Análisis
Wolfenstein Youngblood XONE

Continuación descafeinada

Wolfenstein Youngblood

Desde Wolfenstein: The New Order, el debate sobre cuál es el verdadero punto fuerte del regreso de la serie ha bailado entre dos frentes: jugabilidad o historia. Muchos han argumentado que este cambio hacia un gameplay más físico, bruto y pesado es lo que da más valor al nuevo Blazkowicz, mientras que otros -y reconozco que aquí es donde me incluyo- comentan que la clave es la historia, el carisma de sus personajes y el mimo especial que desprende un trabajo que, además de acción, también quiere contarnos algo. 

 

Wolfenstein: Youngblood es seguramente la primera continuación que invalida este debate. Y no lo hace porque una parte, la que sea, se sobreponga a la otra, sino más bien porque una de las dos brilla por su ausencia. Quien ya venga informado sabe que hablo de la historia, de una trama que a pesar de contar con una dupla protagonista interesante está tan difuminada que es inevitable echar de menos la contundencia narrativa de The New Colossus. Eso se ha extirpado, y lo que queda es inevitablemente peor. 

 

 

Para poner todas las cartas sobre la mesa, hay que hablar de la estructura. Esta tercera parte -porque lo es, aunque sepa más a spin-off- huye de la sucesión lineal y predefinida de misiones y nos propone un mundo abierto, París, distribuido por distritos a los que desplazarse mediante viaje rápido. Es algo parecido a la Karnaca de Dishonored 2, y aquí es cuando las piezas empiezan a encajar porque MachineGames esta vez ha compartido el desarrollo junto con Arkane Studios. En este Wolfenstein repetiréis zonas, jugaréis con la verticalidad y veréis muchas cosas que recuerdan al sabor que dejaron las aventuras de Corvo Attano. 

 

De la mano de esta exposición vienen las secundarias, misiones que iremos obteniendo en una especie de nexo o hub central conocido como las Catacumbas. Ahí es donde se esconde la resistencia, donde se urden los planes que pretenden recuperar la capital francesa. ¿Cómo hemos acabado ahí? Pues debido a que el bueno de B.J. Blazkowicz ha desaparecido y sus hijas, en un intento de recuperar a su padre, empiezan por el lugar donde se le perdió el rastro. Porque esto es una aventura en pareja y, como tal, pretende ser jugada en compañía. 

 

 

Wolfenstein: Youngblood no esconde su predilección por el cooperativo. Es algo que se ve en cosas tan nimias como que pide crear una partida incluso en solitario, o que no existe el botón de pausa, sino que en su lugar se abre un menú pero la acción se mantiene en tiempo real tras pulsarlo. Todo lo que en las entregas anteriores era un progreso relativamente fácil de seguir, aquí se ha sustituido por un árbol de perks en el que gastar puntos de habilidad que nos permitan compenetrarnos con nuestro compi, y es un sistema que viene con subida de niveles y habilidades bloqueadas hasta alcanzar cifras concretas. Ojalá no fuese así, porque te animan a gastar puntos sobrantes en cosas que quizás no querrías, pero imagino que es en pos de tener un personaje equilibrado. 

 

Y es que merece la pena comentar que aquí los enemigos van con numeritos (nivel recomendado) y con un símbolo que indica qué munición es la más idónea para acabar con ellos. Esto obliga a disponer de un arma en el cambio rápido que tenga las otras balas, y sumado a unos nazis que hay que analizar antes de entrar en acción da como resultado una experiencia que te obliga a pensar más de lo que te gustaría. Personalmente he venido aquí para vaciar cargadores, y me molesta que algunos enemigos sean esponjas de balas por disparar con lo que no toca o que me maten de un golpe porque su nivel está muy por encima del mío. 

 

 

Es una novedad que limita una experiencia que siempre ha querido ser directa, brutal y despiadada. Cuesta hacerse con ella y, tras hacer el esfuerzo de entenderla, he visto que está ahí para poco más que ordenar las secundarias, o al menos no he sabido encontrarle otra razón de peso. Estoy abierto a respuestas. Quizás mi mayor problema con Youngblood es que incorpora una serie de cambios que no lo hacen un mejor Wolfenstein, en todo caso lo harán el más distinto, pero no descarto que todo sea cuestión de que esto es radicalmente opuesto a la imagen mental que me había hecho del juego, una más parecida a los anteriores. 

 

De todos modos, escarbando durante horas -y con la suficiente paciencia- termina saliendo aquello que hizo grandes a The New Order y The New Colossus, y por suerte coincide con un momento en el que tienes suficiente nivel como para no estar (tan) pendiente de los dichosos indicadores. Ahí el juego funciona mucho mejor, especialmente en compañía (ojo porque no tiene pantalla partida, necesitaréis dos copias) y creando un equipo con roles diferenciados: sigilo y tanque. Youngblood intenta forzar esa idea con puntos de avance que requieren a los dos jugadores y con una vida que compartes con el otro; si uno cae, caerán los dos. 

 

 

Aún siendo una entrega con buenas ideas y con el magnífico control heredado de sus antecesores, Wolfenstein: Youngblood no termina de funcionar tan bien como podría; tanto porque sus novedades entran en conflicto con el juego puro como porque no hay guion al que agarrarse. Jess y Zofia son un equipazo y te meas de la risa con ellas, pero por desgracia no tienen muchos momentos para lucirse. Quien quiera un mundo que explorar (en compañía o en solitario), al que volver y que ofrezca más horas que nunca, encontrará una entrega hecha a su justa medida. Llamadme conservador, pero yo solo venía a matar nazis mientras me contaban una buena historia, y esta es la vez en la que la cosa ha salido tirando a regular. 

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Comentarios
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    • Pues vaya planchazo, lo tenía en la mira, pero se me han quitado las ganas, porque justo lo que me apetecía es liarme a tiros a lo salvaje pero con un amigo. Vamos, un Wolfenstein II cooperativo. Lo podían haber llamado de otra forma y no confundes al personal.

      PD: Por cierto, hay una captura repetida.
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Género: Acción en primera persona (FPS)

Saga: Wolfenstein

Distribuidor: Bethesda

Pegi: +18

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