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Analisis Devil Daggers ,PC

Heavy metal, chavales
Domingo 28 de Febrero de 2016 por Dayo

Devil Daggers es un juego de instinto ¿Dónde estás? Yo qué sé, en el infierno ¿Por qué estás ahí? A mí no me preguntes, tú coge esa daga ¿Y qué haces ahora? Mira, esta es fácil ¿ves a esas calaveras flotantes que vienen a por ti? A esas las matas. Y luego matas a las abominaciones con tentáculos que las generan. Y luego a los insectos calavera gigantes. Y así hasta que acabes muriendo. El único objetivo en este juego es aguantar, y de momento el récord no llega a los diez minutos. Con eso basta para que sepáis que se Devil Daggers es una fiesta. Pero retomemos la conversación, que no os centráis y os han matado. Aparece el marcador, ves los pocos segundos que has podido aguantar, y sólo aparece una opción. “Reintentar”.

 

Pues venga.

 

Devil Daggers recuerda a esa frase de Alien: El Octavo Pasajero, “su perfección estructural sólo está igualada por su hostilidad”. Es un videojuego increíblemente simple; sólo tienes un arma con dos modos de disparo, si calculas bien los saltos puedes impulsarte, la munición no se agota nunca y, si alguien o algo te toca, mueres. Reduce los principios del first person shooter a sus bases más elementales y mezcla el resultado con la filosofía de un Super Hexagon o, por qué no, los endless runner. No hay guión, no hay niveles. No hay objetivos a alcanzar ni secretos ni nada en absoluto. Sólo hay disparos y muerte. Curiosamente para tratarse de un juego sobre pegar tiros sin ningún sentido, Devil Daggers pone énfasis en la atmósfera para hacerte sentir a solas, totalmente superado y enfrentado a un ejército que te supera y contra el que no quieres perder. Cuando mueres, el marcador detalla tu final: “empalado”, “desmembrado”, “purgado”, “sacrificado” y un largo etcétera.

 

Pero sobre todo, lo que vende esta función es el excelente diseño de sonido. No hay más música que un breve redoble de batería acompañado de un riff metalero a cada vez que vuelves a jugar; el resto del tiempo no oyes más que a los monstruos que se abalanzan sobre ti. Mientras otros juegos utilizan radares, minimapas o marcas en la interfaz para señalar dónde está la amenaza, Devil Daggers utiliza el sonido. Cada enemigo suena de una forma distinta y totalmente reconocible, y todos anuncian su llegada con alguna cuña rápida. Es importante saber escuchar porque juegas en primera persona y, si no tienes monstruos delante, es que están detrás, e incluso si tienes problemas frente a ti lo más probable es que algo se esté gestando a tus espaldas.

 

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Devil Daggers se juega como los shooters de la vieja escuela, como se jugaría a un Quake o Unreal Tournament en una partida online: haciendo giros constantes, entre saltos y en tensión. Es, hablando en plata, un juego cabrón, que te fuerza a dejar de disparar si quieres absorber las gemas que te hacen más poderoso pero que al mismo tiempo no deja de aumentar la cantidad de enemigos que van a por ti. Y luego crea monstruos que absorben esas gemas y las convierten en nuevas amenazas si no acabas con ellos a tiempo. Quiere desesperarte y por eso cubre el escenario en sombras y lo despoja de cualquier sonido. No estás jugando como un valiente guerrero; eres un hombre aguantando sus últimos segundos en el Inframundo. Las primeras partidas son frustrantes, aguantar medio minuto parece imposible y el juego no tiene ningún sentido. Sobrevivir por sobrevivir ¿quién quiere eso? Al menos Super Hexagon te hacía aspirar a nuevos niveles.

 

Pero eso es tu inexperiencia hablando. En cuanto descubres que con diez gemas tus disparos son más potentes, cuando ves cómo a los dos minutos aparecen nuevos enemigos y el campo de batalla se convierte en un delicioso caos, el momento en que te encuentras saltando, disparando y apuntando de forma metódica, como si fueras un experto, pero no eres capaz de aguantar tres minutos al asalto de este ejército de las tinieblas, Devil Daggers se convierte en una droga. Es una tentación que te provoca y te dice que no puedes ganar por mucho que te esfuerces y tú, arrogante como sólo un jugador que se ha comprado un shooter puede ser, no vas a tolerar que se rían de ti. Cuando empecé a jugar a Devil Daggers contaba los segundos hasta que pudiera terminar de jugar y librarme de este análisis. Ahora no puedo esperar a quitarme responsabilidades de encima y volver a ese pozo. Seguramente no aguante el examen del tiempo y, como Super Hexagon en su día, será sustituido por el próximo juego sencillo y adictivo que aparezca (justo ahora acaba de salir SUPERHOT), pero ahora mismo no podría importarme menos. Juegos como este están hechos para satisfacer, y satisfecho me siento. No le pido más que olas de monstruos y luchar por cada segundo. Y si vosotros también os sentís tentados, ahí va otra cita de Alien: El Octavo Pasajero; “no tenéis ninguna posibilidad, pero… Contáis con mi simpatía”.

8.5

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