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Luftrausers es una fusión de sensibilidades moderna y retro. A pesar de que emule el poder técnico de la época de los 16 bits su ambición, detalle, fluidez y espectacularidad lo ponen a la altura o incluso por encima de muchos títulos de presupuestos multimillonarios. Su premisa, al ponernos a los mandos de un caza en medio del océano y enfrentarnos a oleadas infinitas de enemigos, recupera esa simplicidad de antaño, pero su sistema de recompensas nos incita del mismo modo que lo hacen los títulos de smartphone más populares.

 

Luftrausers es vuelo, es movimiento. Luftrausers es Asteroids conoce a Ikaruga. Pero sobre todo, es espectáculo. Las batallas se suceden al ritmo de beats entre explosiones y balas que parecen nunca terminar. Cuando nos acercamos al agua nuestro propulsor es tan potente que levanta olas y os misiles estallan a nuestro alrededor como si estuviésemos en un anime. Es una experiencia de adrenalina y placer construida sobre unas bases muy sólidas que muestran la veteranía y talento de Vlambeer. Este es un estudio de los Países Bajos que se ha educado en las plataformas móviles con títulos como Super Crate Box o Ridiculous Fishing. Entre sus señas de identidad están una dificultad perfectamente medida, un diseño visual sencillo y carismático y, sobre todo, un elaborado sistema de incentivos para mantener al jugador constantemente enganchado. Esos diablos del smartphone saben lo que hacen. Sus títulos no tienen un final: nos invitan a aguantar lo más posible hasta que superemos una marca como pescar X peces o recoger Y cajas, momento en que pasamos al siguiente nivel. Entre medias hay pequeñas recompensas que vamos desbloqueando poco a poco: cada nueva caja descubre nuevas armas para utilizar, cuanto más bajas la caña ves peces más raros… Luftrausers tiene ese mismo sistema de recompensas generales y recompensas menores: mientras te mantienes dentro de un nivel te invitan a acabar con enemigos cada vez más peligrosos. Primero un barco, luego un portaaviones, luego un zepelín… Y entre tanto vas haciendo crecer tu puntuación, el objetivo principal.

 

Puro placer destructivo.

 

La jugabilidad de Luftrausers es un engranaje perfectamente calculado para hacer un juego que cualquier idiota con medio cerebro pueda manejar sin que por ello se pierda profundidad o estrategia. La clave está en su vida regenerativa: mientras disparamos nuestra salud se bloquea, de modo que si queremos curarnos tenemos que parar y centrarnos en esquivar. Esto sirve a una triple función. En primer lugar, dota de profundidad jugable al título ya que fuerza al jugador a detenerse y pensar si quiere durar surcando los cielos. En segundo lugar, aunque se tiene munición infinita, esta necesidad de pararse para recargar nuestra salud sustituye la presencia de los cargadores sin cortar en ningún momento el ritmo. Pero en tercer lugar, tienta al jugador, porque de a cuántos enemigos mate depende el que pueda pasar de nivel o no.

 

No os he hablado de la interfaz. Nuestra salud, en lugar de medirse por cuánta sangre mancha la pantalla, se calcula con un círculo cada vez más pequeño que rodea nuestra nave y el único elemento tradicional que existe es el marcador y el multiplicador de puntuación. Es un número enorme y parpadeante que emite un sonido muy claro y distintivo antes de desaparecer. Por cada enemigo que matas el marcador sube un punto hasta llegar a 20, momento en el que se mantiene siempre y cuando le proveas de una pila de cadáveres. Esto hace que parar de disparar no sólo marque un momento de retirada sino que también implica perder terreno. Llegados los niveles más avanzados se vuelve imprescindible prestar atención al marcador; hay que mantenerlo siempre en el máximo y recurrir a tácticas suicidas para acabar con tus enemigos mientras estás recargando salud. Es un constante tira y afloja, un elemento de tensión que no desaparece mientras tú existas.

 

Con la acción dominando la escena, muchos videojuegos intentan ganarse a pulso el adjetivo “épico”. Ponen scripts, ponen grandes efectos, grandes explosiones. Luftrausers es, en efecto, épico, pero lo es a través de sus controles. Es épico por cómo te hace sentir ágil, por cómo construye unas batallas colosales al ritmo de una electrónica chiptune que invita con cada nuevo golpe a acabar con todo el mundo. Es épico porque, cuando surcas el mar entre misiles y balas, cuando destruyes un portaaviones y lo ves estallar, su sistema jugable y sus mecánicas te hacen sentir invencible. No es realista, no es serio, ni quiere serlo. Es un juego en el que pilotas un caza al servicio de lo que parece ser un trasunto del ejército nazi ¿y qué importa? Nada en absoluto. Estás aquí para prender el océano en llamas. Y hacerlo es un verdadero placer.

    • Acerca de Dayo
    • Estudiante de periodismo, gamer y cinéfilo de vocación, este vlogero carecía de rumbo hasta que MundoGamers le encontró. Encuentra deleite en discutir las posibilidades de los videojuegos y el medio, y en secreto espera que algún día la inspiración le regrese y escriba algo para vivir del cuento. Deambula por twitter en @DayoScript

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