Análisis
Machinarium PC

Entre la decrepitud y la oxidada herrumbre de una gran ciudad encontramos una historia de carne y hueso, con latido fuerte y sentir contagioso.

Machinarium

Machinarium es una creación artística extraordinaria. Es una pieza personal y hermosa que demuestra que los juegos pueden acudir a un estilo más manual y abstracto a la hora de desarrollar su arte. Por suerte para los seres humanos que amamos los videojuegos la tecnología nos ha permitido conocer mundos realistas dentro de una pantalla, pero también mundos surrealistas o conceptuales que transportan la psique a estados alternativos. ¿Qué Machinarium hace eso? Oh sí, y mucho más.

 

Si habéis jugado a Samorost 1 o 2 ya estaréis al tanto de los mundos que crea Jakub Dvorský. Pero mientras que esos juegos combinaban sus adorables dibujos con un collage orgánico de elementos reales, en el caso deMachinarium lo que vemos se ha hecho completamente a mano y desde cero. Cada escenario es sobrecogedor —esa clase de sobrecogedor que nos obliga a pararnos a admirar el paisaje cada vez que entramos en una pantalla nueva—, y está repleto de detalle, rebosante de encanto y pidiendo que lo exploremos.

 

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El protagonista es un robotín adorable que ha sido expulsado de la ciudad. Nuestra misión es volver a entrar, pero a lo largo de la misión iremos encontrando otros quehaceres que ocuparán nuestra atención, como ayudar a un grupo de robots, músicos callejeros, a recuperar sus instrumentos, o echarle una mano a un anciano robot a lubricar su silla de ruedas para que pueda volver a rodar. Cada pequeño paso es un acto de generosidad que se nos devuelve con creces al permitirnos seguir adelante. La mayoría de la acción es la resolución de puzles, ya sea recolectando y combinando objetos para usarlos en el sitio correcto, o puzles en el sentido más puro de la acepción: retos de palancas, juegos de tablero e incluso desafíos cercanos al arcade.

 

Los primeros pasos del juego nos llevan por una serie de estancias o situaciones que deben resolverse una detrás de otra para seguir adelante, pero una vez superamos un buen porcentaje del juego la experiencia se expande, dándonos todo un mundo abierto que disfrutar. Ya en la ciudad encontraremos una especie de punto de encuentro desde el que acceder a muchas otras localizaciones. En muchos sentidos Machinarium se desarrolla como una aventura gráfica tradicional.

 

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Quizá una de esas tradiciones sea lo difícil que puede llegar a ser. El éxito de nuestra aventura depende de la exploración y de la experimentación. El primer puzle, por ejemplo, nos obliga a disfrazarnos como un robot-guardia para entrar a través de las puertas de la ciudad. Para ello tenemos que descubrir primero qué es lo que quiere el juego de nosotros. Como jugadores expertos en la materia, el acto de emular un disfraz usando elementos del entorno es casi instintivo, porque lo hemos hecho en montones de juegos antes. Pero cabe preguntarse si a una persona no tan experta se le ocurrirá tan fácilmente pintar un cono de tráfico y robar una bombilla para hacerse pasar por guardia.

 

Machinarium, no obstante, nos sirve dos niveles de pistas. La mayoría de escenas y situaciones cuentan con una pista simple que aparece al pulsar la bombilla que se encuentra en el menú superior. Así se deja ver unaburbuja de pensamiento con un boceto indicando la acción que deberíamos realizar. Si aún después de esta pista estamos atascados, existe un libro de pistas al que podemos acceder y que ofrece una guía con dibujos que explica lo que nos pide cada escenario. Pero, eso sí, el libro en sí contiene un jueguito que tenemos que resolver si queremos pistas. No es difícil, pero sí que pide tiempo. Es un gran método para que nos planteemos dos veces si queremos ir por la vía fácil.

 

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Otro de las partes difíciles del juego es encontrar los puntos de acción. En muchos juegos, incluidos otros de Amanita Design, la forma de explorar los escenarios es con el ratón, para descubrir los objetos con los que podemos interactuar. En el caso de Machinarium, hace falta estar al lado del elemento pertinente para que se muestre como accesible. No llega a ser un gran escollo, puesto que llegado a un punto nos damos cuenta de que el juego solo permite caminar hacia las zonas que contienen elementos accesibles. Por otra parte, el tener que cambiar el estado de descanso de nuestro robotín para acercarlo a los puntos de acción también desemboca en la posibilidad de estirar su tronco para hacerlo más alto o más bajo. Es un regalo de mecánica hecha mona y tierna al convertir a ese monigote de dispositivo en un monigote tambaleante y delicado.

 

Tomáš Dvořák (sí, he tenido que copipegar el nombre) es, una vez más, el compositor de la música, una obra sin igual con una capacidad sinestésica sin igual. Casi cada escenario cuenta con su propia pieza musical, y todas suficientemente buenas y especiales como para dejarlas sonando durante horas incluso después de acabar el juego. Mención aparte para la escena que describí más arriba, en la que tocaba recuperar los instrumentos de los músicos callejeros. Cuando lo hacemos podemos ver al robotín bailando y notar nuestro corazón derritiéndose al mismo tiempo. No os perdáis la banda sonora, por favor.

 

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Por último tenemos las ensoñaciones del protagonista. La historia es simple y encantadora, pero relevante para entender por qué hacemos lo que hacemos en Machinarium. Las ensoñaciones nos sirven para ver poco a poco lo que ocurre. Se muestran como dibujos animados por Flash dentro de burbujas de pensamiento del robotín. No voy a describirlos, pero cada vez que entramos en uno de esos recuerdos y volvemos a la realidad, a esa ciudad decrépita y oxidada, la soledad nos invade, y las ganas de abrazar al peque aumentan. Ahora mismo, mientras suena la banda sonora me pongo a recordarlo y se me empapan los ojos, qué queréis que os diga. Pero no os confundáis, Machinarium no es triste. Es como un Wall-E sin el color y la luz de Disney, y por eso es maravilloso.

 

Oh, tenéis que jugarlo tanto… Es una aventura que marca y os gustará disfrutar cada año, cuando se os hayan olvidado las soluciones para los puzles. Puede que algunas de sus elecciones resulten difíciles de afrontar, especialmente la primera vez, por lo complicado del asunto, pero por el hecho de estar en ese universo, con esa música, y de ver al robotín negando cada vez que no cuadra una acción ya merece la pena el esfuerzo. Ahora mismo está en oferta en Humble Bundle ¡por 3,99 euros! ¡Con banda sonora incluida! Estáis locos si no lo tenéis y no aprovecháis la ocasión.

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Caratula
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Género: Aventura Gráfica

Distribuidor: Amanita Design

Pegi: +7

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