con Guitar Hero nació una de las etapas más brillantes para los juegos rítmicos, en la que vimos la llegada de una digna competencia que trajo nuevos instrumentos y que realimentó la tendencia original, provocando que la llama inicial se apagara, a pesar de que Activision pretendiera darle nuevo combustible con una vuelta a los orígenes con ese Warriors of Rock: los fans habían cambiado. Quizá habían madurado, quizá estaban cansados o, quizá, la marca necesitaba nuevos aires.

 

Activision cree que ese nuevo aire debe llegar ahora. Una mezcla de nostalgia y esperanza me embargan, a pesar de ser ya buen amigo de las durezas en las yemas de mis dedos, porque el punto de vista arcade que tienen los Guitar Hero son suficiente acicate para una persona que ama la música y los videojuegos tanto como yo y, seguro, como muchos de vosotros. Independientemente de que sea lo que debería ser o no, a pesar de que hayan pasado 10 años, seguimos pudiendo acceder a las raíces del género. Y no miento: me gustaría ver una gran reedición de los primeros juegos y los mandos. La idea de que Guitar Hero se pueda quedar atorado en los filtros del desarrollo tecnológico me aterra.

12 de Mayo de 2015 a las 08:00 por Diego Emegé
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