Análisis
La Tierra Media: Sombras de Guerra PS4

Solo quiero matar orcos, y que me maten

La Tierra Media: Sombras de Guerra

Tierra Media: Sombras de Guerra es un divertidísimo, original y potente regalo llamado ‘sistema Némesis’ envuelto en un paquete de lo más genérico, un regalo manchado por todo aquello que se supone que le hace falta a un videojuego para vendese al gran público. No entendáis esto como una crítica feroz porque no lo es, Sombras de Guerra es un título que engancha y que te juegas de principio a fin con una sonrisa, con un endgame largo en el que a Sauron le da por querer robarte todas las fortalezas conquistadas, un sistema de mejora del personaje profundo y un combate con problemas en el control pero muy eficaz.

 

Monolith Productions ha afinado todo lo relacionado con matar y reclutar orcos, que nos asesinen y humillen, que nos odien o que nos amen hasta tal punto que todo lo demás del juego parece feo, incluso mal hecho; es decir, no es que todo lo que no sea maltratar orcos sea malo, es que no está rematado con el mismo talento, y las comparaciones son odiosas cuando hay que elegir a qué dedicar tus horas en un título. El Sistema Némesis sigue siendo maravilloso aunque estemos hablando de una secuela muy continuista, porque es muy potente, casi mágico, a diferencia de todo lo demás.

 

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Sombras de Guerra sigue brillando por su sistema Némesis, que en esta ocasión es incluso mejor

 

Jugar a Sombras de Guerra te hará pensar una y mil veces que en Monolith Productions le han puesto muchísimo cariño a las riñas internas entre tú y los orcos, a definirlos como individuos mientras que lo otro le ha llegado impuesto al equipo. La campaña principal del juego está contada con poco mimo; es entretenida pero acaba cayendo en los habituales lugares comunes de estas producciones, sobre todo si hablamos de las misiones que la involucran.

 

Hay un abuso de tareas cogidas de The Witcher 3, Horizon Zero Dawn, Assassin´s Creed y de Arkahm City, también de sus mecánicas y de sus dinámicas; acompaña a este personaje y mata a esos enemigos, activa tu poder y sigue ese rastro invisible para otros ojos que no sean los tuyos, sube a esa torre y desbloquea esos coleccionables… ¿Este copia y pega hace que la campaña no sea divertida? No, porque lo es, pero hace que la acabes entendiendo como algo no apasionante, como si fuera un gran conjunto de misiones secundarias ‘que hay que hacer’, y como si lo principal, a lo que le quieres dedicar horas, fuera siempre el sistema Némesis, a reclutar a tu ejército para arrasar con las fortalezas del enemigo y en el online.

 

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Es tan bueno todo lo relativo a la matanza de orcos que la campaña te parecerá poco interesante

 

Sombras de Guerra no mantiene bien el equilibrio entre sus tareas principales y todo lo secundario, porque es esto segundo es donde se ve verdaderamente el cerebro, músculo y talento de un estudio capaz. Los orcos son todos maravillosos, tienen su vida, sus pasiones y sus debilidades. Asediamos a sus subalternos para que nos cuenten sus secretos y nos enfrentamos a ellos aprovechando sus miedos, enfrentándonos a sus debilidades, matándolos y reclutándolos. Llegamos a ser tan poderosos que deciden traicionarse entre ellos para unirse a nuestras filas. Sobre esto, y si ya la campaña principal del juego me parece que está puesta para contentar a las masas, puedo decir lo mismo del nivel de dificultad.

 

Tierra Media: Sombras de Guerra necesita que tu personaje muera para que el enemigo que te ha matado se haga famoso, crezca entre los suyos y se transforme en tu Némesis particular. Si no mueres, el corazón de este juego se malogra, se pudre. No brilla. Esto es lo que pasará si juegas con el nivel de dificultad en normal. Sombras de Guerra no debería dejar que un jugador modificase esto, tendría que obligar a disfrutar de la aventura en ‘Némesis’. Si lo jugáis así, como os recomiendo, moriréis, perderéis, resucitaréis y os sentiréis genial por acabar con ese orco que ha sido capaz de hundir su hoja en vuestra garganta.

 

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Jugad a Sombras de Guerra subiendo su dificultad, o no disfrutaréis del título porque no moriréis

 

En resumen a este primer bloque del análisis: si queréis un título de mundo abierto genérico: poned la dificultad en normal y jugad en exclusiva a la campaña. Si queréis vivir la experiencia de Sombras de Guerra como Monolith tendría que haberos obligado a jugarla: jugad en Némesis y salid de fiesta a conocer orcos.

 

No solo se ha profundizado en la política, sociedad y personalidad estas criaturas, no solo se le ha añadido más riqueza y matices a cada uno de nuestros enemigos, también a nuestras armas y a nuestro árbol de habilidaes. Sombras de Guerra ha añadido nuevas capas de profundidad a cómo configuramos a nuestro personaje, a cómo preparamos nuestra build de sigilo, de carnicero brutal o de amante de las bestias. También es interesante comprobar que las armas esconden ahora habilidades extra, rareza y pequeñas tareas que completar para sacarles todo su rendimiento. Todo esto repercute positivamente en el sistema Némesis y en lo fundamental del juego: ser el mejor guerrero para poder enfrentarse al mejor orco.

 

Jugablemente hay pocos cambios, seguimos con un combate, una infiltración e incluso unas habilidades para explorar y batallar calcadas a las de los juegos de Rocksteady. No es una crítica, porque lo cierto es que al hacerlo se consigue una navegación muy dinámica por los entornos y una adecuada gestión de las batallas. Pelearemos contra cientos de enemigos sin que sintamos que solo estamos aporreando los botones. Hay muchos elementos del escenario y monstruos que podremos usar a nuestro favor y modificaciones de nuestro estado que nos harán pelear mejor, que nos obligarán a huir y a pensar mejor nuestra manera de abordar las situaciones. Técnicamente, el juego ofrece parajes bellos y los modelados están bien rematados, en especial el de cada uno de los orcos, con lo que se logra que parezcan criaturas autónomas. En donde sí hay problemas es el apartado sonoro. Jugado en PS4, hay ligeras desincronizaciones labiales y bajadas y subidas de niveles de sonido que no tienen ningún sentido, y molestan.

 

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En lo técnico no hay problemas, solo algunos glitches menores. Las criaturas de La Tierra Media son hermosas... a su manera, claro

 

Para acabar de comprender lo cómodos y felices que están en Monolith con su sistema Némesis hay que hablar de lo que podemos hacer en su cuarto acto. Sombras de Mordor cuenta con un largo endgame en el que tendremos que reclutar orcos y asaltar fotalezas. Lo bueno de esto es que tendremos que tener cuidado con qué tipo de reclutas nos la jugamos, porque en función de su personalidad puede que acaben huyendo o no cumplan la misión.

 

En estos últimos tramos del juego es donde las polémicas microtransacciones aparecen de verdad y molestan. Tú puedes comprar equipo y mejoras con el dinero del juego, pero conseguir este metal no es fácil, sobre todo para según qué equipamiento. Puedes también pagar oro comprado con dinero real. El problema es la sensación de que el juego te hace que sea más difícil conseguir lo primero a propósito para que piques y pagues. Como no te da la gana de hacerlo, porque ya has pagado sesenta euros por un juego, todas las tareas que has de hacer se alargan, enturbiando el reclutamiento de orcos y las batallas. De todos modos, se puede disfrutar del juego sin pagar de más, pero no es agradable encontrar decisiones de diseño de juego para favorecer estos pagos extra.

 

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Pese a las críticas, se puede sobrevivir a Sombras de Guerra sin realizar los micropagos que a veces exige, pero eso no quiere decir que no manche la experiencia de juego

 

Sombras de Guerra es un juego divertido, es mejor que el original y su sistema Némesis es una chulada, yo me lo he pasado muy bien con él pese a garrafales fallos de la IA, algunos problemas de control y lo a veces complicado que es parecer diestro sobre una montura. De todos modos, también es verdad que le sobran todas esas misiones que ya he jugado en otros juegos, una campaña que no acaba de enganchar y protagonizada por unos personajes humanos con menos profundidad que los orcos. Está mal resuelto su nivel de dificultad y esas microtransacciones no ayudan. Ojalá Monolith saque una tercera parte en la que solo tengamos que crecer como humanos en un reino orco, empapándonos de su odio, queriendo ser mejor que el más fuerte y construyendo a nuestro rival perfecto.

 

Pese a sus defectos y gracias a sus virtudes, Sombras de Guerra cumple perfectamente con lo que ha venido a hacer: que os lo paséis en grande con una aventura que, aunque se haga genérica a veces, guarda muchos momentos absolutamente brillantes.

7.5

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