Análisis
Fortnite PC

Fortifica y dispara

Fortnite

Fortnite es un compendio de todo lo que le gusta a las nuevas generaciones de jugadores. En el título de Epic Games está Minecraft, están los tower defense, está el cooperativo a cuatro, está la elección de un personaje en función de su clase para formar un equipo, zombis, disparos, robots, mucho humor y entornos semiabiertos para explorar. Lo que nos propone Fortnite es que lleguemos a una zona, consigamos materiales, encontremos un hito, construyamos una fortificación en torno a él, saquemos nuestras armas, y con ellas y con la colección de trampas que hemos dispuesto, defendamos la zona.

 

Eso lo hacemos con otros tres amigos mientras cumplimos misiones, se nos premia con botín, obtenemos nuevos héroes, subimos de experiencia, mejoramos nuestro equipo y seguimos adelante. También hay un trasfondo. Una tormenta púrpura ha acabado con casi toda la población de nuestro mundo y lo ha llenado todo de criaturas abisales, los motivos de este suceso se nos desvelan a medida que progresamos en la aventura.

 

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Fortnite es la propuesta multijugador más variada y compleja que podéis encontrar a día de hoy

 

Uno podría pensar que las distintas partes de Fornite son poco profundas, sustituyendo calidad por cantidad, pero no es así. El grindeo nos obliga a trabajar duro y a picar en cada esquina del escenario para obtener materiales, la construcción de niveles nos permite poner trampas, escaleras, puertas, murallas y techos de diferentes materiales, subirlos de nivel, optimizarlos y reconstruirlos mientras jugamos. Las secciones de shooter introducen tiempos de recarga, desvío de los proyectiles en función del tipo de arma, desgastes y mejoras. Cuando subimos de nivel tenemos una colección inmensa de héroes cuyo nivel subir y clasificados por sus aptitudes en cuatro clases… e incluso el tipo de humor que entrega es acertado.

 

Si analizamos cada parte individual del título de Epic Games, separada del resto, nos encontramos con un videojuego que ha hecho una acertada labor de estudio analizando a Minecraft, Left 4 Dead 2, Plants vs Zombies, Overwatch y otros tantos, pero que no consigue ser tan afortunado al unir cada uno de sus géneros. Para empezar, Fortnite exige una tutela tremendamente extensa recorriendo todas y cada una de sus características. A sus menús les cuesta horrores encaminar nuestras acciones por la gestión de sus opciones, sobre todo en lo que se refiere a recoger nuevo botín. También existen inconvenientes al adentrarnos en cada una de sus misiones.

 

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Te costará muchísimo encontrar tu sitio en Fortnite, hay tantas cosas para hacer que te abrumará al principio

 

Al tener una historia que el juego quiere contar, se plantea cada misión como un avance de un punto  ‘a’ a otro ‘b’. Mientras caminamos se desarrollan diversos hechos que la desarrollan, pequeñas misiones, tareas de salvamento y de recolección. Este paseo suele rematar en esa zona que proteger, y tras lograrlo, volvemos a casa. Mientras que estas dos últimas secciones encierran más interés, lo cierto es que todo lo anterior se hace repetitivo. La trama de juego no hace del todo soportable estos  tránsitos, la recolección de materiales necesita más exploración no lineal para satisfacer y localizar el espacio que custodiar se acaba haciendo pesado.

 

A Fornite le falta decidir si quiere tener un ritmo de juego trepidante o contemplativo, porque tanto te deja investigar a tus anchas como te obliga a correr a defender el punto. No acaba de tener claro si quiere ser un shooter descerebrado o un título de tranquila gestión, un problema que se acentúa en los tramos de más acción. Cuando llegamos al lugar que hay que proteger se nos insta a preparar una fortificación aprovechando los recursos conseguidos, armarnos y evitar que ninguna criatura toque lo que protegemos. Cuando se inicia este proceso, los cuatro jugadores en el campo se transforman en arquitectos y en obreros de la construcción a la vez, lo que acaba condenando a nuestra edificación de defensa a cometer errores, a padecer tiranteces entre los miembros del equipo y a que la improvisación aflore.

 

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Cuando juguéis a Fortnite con amigos decidid de antemano quién coordina la construcción del fuerte, quién advierte de por dónde llegan los monstruos y quién ejecuta las muertes

 

Contamos con materiales limitados, con lo que este desorden puede acabar dejándonos sin elementos con los que reconstruir nuestro fuerte de manera correcta, también podemos optar a no erigir ni un pequeño pilar, con lo que ahorraremos, teniendo más para edificar en la siguiente misión. Ocasionalmente, sabremos por dónde llegan los enemigos, lo que es maravilloso para preparar pasillos llenos de trampas, pero no siempre. Crear un espacio perfecto para acabar con las hordas rivales pero descubrir que llegan de zonas inesperadas resulta frustrante, pero claro, para algo tenemos metralletas y katanas.

 

La parte shooter de Fortnite llega para corregir todos los errores que el videojuego, por su caos, nos obliga a cometer. Contamos con un gran inventario de armas, habilidades especiales para cada uno de nuestros héroes, un nutrido grupo de stats al que atender para que no se mueran o se cansen y un control cómodo. Disparar en Fortnite es divertido, pero si tenemos que hacerlo demasiado es porque hemos sido malos arquitectos. También existe el caso contrario, que hayas sido tan buen constructor que apenas tengas que usar ni una sola bala, lo que te hace estar durante cinco minutos mirando cómo los monstruos caen sin que tengas que mover un dedo.

 

Y este es el gran error de Fortnite, que acierta como juego de disparos, acierta como título de construcción pero no acaba de hacer que ambas facetas encajen bien. Le falta dificultad, necesita ordenar mejor nuestro papel en cada misión y por lo tanto las clases de los héroes, debería ser más directo y sus enemigos más inteligentes. Sí es cierto que cuando inviertes en el juego varias decenas de horas las cosas se vuelven más interesantes, pero siempre estará ahí ese inconveniente: que el hombro que permite girar al brazo y al antebrazo de Fortnite no está del todo bien engrasado.

 

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Fortnite llega como título de pago el 25 de julio pero su meta es convertirse al cabo de un tiempo en F2P

 

De todos modos, el videojuego nunca deja de ser divertido, porque lo es sin lugar a dudas. Crecer en Fornite es satisfactorio y si te haces con tres amigos que sepan cómo colocar trampas y dónde muros, que tengan claro quién construye y quién dispara, que escojan con cabeza una de las cuatro clases del juego y que las manejen bien, Fortnite te entretendrá a lo largo de todas sus horas de juego, que son muchísimas.

 

Para concluir, la base de Fornite es notable, profunda, y sabemos que crecerá a lo largo de los meses, pero las tensiones entre sus géneros, la falta de retos intensos y la caída del ritmo de juego en ocasiones nos hacen pedirle más trabajo desde su lanzamiento este 25 de julio hasta que acabe convirtiéndose en free to play. Os animo a seguirlo de cerca porque si mejora lo que señalamos como errores en este análisis conseguirá ser brillante. 

Fortnite es un compendio de todo lo que le gusta a las nuevas generaciones de jugadores. En el título de Epic Games está Minecraft, están los tower defense, está el cooperativo a cuatro, está la elección de un personaje en función de su clase para formar un equipo, zombis, disparos, robots, mucho humor y entornos semiabiertos para explorar. Lo que nos propone Fortnite es que lleguemos a una zona, consigamos materiales, encontremos un hito, construyamos una fortificación en torno a él, saquemos nuestras armas y con ellas y con la colección de trampas que hemos dispuesto, defendamos la zona.

 

Eso lo hacemos con otros tres amigos mientras cumplimos misiones, se nos premia con botín, obtenemos nuevos héroes, subimos de experiencia, mejoramos nuestro equipo y seguimos adelante. También hay un trasfondo. Una tormenta púrpura ha acabado con casi toda la población de nuestro mundo y lo ha llenado todo de criaturas abisales, los motivos de este suceso se nos desvelan a medida que progresamos en la aventura.

 

Uno podría pensar que las distintas partes de Fornite son poco profundas, sustituyendo calidad por cantidad, pero no es así. El grindeo nos obliga a trabajar duro y a picar en cada esquina del escenario para obtener materiales, la construcción de niveles nos permite poner trampas, escaleras, puertas, murallas y techos de diferentes materiales, subirlos de nivel, optimizarlos y reconstruirlos mientras jugamos. La sección de shooters introduce tiempos de recarga, desvío de los proyectiles en función del tipo de arma, desgastes y mejoras. Cuando subimos de nivel tenemos una colección inmensa de héroes cuyo nivel subir y clasificados por sus aptitudes… e incluso el tipo de humor que entrega es acertado.

 

Si analizamos cada parte individual del título de Epic Games, separada del resto, nos encontramos con un videojuego que ha hecho una acertada labor de estudio analizando a Minecraft, Left 4 Dead 2, Plants vs Zombies, Overwatch y otros tantos, pero que no consigue ser tan afortunado al unir cada uno de sus géneros. Para empezar, Fortnite exige una tutela tremendamente extensa por sus características. A sus menús les cuesta horrores encaminar nuestras acciones por la gestión de sus opciones. También existen inconvenientes al adentrarnos en cada una de sus misiones.

 

Al tener una historia que el juego quiere contar, se plantea cada misión como un avance de un punto ‘a’ a otro ‘b’. Mientras caminamos se desarrollan diversos hechos que la desarrollan, pequeñas misiones, tareas de salvamento y de recolección. Este paseo suele rematar en esa zona que proteger, y tras lograrlo volvemos a casa. Mientras que estas dos últimas secciones encierran más interés, lo cierto es que todo lo anterior se hace repetitivo. La trama de juego no hace del todo soportable estos tránsitos, la recolección de materiales necesita más exploración no lineal para satisfacer, y localizar el espacio que custodiar como director de nuestros pasos mientras nos hacemos con objetos se acaba haciendo pesado.

 

A Fornite le falta decidir si quiere tener un ritmo de juego trepidante o contemplativo, porque tanto te deja investigar a tus anchas como te obliga a correr a defender el punto. No acaba de tener claro si quiere ser un shooter descerebrado o un título de tranquila gestión, un problema que se acentúa en los tramos de más acción. Cuando llegamos al lugar que hay que proteger se nos insta a preparar una fortificación aprovechando los recursos conseguidos, armarnos y evitar que ninguna criatura toque lo que protegemos. Cuando se inicia este proceso, los cuatro jugadores en el campo se transforman en arquitectos y en obreros de la construcción, lo que acaba condenando a nuestra edificación de defensa a cometer errores, a padecer tiranteces entre los miembros del equipo y a que la improvisación aflore.

 

Contamos con materiales limitados, con lo que este desorden puede acabar dejándonos sin elementos con los que reconstruir nuestro fuerte de manera correcta, también podemos optar a no erigir ni un pequeño pilar, con lo que podremos ahorrar y tener más para edificar en la siguiente misión. Ocasionalmente, sabremos por dónde llegan los enemigos, lo que es maravilloso para preparar pasillos llenos de trampas, pero no siempre. Crear un espacio perfecto para acabar con las hordas rivales pero descubrir que llegan de zonas inesperadas resulta frustrante, pero claro, para algo tenemos metralletas y katanas.

 

La parte shooter de Fortnite llega para corregir todos los errores que el videojuego, por su caos, nos obliga a cometer. Contamos con un gran inventario de armas, habilidades especiales para cada uno de nuestros héroes, un nutrido grupo de stats al que atender para que no se mueran o se cansen y un control cómodo. Disparar en Fortnite es divertido, pero si tenemos que hacerlo demasiado es porque hemos sido malos arquitectos. También existe el caso contrario, que hayas sido tan buen constructor que apenas tengas que usar ni una sola bala, lo que te hace estar durante cinco minutos mirando cómo los monstruos caen sin que tengas que mover un dedo.

 

Y este es el gran error de Fortnite, que acierta como juego de disparos, acierta como título de construcción pero no acaba de hacer que ambas facetas encajen bien. Le falta dificultad, necesita ordenar mejor nuestro papel en cada misión y por lo tanto las clases de los héroes, debería ser más directo y sus enemigos más inteligentes. Sí es cierto que cuando inviertes en el juego varias decenas de horas las cosas se vuelven más interesantes, pero siempre estará ahí ese inconveniente: que el hombro que permite girar al brazo y al antebrazo de Fortnite no está del todo bien engrasado.

 

De todos modos, el videojuego nunca deja de ser divertido. Crecer en Fornite es satisfactorio y si te haces con tres amigos que sepan cómo colocar trampas y dónde muros, que tengan claro quién construye y quién dispara, que escojan con cabeza una de las cuatro clases del juego y que las manejen bien Fortnite te entretendrá a lo largo de todas sus horas de juego, que son muchísimas.

 

En resumen, la base de Fornite es notable, profunda, y sabemos que crecerá a lo largo de los meses, pero las tensiones entre sus géneros, la falta de retos intensos y la caída del ritmo de juego en ocasiones nos hacen pedirle más trabajo desde su lanzamiento este 25 de julio hasta que acabe convirtiéndose en free to play. Os animo a seguirlo de cerca porque si mejora lo que señalamos como errores en este análisis conseguirá ser brillante.

 

Fortnite es un compendio de todo lo que le gusta a las nuevas generaciones de jugadores. En el título de Epic Games está Minecraft, están los tower defense, está el cooperativo a cuatro, está la elección de un personaje en función de su clase para formar un equipo, zombis, disparos, robots, mucho humor y entornos semiabiertos para explorar. Lo que nos propone Fortnite es que lleguemos a una zona, consigamos materiales, encontremos un hito, construyamos una fortificación en torno a él, saquemos nuestras armas y con ellas y con la colección de trampas que hemos dispuesto, defendamos la zona.

 

Eso lo hacemos con otros tres amigos mientras cumplimos misiones, se nos premia con botín, obtenemos nuevos héroes, subimos de experiencia, mejoramos nuestro equipo y seguimos adelante. También hay un trasfondo. Una tormenta púrpura ha acabado con casi toda la población de nuestro mundo y lo ha llenado todo de criaturas abisales, los motivos de este suceso se nos desvelan a medida que progresamos en la aventura.

 

Uno podría pensar que las distintas partes de Fornite son poco profundas, sustituyendo calidad por cantidad, pero no es así. El grindeo nos obliga a trabajar duro y a picar en cada esquina del escenario para obtener materiales, la construcción de niveles nos permite poner trampas, escaleras, puertas, murallas y techos de diferentes materiales, subirlos de nivel, optimizarlos y reconstruirlos mientras jugamos. La sección de shooters introduce tiempos de recarga, desvío de los proyectiles en función del tipo de arma, desgastes y mejoras. Cuando subimos de nivel tenemos una colección inmensa de héroes cuyo nivel subir y clasificados por sus aptitudes… e incluso el tipo de humor que entrega es acertado. 

 

Si analizamos cada parte individual del título de Epic Games, separada del resto, nos encontramos con un videojuego que ha hecho una acertada labor de estudio analizando a Minecraft, Left 4 Dead 2, Plants vs Zombies, Overwatch y otros tantos, pero que no consigue ser tan afortunado al unir cada uno de sus géneros. Para empezar, Fortnite exige una tutela tremendamente extensa por sus características. A sus menús les cuesta horrores encaminar nuestras acciones por la gestión de sus opciones. También existen inconvenientes al adentrarnos en cada una de sus misiones.

 

Al tener una historia que el juego quiere contar, se plantea cada misión como un avance de un punto  ‘a’ a otro ‘b’. Mientras caminamos se desarrollan diversos hechos que la desarrollan, pequeñas misiones, tareas de salvamento y de recolección. Este paseo suele rematar en esa zona que proteger, y tras lograrlo volvemos a casa. Mientras que estas dos últimas secciones encierran más interés, lo cierto es que todo lo anterior se hace repetitivo. La trama de juego no hace del todo soportable estos  tránsitos, la recolección de materiales necesita más exploración no lineal para satisfacer, y localizar el espacio que custodiar como director de nuestros pasos mientras nos hacemos con objetos se acaba haciendo pesado. 

 

A Fornite le falta decidir si quiere tener un ritmo de juego trepidante o contemplativo, porque tanto te deja investigar a tus anchas como te obliga a correr a defender el punto. No acaba de tener claro si quiere ser un shooter descerebrado o un título de tranquila gestión, un problema que se acentúa en los tramos de más acción. Cuando llegamos al lugar que hay que proteger se nos insta a preparar una fortificación aprovechando los recursos conseguidos, armarnos y evitar que ninguna criatura toque lo que protegemos. Cuando se inicia este proceso, los cuatro jugadores en el campo se transforman en arquitectos y en obreros de la construcción, lo que acaba condenando a nuestra edificación de defensa a cometer errores, a padecer tiranteces entre los miembros del equipo y a que la improvisación aflore.

 

Contamos con materiales limitados, con lo que este desorden puede acabar dejándonos sin elementos con los que reconstruir nuestro fuerte de manera correcta, también podemos optar a no erigir ni un pequeño pilar, con lo que podremos ahorrar y tener más para edificar en la siguiente misión. Ocasionalmente, sabremos por dónde llegan los enemigos, lo que es maravilloso para preparar pasillos llenos de trampas, pero no siempre. Crear un espacio perfecto para acabar con las hordas rivales pero descubrir que llegan de zonas inesperadas resulta frustrante, pero claro, para algo tenemos metralletas y katanas.

 

La parte shooter de Fortnite llega para corregir todos los errores que el videojuego, por su caos, nos obliga a cometer. Contamos con un gran inventario de armas, habilidades especiales para cada uno de nuestros héroes, un nutrido grupo de stats al que atender para que no se mueran o se cansen y un control cómodo. Disparar en Fortnite es divertido, pero si tenemos que hacerlo demasiado es porque hemos sido malos arquitectos. También existe el caso contrario, que hayas sido tan buen constructor que apenas tengas que usar ni una sola bala, lo que te hace estar durante cinco minutos mirando cómo los monstruos caen sin que tengas que mover un dedo. 

 

Y este es el gran error de Fortnite, que acierta como juego de disparos, acierta como título de construcción pero no acaba de hacer que ambas facetas encajen bien. Le falta dificultad, necesita ordenar mejor nuestro papel en cada misión y por lo tanto las clases de los héroes, debería ser más directo y sus enemigos más inteligentes. Sí es cierto que cuando inviertes en el juego varias decenas de horas las cosas se vuelven más interesantes, pero siempre estará ahí ese inconveniente: que el hombro que permite girar al brazo y al antebrazo de Fortnite no está del todo bien engrasado.

 

De todos modos, el videojuego nunca deja de ser divertido. Crecer en Fornite es satisfactorio y si te haces con tres amigos que sepan cómo colocar trampas y dónde muros, que tengan claro quién construye y quién dispara, que escojan con cabeza una de las cuatro clases del juego y que las manejen bien Fortnite te entretendrá a lo largo de todas sus horas de juego, que son muchísimas. 

 

En resumen, la base de Fornite es notable, profunda, y sabemos que crecerá a lo largo de los meses, pero las tensiones entre sus géneros, la falta de retos intensos y la caída del ritmo de juego en ocasiones nos hacen pedirle más trabajo desde su lanzamiento este 25 de julio hasta que acabe convirtiéndose en free to play. Os animo a seguirlo de cerca porque si mejora lo que señalamos como errores en este análisis conseguirá ser brillante. 

 

 

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Distribuidor: Koch Media

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