Análisis
Fuser XONE

¡Que empiece la fiesta!

Fuser

El público, expectante, grita y silba ante el inminente comienzo del espectáculo.

 

El DJ se prepara y empieza a sonar la voz de Sky Blu en Party Rock Anthem, de LMFAO.

 

El público enloquece.

 

Harmonix se ha posicionado como la desarrolladora estrella en juegos de seguir el ritmo de la música. Dio sus primeros pasos con Frequency y Amplitude a principios de los 2000, y algún que otro juego de Karaoke en la misma década, pero su popularidad creció en gran medida con el éxito de Guitar Hero, los múltiples Rock Band y la posibilidad de jugar con instrumentos de plástico que aumentaban la sensación de inmersión. No obstante, y aunque la música era el factor clave de estos títulos, funcionaban de la misma manera: pulsar botones según se indicaba en la pantalla. Y parecía que este era la zona de confort ideal de la empresa estadounidense.

 

Hasta ahora. Porque con FUSER se cambian todas las reglas.

 

 

El cantante empieza a acompañarse del bajo de Topper Headon en Rock The Casbah, de The Clash.

 

Y la mezcla va cogiendo forma.

 

Si pensáis que en FUSER encontraréis ese desafío a lo Through the fire and flames en modo experto en Guitar Hero 3 (que si lo conseguisteis, CHAPÓ), estáis muy equivocados. El nuevo título de Harmonix rompe todos sus esquemas conocidos e invita al jugador, por primera vez, a crear. Los desarrolladores nos ponen en la piel de un DJ de festivales de grandes dimensiones. Acabamos de empezar en ese mundillo, así que tenemos que aprender muchísimo sobre la mesa de mezclas, que se convertirá en nuestra interfaz constante. Y la mejor manera de aprender esto es, como siempre, lanzándonos a la piscina.

 

El sistema, aunque al principio puede abrumar, es sencillo si se va paso a paso. Tenemos una mesa de mezclas que admite 4 discos distintos, y cada canción, de las más de 100 que contiene el juego clasificadas en 7 tipos de géneros, se divide a su vez en 4 partes: base, instrumento 1, instrumento 2 y vocal. Por lo tanto, podemos juntar la base de Satisfaction con la voz de Carly Rae Jepsen en Call me Maybe y amenizarlo con los instrumentos de Mi Gente. O quizás nos apetece crear una locura con Symphony of Destruction y Sin Pijama; las posibilidades son infinitas. Porque este es el verdadero objetivo de Harmonix con su última entrega, la libre expresión y la experimentación con canciones que, a simple vista, no parecerían encajar. La esencia es genial, sobre todo para los amantes de la música, pero la manera de desarrollar el juego cambia el tono de la mezcla.

 

 

Se añaden los tonos de Bad Guy, de Billie Eilish, con la base y su característica guitarra sintetizada, dotando al remix de personalidad.

 

La campaña consiste, como ya se conoce en los juegos de Harmonix, en pasar por festivales y promotores con la intención de llevar la música adonde sea. Pero su manera de proceder no es del todo adecuada, y se podría decir que agua un poco la fiesta. En cada actuación habrá que seguir una serie de directrices que cumplen la función de desafío para el jugador. De este modo, deberemos controlar el tempo, los beats, los pickups, la emoción del público, las peticiones y las recomendaciones de nuestro promotor.

 

FUSER contiene tantas características y opciones que añadir a la mezcla que es difícil comprender todo sin tutorial. A lo largo de los espectáculos de la campaña nos enseñarán todas las virguerías que podemos hacer como DJ: cambiar el tempo, la tonalidad, silenciar y hacer solos de discos, meter efectos especiales y hasta provocar el típico momentazo que cambia toda la canción y deja al público loco.

 

 

Deja de escucharse la melodía de Bad Guy para ser reemplazada por el ritmo latino de Mi Gente, de J Balvin y Willy William. La mezcla cambia totalmente.

 

Por lo tanto, y a medida que se avance en los festivales, el juego valora la rapidez para llevar a cabo todas las demandas sin cagarla, ya sea con un simple cambio de discos o con técnicas nuevas. De este modo, podemos juntar dos discos que suenan fatal y, aun así, se dará por bueno. Porque, al fin y al cabo, la música es tuya. Si consideras que se escucha bien, perfecto. Si no, mejóralo tú mismo; el juego no juzga tus gustos, sino tu habilidad para realizar todas las acciones que te pide.

 

La dificultad crece con más peticiones, más posibles acciones a hacer en la mesa de mezclas y un público cada vez más exigente que se aburre si no dotamos de energía a la melodía. Y, a su vez, la campaña en su totalidad actúa de tutorial larguísimo que rompe un poco con esta intención de dejarnos volar en libertad en contraposición al resto de títulos de Harmonix sobre seguir una pauta establecida. Porque más de una vez he calculado el momento perfecto para poner un disco y el promotor me ha interrumpido para enseñarme a hacer algo distinto. Es entendible que se deban tener en cuenta muchos aspectos para poder dominar la mesa de mezclas, pero los cortes son frustrantes.

 

Por suerte, podemos echar a volar la imaginación y las ganas de fiesta en el modo libre, donde no hay ataduras ni público al que convencer de nuestras habilidades como DJ. Esto no deja de ser un apartado para los que más disfrutan de la música, pues no recompensa al jugador de ninguna manera y, en el mejor de los casos, tan solo podemos sacar una mezcla digna de publicar en Internet. Porque, ya que hacemos un buen remix, da cierta ilusión colgarla en la sección social, donde también encontraremos decenas de ejemplos de otros usuarios, desafíos semanales y hasta podemos participar en batallas contra otros jugadores.

 

 

Tras cambiar base e instrumentalización del remix, suena la voz grave de Lil Nas X en Old Town Road, relajando la mezcla.

 

Inmediatamente, el remix vuelve a coger fuerza.

 

Harmonix necesitaba renovarse y lo ha hecho genial, pues el juego es pura experimentación y se aleja de antiguas entregas donde la imitación perfecta de una partitura era el objetivo. En FUSER se viene a crear melodías propias. Y esto estará al alcance de cualquiera, pues su selección de canciones abarca todo tipo de géneros musicales y épocas desde el 1960 hasta este año, dando la oportunidad al usuario de descubrir temazos.

 

Sin embargo, si se quiere un desafío remotamente parecido a los solos que nos marcábamos con la guitarra, este juego no es el indicado. El modo campaña no es difícil y se puede superar sin fracasar ni una sola vez con una media de 4 sobre 5 estrellas. Esto, sumado al hecho de que tiende a obligar al jugador a cumplir unas directrices dentro de una esencia de supuesta libertad creativa, amarga un poco la experiencia de DJ. No se siente que estemos perfeccionando la técnica de pinchar discos, sino que se van introduciendo nuevas mecánicas y se dejan otras de lado, al alcance del jugador que quiera utilizarlas, pero que probablemente lo descarte con tal de centrarse en objetivos que aporten puntos.

 

 

El espectáculo adopta un aire de hip hop con el rap de Stir Fry, de Migos.

 

Los acordes del resto de discos encajan perfectamente con la voz recién insertada.

 

No obstante, para los que de verdad se sientan atraídos por la combinación tan única que propone FUSER, el modo libre y el apartado social se pueden disfrutar una barbaridad. Porque aquí nadie viene a fardar de la mezcla que ha creado, sino a exponer una de las tantas maneras con las que se puede pinchar en este juego. Se experimenta. La puntuación se traslada a otras prioridades y, para el jugador que prefiera trastear a su ritmo, puede obviar estas obligaciones en un modo de juego más libre.

 

Con una flexibilidad que va desde las canciones con las que se puede trabajar, pasando por la configuración del escenario y hasta la personalización simple, pero suficientemente inclusiva, la música adquiere levemente esa característica que la convierte en un medio de expresión. FUSER tiene algún aspecto a mejorar, y quizás el acercamiento de la campaña no ha sido el más acertado, pero no se puede obviar que, aun sin instrumento de plástico, es el juego más inmersivo de Harmonix. Es imposible no emocionarse cuando una mezcla suena bien y, en cuanto nos metemos en el papel, la cabeza no deja de moverse al ritmo de la música. La fiesta ya está, y nosotros decidimos cómo de genial va a ser.

 

El DJ prepara un subidón que cambia por completo toda la mesa de mezclas.

 

Relaja la melodía y termina el espectáculo mientras el público, emocionado por el remix que acaba de escuchar, aplaude.

 

El remix explicado a lo largo del texto ha sido extraído del gameplay de IGN, que está a continuación por si tenéis curiosidad sobre cómo ha quedado tal combinación de temas.

 

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Género: Musical

Distribuidor: Koch Media

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