Análisis
Ghostrunner XONE

Un tapado que desenvaina su katana

Ghostrunner

Corres, saltas, haces un dash en el último momento y ejecutas a un soldado con un corte certero de tu katana. Desapareces trepando por la pared, lanzas el gancho y sales volando para aterrizar sobre un dron, clavar tu espada en él y, justo antes de dar un último brinco, redireccionarlo hacia dos enemigos que te acosaban con sus armas. No llegas a tocar el suelo, te has enganchado a una tirolina que termina su recorrido frente a una puerta retroiluminada en tonos verdes. Ahora estás frente a ella. Tomas aliento, tras una docena de muertes lo has conseguido. Te acercas y la puerta se abre ante ti, tras ella encuentras un nuevo espacio, otro reto. Toca volver a tensarse y asimilar el tempo adecuado. Nada que no pueda superar un Ghostrunner.

 

 

Ese es el espíritu del último título de One More Level, un joven estudio polaco (fundado en 2014) que ha sorprendido a propios y extraños con un videojuego que resuelve bien casi todo lo que se propone. Una frenética mezcla de acción en primera persona, que bebe de obras como Mirror’s Edge, Titanfall 2 y el anterior juego del propio equipo, God’s Trigger, fuertemente influenciado por HotLine Miami. Lejos de quedarse en un mero intento de rentabilizar fórmulas de reconocido éxito, Ghostrunner se las apaña para reinterpretar conceptos jugables conocidos por todos, y entregar un producto que (aunque realmente no lo sea) sabe a nuevo.

 

Simple pero eficaz

 

Y es que lo que encontraremos es exactamente lo que podríamos esperar si atendemos a sus fuentes de inspiración. Una cámara en primera persona, toneladas de parkour, una estructura dividida en fases y acción cuerpo a cuerpo. Solo contaremos con un arma, nuestra katana, y la progresión del personaje se limitará a cuatro poderes, que iremos acumulando a medida que recuperemos los datos de respaldo de Jack (nuestro ciberninja). Todo ello envuelto por una trama estrictamente funcional, que tiene lugar en un futuro distópico ciberpunk. Nuestra meta se reduce a llegar a lo más alto de una mega estructura conocida como Dharma Tower, la cual alberga los últimos coletazos de una humanidad casi extinta. En lo alto, nos espera una científica (Mara) de dudosa moralidad, que ha logrado someter a la sociedad que vive bajo sus pies. Tal y como os podéis imaginar, nuestra misión es darle muerte. Nada nuevo, la clave no radica en el qué, sino en el cómo.

 

Su punto de partida es simple, pero sobre el mismo, se van añadiendo mecánicas de forma continua y gradual. Midiendo bien los tiempos, presentando cada nueva idea una vez que hemos dominado la anterior, y retorciéndolas después para plantear retos que nos obligan a dar lo mejor de nosotros. Tal y como expuse al poco de empezar mi andadura por Dharma Tower, Ghostrunner supone un tipo de propuesta muy concreta, y es precisamente ahí donde se hace fuerte. 

 

El título se las apaña para establecer un lenjuaje visual claro, destacando las paredes "transitables" y las rutas a seguir de forma orgánica

 

Esto es algo que debemos tener en cuenta, al igual que el hecho de que vamos a morir, y vamos a morir mucho. Terminar una de las primeras fases con más de 90 muertes no debe asustar a nadie, forma parte del trato, pues los chicos de One More Level son plenamente conscientes de que el secreto del éxito se esconde tras la perseverancia. Por ello, antes de que nos demos cuenta de que hemos caído, ya estaremos corriendo de nuevo

 

Nos encontraremos con tres tipos de retos bien definidos: arenas de acción, secciones de plataformas y algún que otro puzle para darnos algo de espacio y permitir que tomemos aliento. Cada proyectil que impacte en nosotros nos abatirá, y cada uno de los secuaces de Mara nos obligará a explotar una estrategia diferente, consiguiendo que nos planteemos cómo deberíamos afrontar cada nuevo tipo de enemigo. De la misma manera, también serán fatales la mayoría de fallos que cometamos a la hora de trazar nuestros saltos o rebotes en las paredes. El vacío bajo nuestras rutas será un elemento habitual, y cuando este no haga acto de presencia, lo harán todo tipo de amenazantes mecanismos. Por lo tanto, deberemos tener paciencia. Algo a lo que ayuda la velocidad a la que se gestiona la muerte y el posterior respawn. El juego es estricto, pero el castigo no es severo, siempre contaremos con un punto de control que nos permita volver a intentar la sección casi al instante.

 

Ascendiendo sin pausa


El ritmo es fundamental, y gran parte del éxito de la propuesta de Ghostrunner radica precisamente ahí. A poco que empecemos  a dominar nuestro avatar, nos haremos con el tempo adecuado y empezaremos a encadenar saltos exitosos y ejecuciones certeras gracias a la excelente respuesta que ofrece su control. Un ejercicio de cirujano, que resulta imprescindible para que seamos conscientes de nuestra responsabilidad respecto a cada error. Lo cual viene a reforzar su discurso de ritmo y perseverancia, ya que para que esto se produzca, debemos sentir que no estamos siendo penalizados de forma injusta, y los chicos de One More Level lo logran. El salto, el trazado de la inercia aérea y la gestión de bullet time, funcionan bien. Al igual que el parri, tan exigente en lo mecánico como gustoso y visceral, nada tan satisfactorio como devolver un disparo en plena carrera a golpe de katana.

 

Ghostrunner hace uso de Unreal Engine 4 para lograr una ambientación que cumple con creces

 

Con todo ello, lo que nos encontramos es una maquinaria bien engrasada, en la que cada pieza responde a un propósito, y colabora en la construcción de un discurso jugable en el que es complicado encontrar fisuras. Las pocas con las que nos topamos aparecen, precisamente, cuando el título se aleja de esta fórmula tan marcada. Esto pasa con alguno de los primeros puzzles, y con uno de los pocos jefes finales que nos encontraremos a lo largo de las ocho horas que nos puede durar (en función de la habilidad de cada uno) una primera vuelta. Y digo una primera vuelta, porque el juego hace gala de cierto espíritu arcade, que nos incita a mejorar tanto el ratio de muertes, como el tiempo por sección (algo parecido a lo que sucedía en Mirror’s Edge).

 

Si sois jugadores pacientes, y no desesperáis con facilidad, os encontraréis con uno de los sleepers del año. Un videojuego frenético y adictivo, que es capaz de calibrar de forma correcta el reto que plantea. Un título sólido, concreto y honesto (que no gustará a todos, pero encandilará a muchos), y que además sale a precio reducido. Ghostrunner es riguroso y exigente, se esfuerza en animarte a que vuelvas a intentarlo tras cada muerte; desde su música hasta su estructura, todo está pensado para que el ritmo gobierne la partida, para que tomes aliento, asimiles el tempo, y fluyas a través de su decadente ciudad mientras ejecutas a tus oponentes una y otra vez. Y lo consigue.

8.5

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Caratula
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Género: Acción en primera persona (FPS)

Distribuidor: One More Level

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