Análisis
Death Stranding PS4

Te espero en la playa.

Death Stranding

Me he quedado en las orillas de esa playa. Caminando sobre la arena, observando el oleaje mientras reflexiono acerca de la razón que me ha llevado hasta allí. Pero qué más da mientras la música de Low Roar siga sonando. Qué más da mientras los lazos que he conseguido forjar nunca se olviden. 


Por eso sigo pensando en esa playa, aunque ya no esté allí. 


Death Stranding es una de esas obras que consiguen quedarse dentro de ti. De las que te hacen pensar en todos y cada uno de sus aspectos, incluso cuando no estás en su interior. Hacía mucho tiempo que un videojuego no me hacía reflexionar tanto, sobre él mismo, sobre el medio, sobre mi propia vida… y eso lo ha conseguido al establecer una conexión muy poderosa en mí. La misma que muchos habéis estrechado y que muchos estrecharéis en el futuro. Pero también sé que esos lazos son especiales y que no unen a todos por igual, por eso se trata de una obra tan especial y muy complicada de valorar. 

 

 

Decir que el último trabajo de Kojima Productions es un título diferente y alejado de las líneas establecidas no es mentir, puesto que sin ser una revolución sabe ofrecer algo distinto a lo que otros muchos títulos se han acostumbrado a darnos. Siempre dentro de unos mismos márgenes, casi sin salirse de los renglones. Nosotros nos hemos acomodado a ese tipo de lectura y por eso nos cuesta tanto leer si llega algo que emborrone esas líneas. Que ese estilo guste o no depende exclusivamente de ti, sin que por ello seas mejor o peor jugador.


Hideo Kojima, el autor detrás de Death Stranding, lleva toda su carrera tratando de poner un contrapunto siempre interesante al medio de los videojuegos. Todos sus lanzamientos desde el Metal Gear de MSX han traído bajo el brazo una manera de entender las grandes producciones muy alejadas de lo que en aquellos momentos se estilaba. ¿Que la acción y la violencia son el punto en común? Él gira su obra en la infiltración y en la indefensión del personaje protagonista. ¿Que todos los grandes lanzamientos de la generación orbitan alrededor de la acción y el ritmo desenfrenado? Él plantea un videojuego que persevera en lo contrario, en la reflexión y en la introspección. Es complicado comparar sus trabajos con cualquier otro exponente del mercado y eso lo convierte en un creador relevante.

 


Este último gran lanzamiento de Kojima Productions tiene múltiples lecturas y varias maneras de disfrutarse (o no). El ritmo lo marca el propio jugador (el dispar número de horas con las que cada uno termina la aventura es un buen indicativo) al que se exige una predisposición especial. No, no es un videojuego que vaya de andar y ya está, pero sí de realizar grandes caminatas en las que es posible que no ocurra nada durante mucho tiempo. Pero para eso contamos con un sistema y diseño de juego que brilla a la hora de dejarnos desplazarnos por su mundo, sus estructuras y su orografía, pero que no lo hace tanto cuando nos toca entrar en acción a puñetazos o al enfrentarnos a jefes, que aparecen la menor parte del tiempo. Aunque esto evidencia los aspectos a los que se han dado mayor importancia durante el desarrollo. 


Si no conectas con Death Stranding es fácil que la experiencia no sea grata. Hay multitud de problemas jugables y aspectos que podían haberse cuidado más, lo que juntado a una manera muy especial de hacer avanzar al jugador y de narrar su historia pueden espantar a más de uno. Por eso establecer esa unión con la obra es tan importante y por ello es tan complicado entrar a valorar aspectos que a uno le parecen insignificantes detalles en comparación a todo lo que consigue darte. 

 


Y como si la propia obra lo supiese, las conexiones son el aspecto más importante. El mensaje de la obra, desde el principio y hasta el final, gira alrededor de este tema. Lo lanza, lo escupe y te revuelca en él, con maestría. El mundo se ha ido a la mierda y la manera de recuperarlo depende de la reconexión entre los seres humanos que siguen por ahí, perdidos. Solos no se puede lograr nada. Y, a pesar de ello, esta reconexión que sirve como excusa para lanzar al jugador a su mundo también ofrece diferentes lecturas y reflexiones, puesto que volver a unificar un país que basa su afecto en los Likes y en los Me Gusta a los que ya nos hemos acostumbrado en nuestras redes sociales quizás no sea la mejor salvación. 


Este vínculo también se establece con otros jugadores que están presentes en el mundo del título de manera simultánea. Existe la posibilidad de construir y utilizar herramientas que facilitan el tránsito entre zonas (la base del diseño jugable: viajar entre ellas) y que estas se compartan entre todos. Si otro jugador te ha ayudado puedes dejarle unos Likes para que se sienta gratificado y también al revés, siendo tú quien los recibas. Sobre el papel parece una tontería pero en la práctica es gratificante y puede llegar a ser adictivo. Casi tanto como en nuestras redes sociales reales, donde muchos hacen lo que sea a cambio de un cariño virtual. 

 


El elenco de personajes y una historia que apabulla desde el primer minuto son la luna del paisaje. Death Stranding comienza siendo extraño y parco a propósito, para que el misterio del mundo, de sus personajes y de lo que acontece sean parte de la gracia de seguir caminando. Descubrir algo más se convierte en el premio definitivo, aunque sea mínimo, y que sirve para que nuestras posteriores caminatas mastiquen y asimilen nuevas teorías. El propio juego te invita (y casi te obliga) a ello, con instantes donde es necesario comprender qué ocurre para poder avanzar. Algo que muy pocas veces he visto en un videojuego. 

 

Sobre la trama no comentaré nada más allá de lo dicho, por no aguar la experiencia, pero es de esas historias que enamoran y sobrepasan. Mención especial al elenco de actores y actrices presentes en la obra, que no están ahí únicamente para que sus nombres decoren los carteles. La interpretación de todos ellos, destacando sobre todo a Léa Seydoux y a Mads Mikkelsen (cuya presencia en cada escena es arrolladora), demuestran la importancia real que comienzan a tener estos profesionales en los videojuegos. Si cuentas con las herramientas y quieres narrar tu historia cinematográficamente, la tecnología actual permite y ayuda a que el trabajo de actores y actrices quede más que justificado. Tampoco había visto en ningún otro videojuego que se extrajera tanto jugo de ellos, que se combina con un saber hacer espléndido en las secuencias que nos acompañan durante toda la aventura.


Hay personajes mejor construidos que otros, al igual que algunos se exhiben de mejor forma dentro de la trama, pero todos son capaces de cautivar y de hacerse sentir vivos. Esperad los momentos inolvidables y las jugadas maestras en un guion denso, que también ofrece muchas lecturas que dependerán de cada jugador. 

 


Death Stranding no trata de contentar a todos, más bien todo lo contrario. Debes adaptarte a lo que pide desde el primer minuto y debes saber (y querer) conectar. Si no lo haces, el título no podrá satisfacerte, eso es así. Pero si logras formar parte de esa red sabrás que estás viviendo algo único, diferente y que no se establece dentro de unos cánones conocidos. ¿Podía haber sido una obra mucho más valiente? Por supuesto, pues nunca llega a sentirse como una revolución pero sí como uno de esos títulos que marcan una etapa, de las que sirven como inspiración y abren nuevos caminos a futuros desarrollos. ¿Podría ser mejor? También. Desde sus desajustes de control, pasando por sus terribles menús, sus enfrentamientos con los jefes y su combate cuerpo a cuerpo, unido a secuencias y momentos de la historia que no están a la (excelsa) altura del resto, hacen que esté lejos de la perfección. 


Pero es una obra que va más allá de eso. No busca la perfección, sino la conexión con el jugador. Quiere atraparte en su red y que te sientas parte de ella. Que Sam sea un reflejo de tus dudas ante los misterios de la historia y tu sufrimiento en algunos viajes complicados pero inolvidables. Y quiere que pienses y reflexiones acerca de lo que ocurre dentro del mundo del juego, sí, pero también de lo que ocurre fuera de él. Quiere que salgas a pasear, solo o de la mano del resto de jugadores que están ahí, compartiendo tu pasión aunque no los veas. Death Stranding te quiere a ti, para que bailes al son de unas notas musicales que pueden ser o no de tu agrado. 


Yo he sabido conectar y por eso te espero en la playa. Porque todavía sigo pensando en ella.

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Comentarios
Comentar
    • Maravilloso análisis, en serio. Captaste a la perfección el aura del juego.
      ¿Es perfecto? Desde luego que no (el combate flaquea aunque se puede argumentar que no se buscaba convertir la violencia en algo divertido bla bla bla).
      Pero como dices, si logras conectar Es una experiencia sublime
    • Tenía serias dudas sobre este juego, ser un gran fan de Kojima no significa que me tengan que gustar todas sus idas de olla. Ahora, con este fantástico análisis y por todos los artículos que le habéis dedicado en Mundogamers, estoy casi seguro de que me lo voy a pasar genial jugándolo, gracias por dedicarle tanto tiempo. Eso sí, de los pocos juegos que no ha tenido un solo euro de descuento ni en Black friday, ni en Cyber monday, ni en Sus putas muelas sunday. Y dudo mucho que ni en Navidad le van a dar tregua, va a tocar hurgarse el bolsillo hasta el fondo.
    • Bravo Alex, Bra-vo!!
      Como bien comentabas en el podcast, es difícil darle sentido a un análisis y más con según que tipo de juegos. Bueno, pues le has dado todo el sentido que merece.
    • Estos juegos de "9", pero que para los que conectan son perfectos, son los que definen el mundillo y quedan para la posteridad en nuestra memoria. Recurriré aquí a Silent Hill (o el 2), Shadow of the Colossus...
      Álex, suscribo totalmente tu texto, maravilloso por otra parte.
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Caratula
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