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Analisis Project Zero Maiden of Black Water ,WIIU

Vuelta atrás para disfrutar del terror japonés.
Martes 20 de Octubre de 2015 por Víctor Junquera

Para disfrutar del nuevo Project Zero y adentrarse un poco en el tipo de terror y tensión que propone, hay que quitarse las gafas de la realidad. Ir a localizaciones como 'el Valle Prohibido' por voluntad propia no parece la mejor de las ideas, y tener un sentido de anticipación de todo lo que puede llegar a pasar puede sacarte algo de lugar si no se mira con la perspectiva correcta. Pero bueno, para esto también hay que quitarse las gafas de 'malditos japoneses pervertidos', porque si nos ponemos con ello sería un no parar, empezando por el indicador de mojadura de las protagonistas sutilmente representado por una flor. Pero eso es harina de otro costal, y teniendo bien claro que Japón no tiene pudor ni problemas en estos aspectos, el nuevo Project Zero se puede llegar a disfrutar bastante.

 

Miu, una de las protagonistas, es la hija de Miku Hinasaki, primera protagonista de la saga.

 

Es curioso que sigamos pidiendo juegos de terror 'como los de antes', pero cuando llegan, a día de hoy la ejecución parece pobre. El control duro y complicado es una forma de hacer sentir tensión como otra cualquiera, claro que antaño era así porque no había otro remedio, y ahora bien se ha demostrado que se puede hacer pasar miedo al jugador sin necesidad de hacerle sentir indefenso por culpa de un control que no responde tan rápido como gustaría.

 

En el GamePad vemos los puntos débiles de los fantasmas. Es obligatorio para jugar y es algo diferente, pero realmente se podría jugar bien sin él.

 

Y ese es uno de los principales problemas de Project Zero: Maiden of Black Water, conocido en otros lugares como Fatal Frame V, y resaltado en muchos otros como 'otra exclusiva +18 de Wii U'. La idea de regresar a un entorno emo en el que adolescentes taciturnas y con alguna ligera tendencia al suicidio hacen frente a fantasmas mediante una cámara implementada en el Wii U GamePad tiene un punto de atractivo, y ese uso principal del juego asimétrico a dos pantallas, el verlo todo en la pantalla grande pero mirar a través de la lente de la Camera Obscura en la pantalla del GamePad, y apuntar y mover esa cámara al mover el mando, es sin duda el punto fuerte del juego.

 

La ambientación y la iconografía del folclore japonés, eso sí, fantástica.

 

Pero todo lo que no es relativo a la cámara, el control de Yuri, Miu y Ren a la hora de explorar y, sobre todo a la hora de combatir, se siente mucho más lento de lo que debería, como si la saga se hubiese propuesto quedarse a finales de los 90. Y aunque la indefensión que esto provoca ayuda a sentir ese extra de tensión que quiere el juego, en el fondo se nota que no es un juego con unas mecánicas muy de hoy en día. Aunque hayan querido impregnar de realismo la piel y la ropa de las protagonistas y la forma en que se humedecen, en las animaciones es cuando se ve esa falta de adaptación a hoy en día, en giros que tardan más de la cuenta en situaciones clave, en esquivas no muy bien implementadas y en situaciones que, en general, hacen ver que es el personaje y no tú quien no puede seguir la acción.

 

Tocar fantasmas una vez liquidados ayuda a conocer más del juego mediante flashbacks con filtro de VHS.

 

Y es una pena, porque por lo demás, esta 'vuelta a lo que se hacía antes' sigue demostrando que el backtracking, los puzles, la observación y la gestión de munición (en forma de carretes en este caso) siguen siendo la clave de un buen survival horror. Project Zero: Maiden of Black Water propone una buena cantidad de escenarios diferentes y obliga a avanzar por ellos poco a poco, para que nos quedemos con detalles interesantes, para que busquemos acabar con todos los fantasmas y 'tocarlos' en el momento de su desvanecimiento para concer la historia oculta de ese monte maldito, nos hace avanzar y retroceder en busca de pistas y materializando fotos que hacen que tengamos que estar pendientes también del escenario que nos rodea. Incluso en uno de los capítulos más avanzados hay una suerte de 'mansión' en la que buscar llaves con símbolos para abrir puertas determinadas.

 

El capítulo de Ayane, pese a ser puro fanservice, no está nada mal.

 

Claro que, aunque podría llegar a ser perfecta esta regresión, no lo consigue del todo. Este nuevo Project Zero resulta ser un juego mucho más largo que la media del género, y una primera partida puede llegar a superar las 15 horas de juego. El problema de esta cifra es que mucho parece relleno, y aunque revisitar escenarios está bien, el juego abusa de ello y tenemos que volver en más de tres ocasiones a muchos escenarios a hacer lo mismo con otro personaje, sin motivo aparente para que avance la trama. E incluso cuando en la recta final parecía que ya se había conseguido algo de elipsis al ir desbloqueando caminos alternativos o directos a ciertos lugares, justo llega el último capítulo que obliga a recorrerlo prácticamente todo de nuevo con los tres personajes, estirando el chicle dos horas más sin mucho sentido.

 

Pero en general no es un juego del que se pueda decir que viene corto de contenido, duración o extras. Varios niveles de dificultad, muchísimos coleccionables, trajes desbloqueables, e incluso un capítulo extra en el que manejamos a Ayane, de Dead or Alive, con mecánicas de juego completamente diferentes (y con física propia para sus pechos, claro, leed los extractos de la entrevista en Famitsu, que no tienen desperdicio).

 

El tema de la obsesión por la ropa mojada, ajustada y transparente, las gotas cayendo, las clavículas, la piel, los rebotecitos y tal está ahí, pero si nos centramos sólo en eso nos perdemos mucho más.

 

Y al final la sensación con Project Zero: Maiden of Black Water es positiva, siendo una experiencia anticuada a la vez que moderna en sus proporciones justas, pero no puedo olvidarme del tirón de orejas a quien resulte pertinente por traernos el juego sólo en inglés y ya advirtiendo que su edición física será MUY limitada. Pero al menos lo tenemos, y poniéndonos las gafas de leer inglés tras quitarnos las de ofendernos por las transparencias innecesarias, se puede disfrutar.

7
/ 10

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