Análisis
Summer in Mara PS4

Este es el verano que tenía planeado

Summer in Mara

Desde el primer instante en que puse mis ojos en el tráiler de Summer in Mara supe que era un match perfecto para mí. No solo me encontraba frente a un videojuego de una calidad artística simplemente excepcional, sino que además tiene todo lo que me hace feliz en mi tiempo de ocio: cocina, crafteo y, cómo no, un precioso huerto. 

 

Y cuando recibí la posibilidad de analizarlo, supe que tenía que ser mío. Summer in Mara es el buque insignia de un estudio de desarrollo español llamado Chibi S.L.U. Las críticas y reseñas generalizadas a este juego no parecen ponerse de acuerdo y yo he decidido daros mi opinión sincera tras sumergirme varias veces en el mar de Mara y probar sus exquisitos platos. Porque Summer in Mara cuenta con muchas cosas interesantes que no había visto antes en un videojuego, pero quizás falla en la base o en la profundidad del tema. 

 

Levanten anclas.

 

Historia de Summer in Mara

 

Summer in Mara nos introduce en una pequeña isla llamada “hogar” donde una qüido (una raza humanoide de seres con apariencia marina pero que habitan en la tierra) cuida y educa a una joven huérfana llamada Koa. Para la yaya, la señora qüido, Koa es demasiado pequeña para poder hacerse a la mar, explorar mundo y conocer a otros como ella y por ello pasa el tiempo manteniéndola alejada, enseñándole a cultivar los alimentos, a prepararlos y a mantener el equilibrio en el inmenso mar de Mara.

 

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Pero la vida sigue, y un día Koa se despertará para descubrir que la Yaya ha muerto, que está sola y que tiene que salir adelante por su cuenta.

 

A través de unas mecánicas sencillas tendremos que controlar a Koa, alimentarla, hacer crecer nuestro huerto y esforzarnos en desarrollar nuestra isla hasta llegar a conocer a Nappopo: un ser marino que nos ayudará a poner en funcionamiento el viejo bote de la yaya y salir a hacernos a la mar. 

 

Mecánicas base y primeros días con Summer in Mara

 

La primera hora que pasarás en Summer in Mara funciona a modo de tutorial. En él, espoleada por la yaya, Koa aprenderá a recoger naranjas de los árboles frutales, a plantar vegetales y a cocinar dos o tres cosas sencillas antes de que tú tomes el control completo de su vida. La desaparición de la yaya se realiza de forma abrupta en forma de flash foward, de forma que no te queda otra más que preguntarte qué ha pasado con ella hasta descubrir un pequeño altar a los muertos en una esquinita de tu isla.

 

Desde ese instante, la isla, que ha caído en un estado de decrepitud y cuyas estructuras están prácticamente derruidas, será nuestra entera responsabilidad. El juego cuenta con tres pilares principales sobre los que giran todas las mecánicas principales: el sistema de huerto, el crafteo de materiales y la exploración. Eres, prácticamente, una pequeña pirata ecologista. 

 

De esta forma nuestra isla será nuestra base de operaciones donde podremos arar el campo, plantar semillas de vegetales o árboles frutales y preparar la comida con la que luego nos alimentaremos. Y esto es importante porque en el mundo de Summer in Mara la mejor forma de construir relaciones de confianza con los personajes con los que te irás encontrando es a través de elaboradísimos platos que requieren de muchos ingredientes. No solo eso, sino que además Koa necesita comer para no morirse de hambre. Al modo de los survival, tenemos un indicador de energía y de hambre en la parte superior izquierda que nos permitirá saber el nivel de cansancio o la necesidad que tiene Koa de comer. El mapa del juego cuenta con su propio sistema meteorológico y de simulación de días y noches que afecta a la cantidad de recursos que puedes conseguir y al estado de la propia Koa, por lo que a menudo tendrás que buscarle un sitio a Koa donde pasar la noche de forma confortable. En ese sentido, aunque puedas dormitar en el interior de tu barco o tras algún matorral, lo único que recuperará la energía de Koa con la que pueda realizar acciones es dormir en una cama decente (ya sea en su isla o pagando por una posada / hamaca abandonada) o a través de la comida.

 

Y esto se enlaza directamente con otra de las principales mecánicas del juego, que es el crafteo. En Summer in Mara puedes preparar y craftear diferentes tipos de herramientas, materiales y platos de comida. Existen diferentes niveles de calidades de las herramientas o los materiales que consigues, los cuales te abrirán las puertas a nuevas acciones y nuevas estrategias que puedes tomar (por poner un ejemplo, un martillo normal te permitirá construir pero no retirar piedras pequeñas; y el de hierro será insuficiente para liberar los caminos de escombros). Al más puro estilo de los juegos de móviles donde siempre tienes que conseguir una enorme cantidad de materiales para poder optimizar tus herramientas y seguir jugando, Summer in Mara pone el estándar alto de la cantidad de tiempo que tendrás que invertir para poder avanzar con la historia principal, a menudo a base de la repetición de tareas como la tala de árboles o picando minerales, de forma que el jugador tenga que ir aprendiendo y agradeciendo pequeños trucos que le permitan optimizar estos procesos (como navegar con tu barco por el mar recogiendo barriles abandonados en lugar de desforestar por completo tu isla).

 

El crafteo, aunque simple, es eficiente. Algunos de los elementos y materiales serán sencillos de conseguir mientras que otros, por su propio nivel de rareza, requerirán de diferentes pasos precios para poder obtener simplemente los ingredientes (por ejemplo, una mochila requerirá primero que plantes semillas de algodón, las coseches, las refines hasta hacer hilo, del hilo crees telas y con las telas consigas por fin la mochila).

 

Muchas de las misiones que te irán apareciendo te forzarán a tener que craftear o cocinar cosas para los personajes secundarios y desbloquearán nuevas recetas cada vez más potentes. Sin embargo, el juego a veces no te provee de la posibilidad de conseguir todos estos materiales a través del crafteo, ya que en ocasiones necesitas herramientas que te darán solo en un futuro, obligándote a tener que comprar los ingredientes en tiendas de la isla Qälis. Y dejadme que os comente que esto no es fácil. Summer in Mara no le facilita la vida a los que quieren saltarse la exploración comprando piezas en tiendas, ya que es extremadamente complicado tener una buena cantidad de efectivo en tu poder. A menudo, debido al carácter generoso y a la picaresca de los vecinos de Qälis, tendrás que hacerte cargo tú mismo de las deudas de tus vecinos o comprarles cosas realmente caras para poder avanzar, y lo que te dan a cambio de tus cosechas no suele marcar una diferencia realmente grande.

 

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En ese sentido Summer in Mara fracasa a la hora de facilitarle al jugador el hecho de recuperar semillas de los cultivos ya crecidos ya que le obligará continuamente a tener que estar viajando a la isla de Qälis para poder continuar comprando semillas con las que luego alimentar a los animales que irán mudándose a nuestra isla.

 

La vida pirata, la vida mejor 

 

Y luego, por último, no puedo analizar este juego quedándome solo con su sistema de crafteo  y huerta. ¡Eso sería reducir Summer in Mara a un juego pobre de móviles! Y es que la exploración forma parte de uno de los pilares del juego. De esta forma, Summer in Mara cuenta con un mapa dividido en forma de sistema de cuadrícula que te permitirá, al mismo tiempo que ves las diferentes islas y pasajes desconocidos, realizar un viaje rápido entre los lugares ya visitados. El primer viaje de exploración que harás será a Qälis, la isla de la que era originaria la yaya y donde conocerás a todos los personajes secundarios con los que tendrás que establecer diferentes niveles de confianza. Todos los personajes se te presentarán como gente borde, maleducada, cruel y pícara que se aprovecharán continuamente de ti por el hecho de ser una niña. De esta forma, el juego esconde un profundo mensaje de crítica al capitalismo, a la vanidad y a la crueldad en forma de interesantes y apasionantes conversaciones.

 

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Cada uno de estos personajes te otorgará una misión al más puro estilo de recadero de los juegos más tradicionales. El nivel de molestia de los recados en Summer in Mara va disminuyendo y la experiencia jugable mejora conforme le vas dedicando más horas y obtienes mejores herramientas y materiales, pero las primeras horas del juego pueden llegar a ser extenuantes. De esta forma, para cumplir cualquier pequeño encargo que te haga un personaje (preparar un plato para un joven aprendiz de chef) tendrás que realizar infinidad de pequeños viajes de ida y vuelta no solo alrededor de todo Qälis, sino también hasta tu isla.

 

Esto es especialmente engorroso, como ya os he dicho, en las primeras horas de juego cuando no le tienes cogida la mano a los menús y dinámicas del juego y te ves forzado a dormir durante varios días seguidos para conseguir que algo nuevo ocurra en la vida de Koa o simplemente que llueva, ya que los pozos se secan si no lo hace y las cosechas no crecen.

 

 

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Pero al final uno acaba cogiéndole el tranquillo al propio juego, y en cuanto te permiten emplear el mapa para hacer viajes rápidos, los recados de ida y vuelta se convierten en exactamente la lista de procesos que tienes que realizar en cualquier juego y en la que te vas organizando para poder lidiar con varias de ellas al mismo tiempo. De esta forma acabarás conociendo a piratas amables, qüidos malos y hasta aliens que especulan con el terreno y las propiedades en un viaje lleno de islitas, secretos y mensajes embotellados.

 

Hablemos del apartado gráfico

 

Summer in Mara esconde un magnífico mensaje ecologista basado en el intercambio de materia: todo lo que coges debes devolverlo en su justa medida de valor. De esta forma, te fuerza a replantar todos los árboles que tales y a ayudar al prójimo para equilibrar la bondad del mundo.  

 

Sin embargo lo que más llama la atención del juego es su espectacular apartado gráfico. Si bien es cierto que la fotografía flaquea un poco más y que la composición de planos no es una maravilla en muchos de los momentos seleccionados del juego (como su intento por mostrar una maravilla colorida en el paisaje al arrancar el juego siempre con Koa sentada en el tejado de la casa), sí que es cierto que hay pocos juegos con un apartado artístico tan espectacular como en Summer in Mara. No solo la propia protagonista está diseñada con mimo y cariño, creando a una heroína que, no solo es una niña, sino que además es muy de agradecer que no la sexualicen y que presente una apariencia bastante andrógina (que es lo más coherente teniendo en cuenta su edad y complexión). Los personajes secundarios son variados, interesantes y su diseño es más que atractivo y convincente y todos los elementos que vemos por el juego (desde la UI del interior de la casa de Koa hasta los platos preparados) son una auténtica maravilla que imita las técnicas de acuarela y pastel.

 

A esto hay que sumarle una banda sonora adecuada para el juego al que se suma una canción específica que me provoca verdaderos escalofríos.

 

Pero hay cosas que fallan

 

Pero evidentemente no todo es perfecto en las tierras de Summer in Mara. Para empezar, su UI es increíblemente confusa, de forma que me desesperé a pulsar botones e intentar navegar entre los menús del juego para intentar aprender a comerme lo que preparaba mientras veía a una joven Koa ir muriéndose de hambre ante mis impotentes manos. El intento de simplificación de los menús de Summer in Mara hacen que sea realmente complicado encontrar lo que necesitas en cada momento.

 

He echado especialmente en falta, por ejemplo, un libro de recetas que poder consultar donde ver todos los ingredientes que necesito para construir algo, de forma que no tenga que volver a mi isla o al taller de Sami para poder saber exactamente lo que me falta antes de volver a salir a la mar en busca de las piezas.

 

Como he comentado antes, las dinámicas de días y lo rígido de las misiones de recadera en las que que continuamente tienes que ir de un sitio para otro llegan a hacer el juego cuesta arriba en las primeras horas.

 

Por último, he echado mucho de menos que haya una profesionalización mayor en toda la isla. Por ejemplo, la posibilidad de vender tus platos ya preparados en un restaurante de la zona o que estos vayan mejorar sus capacidades y resultados cuantas más veces los prepares.

 

En conclusión: Summer in Mara me ha parecido sin duda un juego mucho mejor de lo que algunos lo pintan. Tiene sus defectos, sí, pero ¿quién no los tiene? Y al fin y al cabo, hay que invertir algunas horas para comprender todo lo que Chibig ha querido hacer con este juego. Y eso, sin duda, es de valorar.

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Género: Aventura

Distribuidor: Chibig

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