Análisis
Debris Infinity PC

Luces de colores, lo pasaré bien

Debris Infinity

Debris Infinity es un arcade de naves muy honesto con su propuesta. Mezcla la base del videojuego de 1971 ‘Computer Space’ con Pang y cierto gusto por intentar alcanzar momentos sinestésicos a lo Tetsuya Mizuguchi. En conjunto, tenemos una experiencia que sabe ser inmersiva, adictiva y muy disfrutable en Nintendo Switch, dónde lo hemos jugado.

 

Debris Infinity nos ofrece tres modos de juego y una opción para dos jugadores muy interesante. Escojas la modalidad que elijas, la base siempre es la misma: controlamos a una pequeña nave que ha de saber esquivar los obstáculos que le llegan desde todas las direcciones mientras que los destruye. Muchos de estos proyectiles se van destruyendo y haciéndose más pequeños, convirtiéndose en otros de diferente tipo o aliándose con los que ya están en pantalla para complicarnos las cosas.

 

Con una perspectiva cenital, espacial y una estética muy flúor, Debris Infinity acierta al diseñar un buen flow entre la esquiva y el disparo. Es muy entretenido movernos y evitar ser dañados, también intentar acertar y derribar a nuestros enemigos mientras lo hacemos. El control es el de un puro dual stick shooter. Movemos a nuestro vehículo con el controlador izquierdo y disparamos con el derecho. Para añadirle variedad, y poder salir enteros cuando estamos apurados, contamos con dos opciones más: detener el tiempo y destrozarlo todo de golpe, claro que ambas son limitadas.

 

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La presentación de Debris Infinity es muy atractiva

 

La clave del juego, como buen arcade, es echar partida tras partida e intentar trepar, puesto a puesto, hasta la cima de los ranking online que lo acompañan. Aquí reside el verdadero reto y el que os mantendrá atrapados a la consola. Debris Infinity es, por ello, un juego perfecto para llevar en Nintendo Switch, porque sus partidas duran apenas unos cinco minutos, son muy satisfactorias y te permiten aprender más sobre sus dinámicas para intentar llegar al top 10.

 

El videojuego de SVC Games es muy consciente de que es un título de reinicios constantes, de volver a empezar la partida una y otra vez. Por ello, y a diferencia de muchos arcades, sabe añadir variaciones a sus rutinas de juego y a los desafíos que nos presenta para que no sintamos que estamos siguiendo siempre una progresión exacta. A su vez, como su esencia es que mejoremos, lo que sí se repiten son situaciones concretas, configuraciones de retos que saben aparecer de manera inesperada.

 

Eso le da un puntito de sabor al desarrollo, le da aleatoriedad, nos obliga a estar siempre pendientes de lo que sucede en la pantalla y a no dar nunca nada por hecho. Si lo hacemos bien, seremos capaces de mejorar nuestro marcador acumulando más enemigos abatidos sin sufrir daños. Sin embargo, es una pena que la buena música escogida no vaya más de la mano de las explosiones que producimos, de los colores que se desparraman en pantalla o de los impactos que nos dan. Por su paleta visual parece querer, en ocasiones, querer ser una experiencia sensitiva global a lo Mizuguchi, como comentábamos, pero estos elementos nunca acaban de funcionar como un verdadero conjunto, sino como elementos separados y funcionales.

 

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Los modos de juego están bien elegidos, también la variación que aportan a la misma fórmula

 

Con un buen planteamiento jugable, sabiendo mezclar con fortuna la sencillez que ha de presentar un arcade con la constante variación que necesita un juego de consola, hay un problema que me he encontrado al jugar en Nintendo Switch, y es que el stick derecho no siempre va tan fino como me gustaría, lanzando mis rayos ligeramente desviados de a dónde estoy apuntando. Este es un error salvable, pero que cuando se suma a repetidos golpes contra nuestra nave puede acabar generando cierta frustración.

 

Para amenizar el avance de las partidas, subiremos de nivel mientras recorremos el mismo escenario espacial. También existe variación de armas, aunque hubiera estado genial que llegaran más así como algún que otro objeto. Sin embargo, lo cierto es que poco más se le puede pedir a un juego que, como decíamos al comienzo de este análisis, es honesto con lo que nos da y lo que nos pide. Por cinco euros, puedes tener en Nintendo Switch uno de esos arcades que pica y apetece jugar, que no necesita modo historia para explicarse y que está muy bien producido. Se le podría pedir mucho más, claro, pero con uno de los time-attack más divertido que he jugado en tiempo, Debris Infinity cumple notablemente con lo que quiere hacer.

7.5

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Caratula
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