Análisis
Golden Force PS4

Píxeles entre lo fresco y lo clásico

Golden Force

¿Qué buscamos los jugadores dentro de un medio cada vez más vasto y maduro? ¿Narrativa en base a detalles aparentemente decorativos, pero llenos de significado? ¿Territorios abiertos llenos de misiones con objetivos sustanciales? ¿Gráficos hiperrealistas, máxima personalización y NPC de comportamiento mínimamente artificial? Sin embargo, todas estas preguntas pueden resolverse con una respuesta sencilla que variará en el contexto y deseos de cada usuario: la diversión. Es entretenido descubrir la personalidad de un NPC; nos sumergimos en juegos que parecen películas y podemos invertir horas en explorar territorios que parecen no tener fin. Y, por encima de todo esto, están los saltos, los esquives, los ataques sencillos y los recorridos lineales; la diversión más antigua y la que, inicialmente, fue la responsable de que desarrolláramos cariño hacia este medio.

 

Golden Force no es un Triple A de mundo abierto, hace uso de la estética pixelada de antaño y no cuenta con personajes externos que nos acompañen en la aventura. Pero cumple con el requisito más importante de todos: es muy entretenido. Tan solo presenta un argumento de lo más simple, acompañado de una jugabilidad basada en las plataformas de los títulos de nuestra infancia, para generar una entrega corta y eficaz que cumple con el objetivo último de ponerse a los mandos de un videojuego.

 

 

Simplicidad para ir al grano

 

La peripecia que nos propone Storybird Games se explica con muy pocas palabras. Somos un grupo de mercenarios que, tras gastarse todo el dinero en unas vacaciones, buscan una misión complicada para obtener grandes ganancias. Esto lleva al conjunto a Muscle Island, un terreno paradisíaco que está siendo amenazado por el Rey Demonio, el antagonista dispuesto a conquistar la isla y desterrar a los lugareños. Para completar el heroico propósito, deberemos completar 4 mundos, que a su vez contienen 4 fases normales y una secreta opcional, para enfrentarnos al malvado Rey Demonio.

 

A partir de este punto, y aunque es comprensible que toda aventura necesita una razón para llevarse a cabo, el argumento se deja a un lado para centrar la atención en las plataformas, enemigos y retos que presenta el juego. De este modo, el desafío que supone esta obra recuerda muchísimo a títulos antiguos que ponían todo su empeño en la jugabilidad archiconocida de dar saltos y eliminar monstruos mediante ataques sencillos y esquives algo más estratégicos. Todo esto se adereza con un diseño artístico pixelado, pero suficientemente animado y fluido como para que se sienta fresco, y una banda sonora que, aunque limitada como las de la época, sigue quedando de lujo a lo largo del recorrido.

 

 

Jugabilidad antigua con toques de originalidad modernos

 

De buenas a primeras, parecerá que Golden Force no tiene un sistema de jugabilidad sorprendente, pues es a lo que generalmente ya estábamos acostumbrados antes de la aparición de la modelación en 3D. Seguimos al mercenario escogido (podemos controlar a 4: un muchacho, una joven espadachina, un dragón y un anciano que va con guantes mecánicos) con el antiquísimo sistema de la pantalla lateral a través de plataformas y súbditos del Rey Demonio. Cada enfrentamiento dejará caer monedas que podremos gastar más tarde en una tienda, y todos los niveles cuentan con coleccionables más difíciles de conseguir que también sirven como moneda de cambio para conseguir potenciadores. Todo muy sencillo, ¿verdad?

 

No obstante, y gracias a esta primera impresión, el juego irá dejando caer particularidades que nos harán recordar lo entretenido que era pasar horas delante de títulos de este tipo. Porque, a pesar de nuestra experiencia en el género de las plataformas, hay aspectos que varían ligeramente las batallas y aportan más viveza al enfrentamiento. Esto sucede especialmente contra los jefes de cada mundo, en este caso llamados Generales, que no solo constan de movimientos propios y algunas fases que surgen a lo largo del desarrollo del combate, sino que también incluyen pequeños detalles que enriquecen un poco la experiencia de juego. No estoy hablando de añadidos revolucionarios dentro de esta tipología de videojuegos, pero se agradece que, tras unos cuantos minutos atacando y esquivando según los movimientos del monstruo, tengamos que lanzarle a sus propios súbditos, perseguirle con una tirolina o mantenernos en plataformas que desaparecen.

 

 

Larga vida a las plataformas frustrantes

 

Por mucho que miremos a los videojuegos clásicos como algo lejano, los primeros productos de una industria que crecería exponencialmente, no debemos olvidar que parte de la diversión que proporcionaban se debía a los complicados desafíos que presentaban. Y Golden Force sigue esta estela al doblegar una curva de dificultad que empieza en un punto alto y no para de crecer durante la aventura. Como es evidente, gran parte de este incremento del esfuerzo por parte del jugador se debe a un diseño de niveles logrado que coloca a los enemigos y obstáculos en puntos estratégicos para que se note su molestia. Pero, una vez dominados los entresijos de la jugabilidad, es fácil relajarse en la aventura, siempre y cuando queramos completar los niveles con caminos lineales.

 

Porque parte de esa curva de dificultad se traslada a los coleccionables anteriormente mencionados, que constituyen un reto para el jugador experimentado. Unas monedas y una caracola que se encuentran escondidos entre los pasillos y habitaciones de cada nivel, que a su vez son cada vez más laberínticos si nuestra meta es obtener dichos objetos. Este reto, junto a unos escenarios más complejos, deriva a la sensación de que hay más que explorar, por lo que seguir el camino lineal acaba siendo aburrido y, aunque claramente hay otros obstáculos por el recorrido, se termina el nivel con la idea de que nos hemos dejado algo. Y esto invita a repetir la fase y completarla al 100%.

 

Golden Force consigue transmitir la frustración de los juegos de antaño a través de una jugabilidad y estética similares, pero con toques de modernidad que imbuyen algo de originalidad a la partida. No obstante, y ya que hablo de frustraciones, también hay que destacar el rendimiento de Nintendo Switch, pues he sufrido algunas bajadas de frames cuando se acumulaba mucha información en pantalla. Esto ha hecho que las masacres a enemigos, que expulsan vísceras, sangre y muchas monedas, ralenticen un poco el juego, así como las pocas veces que la cámara se traslada para hacer un plano más amplio. Teniendo en cuenta que, como he repetido varias veces a lo largo de este análisis, este título imita lo antiguo, llama mucho la atención que una consola moderna no llegue a ejecutarlo perfectamente.

 

 

Lo clásico siempre es mejor

 

Dejando lo malo a un lado, con Golden Force se me han pasado las horas volando. Sí, quizás no es lo que buscan todos los jugadores de la actualidad cuando quieren entretenerse con videojuegos, pero a mí me queda claro que sigue basándose en el divertimiento más sencillo de este medio. De este modo, funciona tanto para generar algo de nostalgia por obras de nuestra infancia como para recordar la función principal del medio. Unas partidas cimentadas en lo conocido que no renuevan en casi nada, pero que al mismo tiempo pueden ser perfectas para unas cuantas tardes de simple y llana diversión.

6.5

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Caratula
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Género: Acción 2D

Distribuidor: No Gravity Games

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