Análisis
Disintegration PS4

Un esfuerzo en la dirección correcta

Disintegration

Disintegration lleva la acción del shooter en primera persona a otro nivel con una serie de decisiones que, sin llegar a profundizar demasiado, hacen de su experiencia algo fresco y original. Los tiroteos a bordo de tu moto aérea se dan la mano con toques de estrategia y dirección de combate que, sin ser la gran locura, hacen que el título se adapte a distintas situaciones.

 

 

Dentro de 150 años

Disintegration tiene lugar 150 años en el futuro del planeta Tierra. Sorprendentemente hemos conseguido no cargarnos el planeta y la humanidad ha dado un gran paso: conquistar con éxito la transmisión de conciencia. Así, como ya hemos visto en varias películas y novelas de ciencia ficción, el ser humano puede trasladar su conciencia a un cuerpo robótico, un paso en la evolución prevista por Arthur C. Clarke que, lamentablemente, no ha salido bien del todo. Con la nueva conciencia un nuevo tipo de ser humano ha nacido. Se hacen llamar a sí mismo integrados, y algunos están perdiendo el control. 

 

En nuestro papel como famoso piloto de aero-motos integrado, nos uniremos a otro grupo de integrados en defensa de los 'naturales' para enfrentarnos a los robots malvados de ojos rojos que pretenden erradicar a la humanidad de la faz de la tierra. El viaje tiene un objetivo, recuperar 'la piel' y las antiguas vidas de nuestro regimiento, un grupo de robots decididos a llevar la resistencia a la victoria. 

 

 

A lomos de tu moto

Disintigration cobra sentido cuando subes a la moto y te dedicas a sobrevolar los bonitos paisajes que forman parte del juego. Armados con un arma primaria y otra secundaria, generalmente de apoyo, comandaremos a nuestros compañeros mientras avanzamos por escenarios con un alto componente de destrucción y un enfoque que demuestra la labor de uno de los padres de Halo a los mandos de esta nueva incursión en el futuro de la humanidad. 

 

La experiencia a lomos de la moto es bastante agradable, especialmente en los niveles de dificultad más asequible. No sucede lo mismo con la parte estratégica, y es que si bien se ha intentado que sea un componente importante del juego, a la hora de la verdad se queda algo corto por su simpleza. Sí, cada robot tiene su habilidad especial, pero tarda demasiado en enfriarse. Por otro lado el regimiento te sigue siempre, por lo que no cabe explorar el terreno con sigilo sin que se líen a tiros. Finalmente, van siempre en grupo a cumplir el objetivo, por lo que es imposible preparar emboscadas en el modo campaña o llevar a cabo varias acciones a la vez. 

 

 

En busca de la humanidad

Lo más llamativo de Disintegration es el enfoque que han querido darle a los protagonistas, un grupo de integrados inadaptados que se unen a los naturales -humanos 'normales'- para defender a la humanidad. Cuidado, no se trata de un profundo alegato acerca de lo que significa ser humanos, pero sí funciona como alternativa a la manida puesta en escena de la resistencia en los distintos juegos que ha protagonizado. 

 

Así, entre fase y fase iremos conociendo mejor a nuestros compañeros, sus motivaciones y su pasado, mientras hablamos con ellos, exploramos la base y aceptamos encargos para la siguiente misión. Estos momentos también sirven para mejorar tu equipo gracias a la chatarra y los chips que encontrarás en las misiones de enfrentamiento. Lamentablemente esta personalización es muy rígida y no permite cambio de armas, desarrollo de nuevas habilidades o equipación personalizada: comienzas la misión con las armas que te da el juego y no puedes modificar esta decisión.

 

 

Calentando motores

Disintegration es un esfuerzo en la dirección correcta por parte de un estudio que empezó con tres miembros y ha terminado superando las tres decenas de trabajadores. A nivel visual y sonoro es más que notable, alcanzando el sobresaliente cuando el escenario empieza a estallar a tu alrededor y ves maderas saltando, piedras volando y todo el glorioso destrozo que causas al disparar o pasar rozando las paredes con tu aero-moto. Un trabajo más que correcto que se extiende a los personajes, el diseño de los enemigos y el trazado de unas misiones que, eso sí, beben demasiado de las emboscadas y pueden resultar un poco demadiado largas y sin puntos de guardado.

 

Le exploración es correcta sin más, con una serie de objetos que podemos encontrar al escanear el escenario y que nos darán chatarra y chips con los que mejorar a nuestro grupo. No hay gran aliciente para cribar los escenarios más allá de la mejora y algunos diálogos que animan la travesía y que destacan por ese toque de humanidad metálica del que os hablaba antes. Respecto al combate, funciona sobre todo en su faceta shooter flaqueando en la estrategia y con un online que aún tenemos que probar pero no parece que vaya a suponer un gran cambio en la oferta de juego. 

 

Resumiendo, Disintegration funciona, pero no se va a convertir en el mejor juego del verano. Quizá si hubieran sido más comedidos en la duración de las misiones o hubieran introducido puntos de guardado durante estas fases del juego el producto habría sido más redondo y más fiel a su naturaleza, que lo convierte en un título ideal para echar partidas rápidas y despejar la mente a golpe de gatillo. No obstante, y a pesar de todo, sigue siendo un juego frenético, interesante, y que funciona especialmente bien cuando todo empieza a volar por los aires

 

¡Nos leemos!

7.5

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Género: Acción en primera persona (FPS)

Distribuidor: Private Division

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