Los mejores videojuegos del año, según Víctor Junquera PC

Obras que dejan huella

Los mejores videojuegos del año, según Víctor Junquera

Los GOTY de años anteriores los escogí en función de la diversión que me procuraron aquellos títulos o en el disfrute más inmediato que fueron capaces de proporcionar, pero a medida que avanzaba este 2016 plagado de altibajos no dejaba de tener más y más lo importante que es que un videojuego sepa hacer que te lleves una parte de él contigo, que deje una marca dentro del jugador, que sepa hacerse, de alguna forma, inolvidable.

 

No todos en Mundogamers hemos podido probar todo lo importante del año, ni todos consideramos los mismos valores como ‘lo importante’, de hecho. Y esto, unido a la importancia de las sensaciones con un juego (algo que de lo que, según muchos, no se debería tratar en una crítica), no hace sino dejar cada vez más claro el lado más subjetivo del medio a medida que la vara de medir de ‘lo técnico’ se vuelve cada vez más abstracta y las discusiones sobre fotogramas por segundo, polígonos, píxeles por pulgada y demás cada vez tienen menos sentido.

 

En mis 10 juegos del año entran todo tipo de juegos que de una forma u otra se me han hecho inolvidables, pero también hay lugar para reconocer méritos a juegos que han sabido reinventarse dentro de sus sagas o que han sabido ofrecer lo mejor de un género. Quizá por eso haya tenido que dejar fuera títulos que me han encantado y cuya calidad está fuera de toda duda, como Pokémon Sol/Luna, Fire Emblem Fates o Dishonored 2, por el hecho de no reinventarse tanto como dicen sus eslóganes promocionales, ser más continuistas de la cuenta o no ser las mejores entregas de sus respectivas sagas.

 

Y pensando en juegos ‘inolvidables’ de alguna forma de todo lo que nos ha dado 2016, no podría dejar de lado Pokémon GO, que no se merece un puesto entre los mejores videojuegos de 2016 precisamente porque la parte que hace que sea un ‘videojuego’ como tal, la parte interactiva, está muy lejos de estar bien pulida, pero por todo lo que ha conseguido la ‘simple’ idea de utilizar un smartphone para salir a cazar Pokémon por las calles, plazas y parques reales, por haber sacado a la calle hasta a los más propensos a ser ‘hikikomoris’ y por haber roto internet, se merece mucho más que un reconocimiento, y de alguna forma se ha hecho ‘inolvidable’ como un fenómeno importante en la historia del videojuego.

 

Dejando clara la intención de esta lista, especificando descartes y menciones de honor, vamos por fin, a mis 10 mejores juegos del año 2016, mis 10 inolvidables.

 

 

10 – Reigns

 

Reigns es uno de esos videojuegos que justifican una plataforma y que no tendrían sentido fuera de ella. El ‘simulador’ de rey medieval para smartphone en el que tomamos decisiones con la ‘mecánica de juego’ de Tinder es uno de esos juegos ‘premium’ para móvil, un título de pago, infinito y repleto de humor y mala leche, que nos lleva a organizar un reino teniendo en cuenta las propuestas de diferentes personajes para beneficiar o perjudicar la economía, la iglesia, el ejército y el pueblo. Algo tan sencillo como deslizar la pantalla a izquierda o derecha para tomar decisiones da para gestionar un reino, pero también para crear cierto mazmorreo e incluso un sistema de combate. Reigns es, de verdad, ese juego al que echar una partidita rápida en cualquier momento para ver hasta dónde es capaz de llegar el siguiente heredero de la corona. Un grato descubrimiento.

 

 

9 – DOOM

 

Con DOOM se incumple un poco aquello de los ‘inolvidables’, los ‘feels’ y todo eso, pero la labor de id Software para hacer que se vuelva a hablar de un shooter por su campaña y no por su multijugador online ha sido meritoria, como poco. DOOM ha conseguido ser algo diferente, incluso dentro de su propia saga con la que comparte unas raíces poderosísimas casi como ‘padre’ de un género, pero no sólo ha sabido reinventarse sino que también ha sabido tener otro toque completamente diferenciador dentro de un género manido. No es sólo cuestión del rock’n’roll, el infierno y las motosierras, sino del ritmo de juego único, frenético pero calculado, generoso y exigente, vasto pero sin sobrantes,… DOOM no sólo es terriblemente divertido y satisfactorio a niveles a los que puede ser problemático reconocer, sino que marca el camino a seguir para muchas de esas sagas que regresan sin ton ni son con la única excusa de la nostalgia más barata. DOOM demuestra que aún hay mucho que hacer en los videojuegos, tanto con lo nuevo como con lo clásico.

 

 

8 – Overwatch

 

El buen hacer de Blizzard debería ser una asignatura a estudiar en algún tipo de escuela de diseño de videojuegos. Overwatch no ha inventado nada, de acuerdo, Team Fortress con más héroes que dirán muchos, pero Blizzard consigue enamorar a toda clase de jugador desde el primer momento, desde una estética atractiva que hace que quieras jugar con algún personaje, pero una vez superada esa barrera del primer juicio, las primeras horas lo hacen todo, como siempre. La magia de los tutoriales de Blizzard, la facilidad con la que enseña a la vez que engancha y te muestra que tienes muchísimo más aún por descubrir, que se suma a la garantía marca de la casa de que habrá juego para muchos, muchos años. Todo esto junto al buen hacer en cuanto a la variedad de personajes, el trato a la comunidad, los constantes balanceos y, qué demonios, lo divertido que es jugar o lo satisfactorio que es esforzarse y ser bien recompensado por las votaciones de los compañeros o la jugada destacada, todo esto hace que Overwatch esté en esta lista, porque consigue lo que se propone aunque sólo sea online o su historia se cuente por YouTube.

 

 

7 – Forza Horizon 3

 

No conduzco en la vida real, y nunca recuerdo lo que me gustan los juegos de conducción hasta que no me planto ante uno, lo juego unas semanas y, lejos de engancharme, lo olvido hasta que llega el siguiente. Forza Horizon 3 no se me ha olvidado. El que considero que es uno de los ‘sucesores espirituales’ de Project Gotham Racing, recogiendo el testigo de aquella clase y ampliando la formula, ha dado con la tecla correcta en su tercera entrega, la más amplia, la más variada y la más bonita. Porque Forza Horizon 3 es bonito a rabiar, desprende buen hacer y detallismo en cada uno de sus bits, en cada salpicadero y cada carrocería, en cada palmera o cada roca de esa Australia comprimida que constantemente está regalando algún momento espectacular. Puede sonar cínico hablar de ‘gráficos’ en una lista guiada por sensaciones, pero las carreteras y los caminos improvisados de Forza Horizon 3 hablan por sí solos. Si Xbox One tiene un ‘vendeconsolas’ no será Halo ni Gears of War, sino éste Forza Horizon 3, un título que no deja de recordar que es imposible no disfrutar de alguna forma de un videojuego bien hecho.

 

 

6 – Uncharted 4: El Desenlace del Ladrón

 

Y cierro aquí la parte ‘graphic whore’ de estos mejores juegos de 2016, continuando un poco con el discurso de DOOM y Forza Horizon 3. Por enumerar algunos de sus méritos, Uncharted 4 ha sabido ser el mejor de los cierres para una saga con sus más y sus menos (pero de indiscutible calidad), ha sabido reinventar en cierta medida una saga de aventuras lineales y ‘scripteadas’ a más no poder con nuevos elementos metidos de la forma más natural posible, ha desarmado por completo la idea de que no se pueden desarrollar personajes interesantes sin secuencias o cajas de texto, ha sentado el referente visual de lo que tendríamos que esperar de esa ‘nueva generación’ que nunca llegaba y ha subido el listón de animaciones y detalles hasta cotas difíciles de alcanzar por la mayoría… Uncharted 4 es un referente para el videojuego actual en todos los sentidos, es la confirmación tras The Last of Us de que Naughty Dog es uno de los estudios en mejor forma del panorama actual de la industria del videojuego, y por si aún no lo tenías claro, es el motivo por el que merece la pena cambiar de generación.

 

 

5 – Titanfall 2

 

Y con esto cierro la parte de la ‘secuelitis’ de la lista, pero Titanfall 2 es el mejor ejemplo de continuación bien entendida, y un ejemplo muy claro de lo que debería primar en el desarrollo de un videojuego. Titanfall 2 es Respawn haciendo absolutamente lo que ha querido de principio a fin, un videojuego no centrado en las ventas o en las tendencias sino mostrando única y exclusivamente lo que sus creadores querían mostrar, explotando al máximo varias mecánicas de juego atractivas como pocas como son el ‘double-jump+wall-run’ y los robots gigantes, y dándolo todo para crear el mejor FPS de un año particularmente bueno para el género. Puede que no te enteres muy bien de quién es quién en la campaña de Titanfall 2, puede que no tenga unos villanos o aliados precisamente memorables, pero lo que es seguro es que es difícil no divertirse y no sentir asombro durante no pocas veces durante una campaña a la que apetece volver. Y sí, también tiene un multijugador online que parece haber salido bastante mejor que el de ‘los grandes’ superventas del género y con la promesa de no cobrar ni un euro más por todas sus ampliaciones de contenido no estético. Merece algo más que ser el shooter olvidado de la pre-campaña navideña de 2016.

 

 

4 – Firewatch

 

Comentaba Mou en este podcast que Firewatch no le parecía para tanto como otros ‘walking simulator’ como Gone Home porque parece más bien un ‘indie para el gran público’, un juego que se explica por sí solo y que no deja mucho lugar a interpretaciones, y no le falta razón, pero quizá por eso a mí me ha calado tan hondo la historia de Henry y Delilah. Firewatch nos cuenta algo con lo que es muy fácil empatizar. No en vano, es una historia sobre la evasión, que es algo que, en el fondo, muchos buscamos al ponernos delante de un videojuego. Firewatch es una aventura intimista, es una historia de algo más real de lo que parece, de dos personas tratando de conectar sin llegar a conocerse demasiado aunque crean lo contrario, de cómo juega con el jugador y constantemente le hace pensar que siempre habrá algo más cuando en realidad nunca ha dado ninguna señal para que lo crea.

 

Firewatch ha conseguido llegarme con cada frase y con cada silencio, me ha intrigado con cada elipsis, me ha tenido en vilo no pocas veces siendo ese jugador que no sabía muy bien qué esperar pero está acostumbrado a algún tipo de trama mal explicada de cara a algún tipo de giro final no muy sorprendente. “¿Y qué esperabas?” dice constantemente Firewatch mientras hace que sigas buscando señales en una historia de un guardabosques depresivo. Y es magnífico.

 

 

3 – The Last Guardian

 

El más cercano a estas fechas ha sido quizá el que ha propiciado el motivo de esta lista de juegos personal, pero creo que hacía falta que llegase un juego de otra época, con manías y defectos de antaño y una propuesta tan insólita a día de hoy, para demostrar todo lo que aún queda por evolucionar en los videojuegos más allá de todas esas características técnicas mensurables. The Last Guardian es un juego muy especial, una obra que me ha hecho sentir miedo, alegría, preocupación, congoja, alivio, calma y casi dolor, sensaciones reales por una criatura que sé que está hecha de unos y ceros, pero que en ningún momento lo parece, y todo esto lo he sentido, no por el protagonista o la cara visible de una historia, sino por un acompañante no controlable que resulta ser mucho más.

 

Puede haber videojuegos sobresalientes por contar una gran historia, puede que los haya por proponer un reto bien medido, puede que sean sobresalientes por plantear unos mecanismos de juego capaces de sobrevivir al paso de las décadas,… Pero The Last Guardian es el único que me ha hecho preocuparme e interesarme de forma real por el bienestar de una criatura que sé que no es real. A pesar de ser una criatura fantástica, su comportamiento es lo más real que he visto nunca en un videojuego. Y esto, junto a otras tantas virtudes que no hay que desdeñar, hacen que The Last Guardian sea un juego tan especial, tan único en su haber, y tan inolvidable.

 

 

2 – Rhythm Paradise Megamix

 

¿Cómo olvidarme de un juego que me ha hecho feliz en un momento en que no sabía que tanto lo necesitaba? Rhythm Paradise Megamix es una auténtica maravilla, y al contrario que muchos de los juegos que componen esta lista de mejores del año, es una maravilla que se puede recomendar a absolutamente cualquier tipo de persona con oídos funcionales. Aquí no hay ‘feels’ que valgan, Rhythm Paradise Megamix es un videojuego divertido, alegre, puro y, por supuesto, muy muy bien diseñado. La cantidad de capas con las que se puede llegar a entender cada uno de los más de 100 minijuegos rítmicos es algo asombroso, tanto como la cantidad de motivos por los que te puedes llegar a reír con ellos sin necesidad de recurrir al humor socarrón, al meme fácil o a romper la cuarta pared (nota: ser autoconsciente de ser un videojuego y hacer parodia de ello no hace que automáticamente seas un buen juego).

 

 

De entre tantas y tantas apuestas diferentes que buscan afrontar el videojuego desde tantos frentes distintos, no viene mal algo como Rhythm Paradise Megamix que nos recuerda que estamos aquí para divertirnos, para pasar un buen rato de forma interactiva, en ese ejercicio de acción-reacción que ha de ser gratificante y que nos recompensa de todo tipo de formas por pulsar botones en el momento correcto. El videojuego es un medio con un potencial infinito, y desde luego que puede (y debe) aspirar a mucho más que este simple concepto, pero nunca ha de olvidar lo mucho que se puede conseguir con bien poco.

 

 

1 – The Witness

 

Con toda esta oleada de pensamiento del videojuego como servicio y la industria estudiando y analizando al consumidor para que no deje de ser, eso, un consumidor, tendemos a olvidarnos del mérito al autor. Equipos cada vez más grandes con presupuestos cada vez mayores, crean cada vez en menos tiempo productos en los que el consumidor es el rey, donde no hay reto alguno y se difumina la línea entre el videojuego y un producto diferente que quiere parecerse al cine pero con algún botón de por medio. E insisto, tiene que haber de todo y está bien que lo haya, pero cuando llegan obras tan complejas, tan rompemoldes y con tanto mérito del autor como es The Witness, es justo reconocerlo como se merece.

 

The Witness no deja de ser un juego de puzles en ningún momento, un juego en el que buscar paneles en los que hacer que una línea vaya de principio a fin con un recorrido determinado, hasta que algo te hace ‘click’ en el cerebro y de repente todo pueden ser puzles más allá de los paneles, y sombras, reflejos, ramas o rendijas son en realidad, parte de un gran puzle. Hay cierto ‘efecto Tetris’ en The Witness, esa obsesión de llegar a ver tetriminos cayendo ante tus párpados o querer colocarlo todo de forma que mejor encaje mientras tarareas la ‘Korobeiniki’ vuelve en The Witness y su idea de que cualquier cosa puede ser un puzle, cualquier aspecto de la vida real puede tener una forma reveladora que, en el fondo, no sirve para nada más que para la propia satisfacción de haberlo descubierto.

 

 

Y como decía, el mérito del autor aquí es importantísimo. No por su nombre o sus obras anteriores, ni mucho menos, pero si resolver todos y cada uno de los acertijos de The Witness es una tarea titánica, no quiero ni imaginar lo que tuvo que haber sido diseñarlos, darles sentido, pensar tantísimo lenguaje diferente para una misma mecánica y enseñar al jugador a resolverlo sin tener que decirle en ningún momento con texto lo que significa un punto negro o un triángulo blanco invertido.

 

The Witness es un juego duro, pero es un videojuego al 100%. The Witness ha dejado sensaciones muy curiosas en mí, desde la frustración de no entender algo que en el fondo me han ido haciendo entender sin explicaciones a la desesperación de tener que trazar todo tipo de esquemas con papel y lápiz en lo que parecerían las notas de un loco diagnosticado, pero lo mejor de todo es que todo, absolutamente todo lo que necesitas para comprender The Witness está dentro del propio The Witness, y la satisfacción de comprender algo tan bien planteado es algo impagable, y, una vez más, algo así sólo se puede conseguir a través de un videojuego.

 

 

 

Ver también:

-GOTY 2016 según Adrián Suárez
-GOTY 2016 según Álex Pareja
-GOTY 2016 según Diego Emegé
-GOTY 2016 según Julián Plaza
-GOTY 2016 según Rafa del Río

3
Comentarios
Comentar
    • Ayer me pillé el Reigns, siguiendo la recomendación. Está a 0.99€ para iOS y 0.50€ ahora mismo para Android.
      Esperaba un juego de decisiones "tipo Tinder" Si/No y me he encontrado bastante más que eso. Desde decisiones más ambiguas hasta exploración de mazmorras y combate. Combate Monkeyíslico! Del que respondes de una forma u otra para atacar o para defenderte en tu turno. Y modificadores.
      No veía un giro en la profundidad desde que Papers Please empieza a liarse.

      Y larga vida a Rhythm Paradise Megamix y Tibby.
En respuesta al comentario anterior:
    • Te ha molado, eh? Me da rabia no haber hecho análisis por aquí en su día por falta de tiempo, pero fue el descubrimiento del verano. Y puedes jugarlo en un avión!
    • Me gusta porque al final puedes contar unas buenas anécdotas. Como aquella vez que me vino el verdugo del reino diciendo

      - Soy un asesino en serie.
      - Bueno, es tu trabajo.
      - No quiero seguir haciéndolo...
      - Vaya...
      Me viene el curandero/alquimista
      - Puedo hacer yo de verdugo?
      - Tu?
      - Tengo unos venenos que querría probar con cobayas
      - Ok.

      Y la siguiente carta es que ha desatado una epidemia y eres de los primeros en morir.

      O aquella que invitas a un rey vecino y... Bueno, mejor comprarlo y descubrirlo.

      A ver cuantos de la redacción se lo compran para poder comentarlo en el próximo MGPodcast.
Para escribir un comentario debes registrarte o acceder al sistema
Entrar