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Analisis Nintendo Pocket Football Club ,3DS

Katanas y yokais para uno de los primeros grandes juegos de 2017.
Jueves 02 de Febrero de 2017 por Rafa del Río

El tercero de los intentos de Nintendo por demostrar que puede hacer cosas diferentes es, sin duda, el mejor. Después de un F2P ambientado en el mundillo de Steel Diver y el Candy Crush de Pokémon, llega, no un juego de fútbol que sería incapaz de competir con FIFA, ni un party game como sería un Super Mario Strikers, sino un manager con todo el estilo característico de Nintendo, capaz de transmitir realismo en la emoción del deporte a través de monigotes pixelados, simple, pero con una profundidad difícil de creer durante las primeras horas que se acaba alcanzando a base de paciencia.

 

Porque a pesar de ser un título tan Nintendo, NPFC comienza siendo lo anti-Nintendo. No facilita nada, no comienza mostrando todos los elementos básicos del juego hechos para ser superados con poco esuferzo para ir aumentando el reto con una curva de dificultad perfectamente medida, sino que nos empieza poniendo a dirigir un triste equipo regional con el que la derrota está asegurada. Y ahí empieza el juego, no en jugar los partidos, sino en disfrutarlos aprendiendo los detalles de cada jugador ficticio y potenciándolos entre partido y partido, que es donde se encuentra el juego de verdad.

 

Ni culé, ni merengue, ni perico, ni colchonero, ni sportinguista,... Yo soy del MG Club, básicamente porque ese es el equipo del míster Junquera (meterse en el papel ayuda a disfrutarlo aún más).

 

Como ya os comentábamos en el avance del juego, los partidos pueden llegar a ser realmente emocionantes a pesar de la falta de realismo y de la falta de licencias. Todo depende de la implicación del jugador, pero realmente, tu equipo favorito siempre está en pantalla, y hay que vivir cada minuto del encuentro como si lo estuvieses jugando. Y aún sin ser un gran apasionado del fútbol, algo tiene Nintendo Pocket Football Club que te hace sentir unos colores.

 

NPFC tiene una curva de desarrollo rara, atípica. Empezar perdiendo todo, ganar poco a poco a medida que vamos cogiendo el truco de cada opción estratégica y, sobre todo, a medida que mejoramos a los jugadores mediante entrenamiento (o con algún nuevo fichaje), encontrarte ocasionalmente con derrotas aplastantes en la primera fase de un torneo interestatal, recuperarte poco a poco de las posiciones de descenso, luchar por el ascenso como si fuese el final del juego (cuando aún hay cuatro divisiones por encima),... Y lo que al principio comienza siendo incluso un poco tedioso como es el tener que ver partidos amistosos para conseguir tarjetas de entrenamiento, en las ligas superiores termina por convertirse en un ejercicio de malabares para compaginar entrenamientos, los partidos semanales sin casi descansos, y la necesidad de cambiar de alineación titular con regularidad para que los jugadores más importantes no acaben quemados y con más riesgo de lesiones. Y ahí está la emoción de ser entrenador de la forma más sencilla posible.

 

 

En la simpleza de Nintendo Pocket Football Club radica su encanto, pero no por ser simple es menos realista. Al prescindir más o menos de línea temporal y de licencias, nos ahorra cosas ridículas que tienen los modos carrera de otros juegos como ver a Cristiano con 38 años jugando en el PSG, y por supuesto, con el ambiente buenrollero y user-friendly de todo juego de Nintendo, nos ahorra también el estar pendientes de centenares de comandos y factores antes, durante y después de los partidos. No hay ruedas de prensa, no hay reprimendas motivacionales, no hay represalias por poner a alguien en el banquillo, no hay sanciones de la federación por fichajes ilegales,... Y así podemos centrarnos en hacer siempre lo mejor por nuestro equipo entre partidos, y disfrutar de cada encuentro como si fuésemos un espectador más, sólo teniendo en cuenta los cambios y las pausas, sin estrategias rápidas de por medio.

 

Quizá intentando encontrar el punto medio entre espectador y manager compulsivo se ha quedado un poco corto en opciones y tira más del lado espectador, pero en realidad intenta buscar más la formación de tu propio Dream Team a través del esfuerzo y la buena organización entre entrenamientos y partidos que a través de victorias parcialmente azarosas y acumulación de dinero para invertirlo en estrellas ya reconocidas, y eso, en parte, es una nueva forma de disfrutar del fútbol, contando con que el grueso del juego se basa, sobre todo, en saber aprovechar esas cartas de entrenamiento, en encontrar las combinaciones adecuadas para aprovechar al 100% cada entrenamiento y cambiar de forma adecuada la actitud de cada jugador (Polivalente, Completo, Sombra, Defensivo, Cerebro, Oportunista, Relámpago,...) con hasta 125 combinaciones especiales de cartas que tenemos que descubrir a base de probar. Si sólo nos permitiesen crear jugadores a nuestro antojo y poder hacer de verdad un MG Club con su Piedrabuena, Mouriño, del Río, Ondina, Dayo, Louviers y compañía... 

 

En las tarjetas de entrenamiento radica toda la gracia del juego. Utilízalas bien, pero no abuses de los jugadores estrella, o se cansarán. Incluso si son demasiado buenos para tu equipo, pueden irse por ofertas de otros clubs que no puedes igualar.

 

Nintendo Pocket Football Club es un juego positivo. Es fútbol con moraleja, siempre se irá a mejor, incluso aunque fracasemos en una liga o un torneo, incluso aunque nada nos salve de los puestos de descenso, cada partido sirve para mejorar un poco más, y es el 'no hay mal que por bien no venga' en su máxima expresión. Pero eso sí, para que el juego se convierta en la experiencia casi infinita que es, incluyendo mercados de fichajes online entre amigos y la búsqueda del refinamiento absoluto de tu escuadra, hay que echarle mucha, mucha paciencia. Entonces dejarás de verlos como simples muñecos retro y empezarás a sentir los colores.

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