Análisis
The Touryst SWITCH

Unas vacaciones moviditas

The Touryst

The Touryst es de aquellos juegos que entran irremediablemente por los ojos. Su estética low poly y el tono de su propuesta, de exploración calmada con un punto de contemplativa, recuerda a otros indies como FEZ y representa casi un refugio de paz en el que perderse, aislarse del mundo. Irse de vacaciones. Es una obra que disfrutar a sorbos, un lugar de desconexión que mejor funciona cuanto más importancia le damos a aquello que no la tiene.

 

 

Porque este es de aquellos juegos en los que puedes interactuar con muchos elementos por el simple placer de ver qué pasa. Hay hamacas en las que tumbarse para tomar el sol, fiestas en las que bailar y playas por las que jugar, y acostumbran a ser elementos que no tienen más propósito que el de tener cosas que hacer,  aunque no lleven a nada en términos de avance en la experiencia. Porque cuando uno está de vacaciones no tiene otro propósito que el de disfrutar del tiempo libre. Aunque, bueno, aquí sí lo hay. 

 

No tardamos mucho en dar con un monumento que esconde una cámara secreta, que a su vez tiene reservada una prueba para nosotros y un misterio que nos anima a explorar otras islas para descubrir su propósito. Y hay unas cuantas. La idea del juego es ir consiguiendo tickets de viaje a nuevos lugares que siempre esconderán una nueva prueba que realizar. Los tickets se consiguen principalmente pagando dinero, el cual puede obtenerse de muchas maneras, y para llegar hasta los templos deberemos resolver pequeños obstáculos que a veces tienen que ver con darle equis objeto a un personaje, mientras que otras van más de descubrir patrones ocultos para conseguir que se abran sus puertas.

 

 

Lo curioso de The Touryst es que se estructura mediante pequeños mundos, pero todos están interconectados. En cada isla o resort daremos con gente que pide cosas concretas -que nos da secundarias, vaya- como ingredientes para su tienda de zumos o batidos para que nos dejen pasar, y más de una vez tocará volver a zonas ya visitadas para completar cosas pendientes. Al final, aunque estemos de vacaciones hay mucho que hacer, pero por suerte nunca hay ningún indicador que nos meta prisa o que nos agobie. El tono siempre es de sosiego y relajación.

 

Las pruebas en sí no son especialmente largas, y no ofrecen más pistas que lo que se deduce a nivel visual. Es decir, a veces toca apañárselas hasta que ves cuál es la solución, y luego todo depende de la habilidad para llevarla a cabo. Funcionan bastante bien y hasta son resultonas, por eso de ser mitad puzle mitad plataformeo y por tener un regusto a Zelda. No son secciones de más de 10 minutines que le dan un muy buen ritmo a una aventura que, ya que hablamos de tiempos, se finiquita en unas cinco horas más o menos. Todo depende del tiempo que quieras quedarte estirado tomando el sol.

 

 

A The Touryst le pediría un punto más en cuanto a personalización, y también le sentaría genial dejarse abrazar por el humor; casi lo pide a gritos. Pero en lo demás es una maquinaria bien engrasada, pequeñita, para viajes cortos, pero bien engrasada. Cuanto más te dejes llevar por sus mundos, cuanto más bailes, te estires en la hamaca o juegues a las recreativas -ojo a esto último, porque viene con homenajes chulísimos-, más te gustará. Pero sobre todo eso, recuerda que estás de vacaciones. Hay un misterio, sí, pero puede resolverse sin prisas.

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Género: Aventura

Distribuidor: Shin'en

Pegi: +3

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