Análisis
West of Dead SWITCH

Ya estamos muertos, ¿por qué no dar otra vuelta?

West of Dead

Lo bueno de morir cuando ya estás muerto es que poco te importa. Y este juego va de morir una y otra vez mientras Ron Perlman te susurra al oído interpretando al protagonista de la aventura, William Mason, que está atrapado en esta especie de Purgatorio infernal que tiene su propio bar. Todo ello aderezado con un estilo artístico que homenajea sin reparos a los cómics de Mike Mignola, creador de Hellboy

 

Acabo de leer ese párrafo y me han dado ganas de parar para deciros: ¿necesitáis algo más? 

 

Pero la vida (y la muerte, según esta obra) no es tan sencilla de entender como parece y no debemos juzgar por unas primeras impresiones. West of Dead es un roguelike de manual, que propone una aventura incierta en la que moriremos sin parar mientras progresamos poquito a poquito, obteniendo mejoras permanentes para el protagonista mientras iniciamos una partida tras otra. Estas se generan bajo el sistema procedimental siguiendo unas reglas, por lo que siempre nos enfrentaremos a un desafío diferente pero que mantiene perennes su estructura y normas. Esto va de aprender y mejorar poco a poco para conseguir llegar al final en algún momento. 

 

 

Su marco es envidiable, ya que West of Dead justifica esta reiteración en su propia historia. William Mason no sabe muy bien cómo ha acabado allí pero está atrapado, no puede hacer otra cosa que tratar de avanzar y descubrir qué está ocurriendo. Su dejadez y desidia forman parte de la propia experiencia; la repetición cansina afecta y se refleja en el propio personaje. El camino conducirá a forjar relaciones con el camarero y con otros personajes que irá encontrando, gestando paulatinamente la comprensión y descubrimiento total de este extraño mundo. 

 

La inspiración en el salvaje Oeste también es obvia no solo en lo artístico, sino en el aspecto jugable. Revólveres, fusiles, escopetas, cañones de mano, hachas... todo tipo de armamento y habilidades que iremos descubriendo y encontrando en nuestros múltiples intentos por descubrir la verdad. Podremos portar dos armas principales a la vez junto a otras habilidades pasivas y activas, que nos servirán para combatir con todo tipo de enemigos. Adaptarse a cada situación es fundamental para avanzar y solo podremos hacerlo cuando conozcamos los patrones de ataque de cada adversario y sepamos cómo funciona exactamente su sistema de armas y de coberturas. 

 

 

West of Dead es duro en su línea de aprendizaje y cada error se paga caro. Hay que cubrirse y disparar a los enemigos, pero todas las armas tienen un cargador limitado que Mason debe recargar cada vez que se agota. Esto propicia momentos de estrés y la continua sensación de que cada bala y cada movimiento es relevante. Saltaremos evitando las balas, nos arrastraremos por el suelo, buscaremos cobertura, utilizaremos cada arma y habilidad con inteligencia... notaremos mejorar nuestra destreza con el paso de las horas. Progresar por estos peligrosos caminos nos permitirá ir obteniendo nuevas armas y puntos, que podremos canjear por mejoras permanentes al más puro estilo Dead Cells

 

Comparado con otros roguelike, West of Dead funciona muy bien en su puesta en escena, en el carisma del protagonista y en la justificación de sus propias reglas. Sin embargo, parece que falta una pequeña capa de pulido general en el control, sobre todo en algunas acciones. En más ocasiones de las que debiera sufriremos daños porque su respuesta no es del todo fina, sobre todo a la hora de esquivar los disparos, o porque visualmente la obra no ayuda demasiado a entender los ataques de ciertos enemigos. Y esto debe formar parte del abecedario básico de cualquier roguelike: el jugador debe sentir siempre que la culpa es suya y de nadie más, porque eso ayuda a sentir que el próximo intento será mejor. Debe obligarte y engancharte, debes sentir la necesidad de intentarlo una vez más todo el rato. 

 

 

Y West of Dead, tras una partida en la que has fallado por algún elemento que sientes fuera de tu control, no te anima a continuar. Son incontables las veces que he deseado dejar el juego para más adelante en lugar de iniciar una nueva vuelta sin pensar. Y es una pena porque todo lo demás es fabuloso. Quizás se pueda trabajar en ello y se implemente alguna mejora con el tiempo, no lo dudaría, aunque no exime a la obra de todos sus aciertos y de que permanecerá instalado en mi PC por mucho tiempo. 

 

Esa finura que West of Dead tiene brindándonos la voz de Ron Perlman junto a su diseño artístico no alcanza esas cotas en el terreno jugable, pero sabe tomar decisiones y elementos de otros roguelike para adaptarlos a su propia historia de desaliño y sarcasmo. Se queda atrás de otros grandes exponentes del género, pero es suficientemente eficaz para saber brillar con luz propia y generar su propio camino. Total, ya estamos muertos, ¿por qué no dar otra vuelta para cargarnos a estos putos demonios una vez más?

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Caratula
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Género: Roguelike

Distribuidor: Raw Fury

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