Análisis

Roving Rogue

Humor y buenas ideas.

Roving Rogue

Un juego que se empieza... Por el final. Curioso. No hablamos de esas historias que como recurso y gancho introductorio te meten un corte del final a modo de cliffhanger, sino que la trama de Roving Rogue se desarrolla desde el final hacia el principio, desde el momento de matar al temible brujo en las profundidades del castillo hasta el comienzo en que el Rey de Errepegia te encarga una misión. ¿Cambia todo esto el desarrollo del juego? La realidad es que no, pero funciona muy bien para todo su humor.

 

Roving Rogue es en realidad un plataformas 2D, y por mucho que pueda parecer un juego de acción como Rogue Legacy o incluso un Metroidvania al uso, la realidad es que 'lo único' que tenemos que hacer es llegar de principio a fin de la fase, con premura, evitando que nos alcance la lava que sube en las fases de desarrollo vertical, o que nos pille el derrumbamiento en las fases de desarrollo horizontal. Saltar, saltar, saltar... Y teletransportarse, que es la habilidad especial de este pícaro, y la auténtica miga del juego.

 

 

Hay un teletransporte dirigido, que nos permite saltar a dos cuadros más allá con una breve pulsación, y a cinco cuadros más allá manteniéndolo pulsado, pudiendo escoger el impulso en ocho direcciones, siempre que no topemos con una pared que no se puede atravesar. Hay algunas que sí, y en detectarlas y saber aprovecharlas está la gracia, sobre todo de cara a recoger las tres estatuillas ocultas en cada nivel (coleccionables opcionales).

 

Roving Rogue comienza fácil, pero las situaciones se van endiablando poco a poco hasta llegar a la última pantalla que es un auténtico infierno de saltos entre plataformas medidos al milímetro, prisas, enemigos que disparan flechas y bolas de fuego, y unas estatuillas escondidas con auténtica saña (aunque no son las peores). Y en el fondo, es un placer ver cómo esa mecánica tan simple se ha sabido aprovechar al máximo, en un juego en el que, dado su aspecto parece que tenemos que liarnos a espadazos con cualquiera, como en todo buen RPG, pero a la hora de la verdad sólo tenemos que huír, y como mucho, eliminar a algún que otro monje silenciador que nos anula el teletransporte, y es gracioso, porque no sabemos hasta el último momento por qué somos capaces de eliminar a los enemigos de esa forma que en ningún momento nos explican.

 

 

Son situaciones muy parecidas, son cuatro horas (o más, o menos, dependiendo de vuestra habilidad) de plataformeo constante sin mucha más variedad que la disposición de las plataformas, basado en una sóla mecánica de juego, pero plenamente aprovechada hasta el punto en que ciertas situaciones no sólo nos piden que tengamos en cuenta las distancias del teletransporte, sino también las diferentes inercias del salto y los momentos del cambio para llegar más lejos en el menor tiempo posible.

 

Es uno de esos juegos que, gracias a estar basados en sólo una mecánica, es fácilmente interiorizable y la realizas sin pensar, como si el mando fuese una extensión de tus manos, y conseguir eso es algo realmente maravilloso. De hecho, pensar más de la cuenta es contraproducente, el tiempo corre, la lava y los escombros no esperan, y los checkpoints, estando bien colocados, no son precisamente abundantes.

 

Y de todo esto, de la manía de los malos de poner puertas a 500 metros de altura y de muchos otros clichés del videojuego se mofa Roving Rogue entre sus diálogos, todo muy actual entre arrobas y hashtags, y dándole un toque muy agradable al avance por el juego. La verdad, no es que haya querido avanzar para conocer más de esa historia contada al revés, pero funciona más como recompensa por seguir pantalla tras pantalla. Una breve carcajada tras unos minutos de concentración absoluta.

 

 

También tiene un pequeño aliciente de rejugabilidad en forma de cooperativo para hasta cuatro jugadores. Es un follón, y hay situaciones en las que ya con sólo dos se hacen cuesta arriba, y siendo cuatro acaban siendo prácticamente imposibles. Lo bueno es que la recolección de estatuillas se hace un poco más fácil, al poder encargarse uno de 'sacrificarse' por el bien común.

 

A Roving Rogue le falta mucho para ser un juego perfecto, claro. Tiene algún bajón de rendimiento, podría tener más variedad de situaciones, más variedad musical,... Un cúmulo de cositas menores en este caso, pero todo suma, y a decir verdad, todo eso se olvida en el momento en que te sientes un titán tras superar la infernal última pantalla.

8
/ 10
11 de Julio de 2015 a las 16:00 por Víctor Junquera
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Género: Plataformas

Distribuidor: eShop

Pegi: +7

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