Análisis
The Red Strings Club PC

Una bebida para cada tipo de persona.

The Red Strings Club

Sabes cuándo un videojuego es especial porque sigues pensando en él después de acabarlo. Incluso sientes la necesidad de volver para experimentar la propuesta otra vez, descubrir más secretos o, como en este caso concreto, para plantear tu presencia de otra forma. The Red Strings Club, a pesar de su corta duración, logra hacer sentir al jugador que es totalmente partícipe de la historia que nos narra, trastocándola gracias a sus decisiones y su manera de pensar. Lo mejor de todo es que las cuestiones que propone el título son tan profundas que cuesta mucho estar de acuerdo con uno mismo al tomarlas.

 

Lo hace a propósito, por supuesto. Ya comentaba que The Red Strings Club es un videojuego increíblemente bien escrito, con inteligencia, coherencia y saber hacer. Todo lo que se plantea en los largos diálogos del título son dilemas morales y filosóficos importantes, que a pesar de estar planteados en un supuesto futuro distópico también pueden ser factibles en nuestro presente más real. La inclusión de la tecnología y el avance de la ciencia en favor de una humanidad más perfecta, libre incluso de aquellos sentimientos negativos que afectan personalmente y globalmente a nuestra supervivencia. 

 

¿Aceptarías un implante artificial que eliminara tu tristeza para siempre? ¿Uno que evitara que tus peores cualidades afloren? ¿Sería eso humano o acabaría con nosotros? ¿Hasta qué punto es lícito que nuestros descubrimientos y avances puedan variar a la humanidad aunque la meta sea acabar con todo lo malo? Quizás, acabar con lo malo no nos deje valorar lo bueno, o puede que sí. Estas son solo algunas de las cuestiones que The Red Strings Club nos introduce en la cabeza, y a los que tendremos que obtener respuestas variando la trama por ello. 

 

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La obra se desarrolla a través de unos diálogos entre varios personajes bien diferentes, que hablan de manera distinta, visten con un estilo totalmente personal e incluso ven el mundo de maneras muy variadas. Esa diferenciación está muy bien implementada y gracias a la escritura, alabada unos párrafos atrás, encontramos a unos personajes sublimes y muy bien definidos, creíbles en cada una de sus intervenciones. Es como la vida misma: diferentes pensamientos porque esa diversidad de percepciones es lo que nos termina convirtiendo en humanos. 

 

Pero no solo hay diálogos y tomas de decisiones en The Red Strings Club, sino que se van intercalando una suerte de minijuegos con momentos de aventura gráfica más pura. En ningún momento el título se hace repetitivo y sabe generar situaciones diferentes que funcionan muy bien en su conjunto. Me quedo, por encima de todas las demás, por originalidad y diversión, con la que se plantea dentro del bar. En esta etapa de la aventra nosotros controlamos a un barman muy especial, capaz de percibir las emociones más puras de sus clientes. Sintiendo esas emociones, deberemos crear diferentes bebidas y cócteles que acentúen unos sentimientos u otros antes de proceder al diálogo, obteniendo diferentes resultados. 

 

De hecho, The Red Strings Club ha sabido dejarme con ganas de más. Creo que no hubiese sido un error haber implementado a más personajes o más momentos laborales en el bar, incluso con la presencia de personajes que no terminen siendo siempre relevantes de una forma u otra para la trama. También, con el potencial de la historia y los dilemas que plantea, se podía haber profundizado mucho más en ellos o haber generado algunas ramificaciones más en los diálogos o las historias, aunque siempre podemos repetir el juego las veces que hagan falta para tratar de encontrar estas nuevas vías. 

 

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Supongo que es uno de los aciertos del propio título, de todas formas, saber darnos lo justo sin pasarse demasiado, para no caer en la repetición ni en el automatismo jugable. The Red Strings Club se siente como un videojuego de autor, que quiere transmitir unas ideas concretas y que desea que el jugador interactúe con él mientras da vueltas a esos temas, haciéndose partícipe de estos dilemas no solo para seguir avanzando en la aventura. 

 

Sigo pensando en The Red Strings Club y eso es bueno. Continúo asimilando muchos de los conceptos y cuestiones que ha planteado. Y quién sabe, puede que su presencia en mi vida haya podido cambiar algunas percepciones o incidir en algunos de mis pensamientos, y eso es algo que pocos videojuegos tienen a su alcance. Si os llama la atención y queréis un título profundo en sus temas, capaz de plantear dilemas filosóficos y hacernos pensar sobre nosotros mismos, nuestra presencia en el mundo y las consecuencias de nuestros actos a un nivel directo o indirecto, debéis entrar al Red Strings Club y dejar que ese misterioso barman os sirva el cóctel que crea que es mejor para vosotros.

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Comentarios
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    • Rafa del Río se sacaría todos los logros del juego de un trago, dada su dilatada experiencia en bebidas espirituosas jajaj
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Género: Aventura Gráfica

Distribuidor: Devolver Digital

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