Análisis
Superliminal XONE

Perspectiva experimental.

Superliminal

¿Qué soléis soñar? Yo tengo sueños variadísimos y sin ningún sentido. Normalmente participan miembros de mi familia o amistades cercanas, a veces están ahí mientras yo tengo unos problemas muy estúpidos. Otras veces solo tengo imágenes rápidas, flashes que recuerdo en las primeras horas del día. Nunca he podido distinguir que un sueño es lo que es, así que acepto las cosas raras como si fueran lo más normal del mundo.

 

Hasta que me despierto.

 

Superliminal es un juego experimental que agarra con fuerza la aceptación por parte del usuario (o soñador, en este caso) de que cualquier cosa tiene sentido en el mundo onírico y retuerce las leyes que tenemos más interiorizadas sobre la percepción visual y espacial. Dicha propuesta lleva poco más de un año en el mercado, pero ahora llega a Nintendo Switch y nos rememora ciertas afirmaciones sobre la manera de ver las cosas que vale la pena tener en cuenta.

 

 

Aparecemos en una sala tras haber visto un anuncio sobre una empresa que proporciona terapia de sueño para personas que dudan mucho de sí mismas y hacen una montaña de un grano de arena ante cualquier problema. Y, aunque no hayamos visto la transición de llegar a las oficinas de la compañía, sabemos que hemos contratado ese servicio. Las salas se sienten extrañamente vacías y alejadas de nosotros, como si fuera, precisamente, un sueño. Pero está controlado por la agencia en la que nos encontramos, así que todo debería salir bien. ¿No?

 

Pues no.

 

Avanzamos por las habitaciones aburridas y de escaso mobiliario y aprendemos uno de los puntos clave de Superliminal: la alteración total de la percepción. Un aspecto que nos permite coger objetos y cambiarles de tamaño según lo cerca que los tengamos de nuestra mirada o hacer aparecer elementos si adoptamos la posición adecuada. Estas “habilidades”, que no dejan de ser maneras distintas de representar la profundidad visual, serán la clave para resolver los puzles y obstáculos que encontramos, siguiendo un camino que, supuestamente, forma parte del sueño programado.

 

 

Pronto llegaremos a pasillos abandonados, frío metal con puertas que conducen rápidamente a la tranquilidad de las salas que recorríamos anteriormente. Como si rompiéramos los límites de la simulación y se nos recondujera a la ruta prevista. Esos momentos producen cierta tensión en el jugador y acaban relacionándose a la perfección con la definición del sueño como lugar en el que, aunque hay mil posibilidades de entretenimiento, todas pueden torcerse en un solo momento. La pesadilla puede aparecer instantánteamente.

 

A medida que continuamos buscándole una explicación a todo lo que vemos, siempre en la más absoluta soledad, los enigmas se hacen más extraños, las formas cambian, hay teletransportes y los colores desaparecen como consecuencia de alejarnos del recorrido común más veces de las que deberíamos. Nos perdemos; la simulación lo sabe y nos echa la culpa. Como si quisiéramos hurgar en los confines del sueño a propósito, explorar a cuánto podemos llegar. Y quizás es esto lo que buscamos.

 

 

Superliminal es misterioso, juega con conceptos abstractos a través de ejemplificaciones materiales para recordar al usuario que las normas son totalmente distintas a como las conocemos. El mundo de los sueños es lo suficientemente enigmático como para ser la casa de todo tipo de experimentos en lo referente a videojuegos, en este caso, sobre los límites de la perspectiva. Los puzles son originales, y aunque alguno se intuye con facilidad, cuesta mucho habituarse a las leyes visuales que presenta el juego al sentirse muy extrañas para el jugador. Esto no es un punto negativo, ya que es la mejor manera de transmitir su mensaje. Y al ser el sueño algo tan descontextualizado y desconocido, es perfectamente viable concebirlo como un lugar donde predomina la sensación de intranquilidad.

 

Todo se unifica con la soledad constante durante la partida, pues no nos encontraremos más que mensajes grabados de personas que no conocemos de nada. Intuimos que el viaje es experimental y personal, de modo que se justifica la ausencia de más personajes y el ritmo pausado del juego tanto en las escenas tranquilas en habitaciones de hotel como en pasillos tenebrosos. No obstante, debo admitir que la linealidad es excesiva. Se da la ilusión de exploración de posibilidades con un sueño que no está funcionando como debería, de modo que el usuario, aunque es consciente de que todo está modelado por desarrolladores reales, debería tener la sensación de estar explorando más allá de lo posible en un concepto muy ajeno a la comprensión humana.

 

 

Sin embargo, y a pesar de que en varias ocasiones se menciona que somos los únicos culpables de alejarnos del recorrido, no nos proporcionan alternativas más “correctas”. Se insiste con la importancia del cambio de perspectiva ante los problemas, pero en los puzles solo hay una perspectiva posible que actúe como solución. Incluso si, en escenas contadas, se consigue alcanzar una puerta más escondida, lo único que habrá es un cartel que pide amablemente que se de media vuelta.

 

Quitando esto, no deja de ser una experiencia interesante que profundiza en la perspectiva tanto para recrear unos obstáculos entretenidos como para transmitir un mensaje inspirador. Cortito y ameno, ofrece una aventura singular y silenciosa que hará reflexionar a más de uno. Y, si os paráis a pensarlo, hay muchos sueños que funcionan como revelaciones de soluciones a problemas.

 

¿Quién sabe si no estamos ahora mismo atrapados en uno?

7.5

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Caratula
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Género: Puzle

Distribuidor: Pillow Castle

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