Análisis
Chicken Police: Paint it Red! XONE

El detective más gallito que vais a conocer

Chicken Police: Paint it Red!

Nos adentramos en la única habitación ocupada de un decadente hotel, situado en una ciudad de promesas rotas, donde la tolerancia oculta la verdadera cara de una sociedad clasista, corrupta y racista, corrompida por el poder y dividida por ideales políticos que poco tienen que ver con los animales trabajadores. Una urbe perfecta para la proliferación de empresarios de dudosa moralidad, que antaño vio crecer a una legendaria pareja de investigadores que terminó cayendo en desgracia. Clawville no tiene piedad, en sus calles hay que cuidar los pasos y vigilar las esquinas, y Sonny Featherland lo sabe. Cuando al abrir la puerta de su habitación (y despacho) se encuentra con que alguien le está esperando, no se sorprende. La delicada figura asoma, de entre las sombras, mostrando su esbelta silueta, y se dirige a nuestro protagonista con determinación. Él quería fumarse su último pitillo, pero la noche va a ser larga. Ella luce un vestido elegante. Ya sabéis lo que dicen en Clawville: ningún animal llega lejos en tacones.

 

 

Esta es la carta de presentación de Chicken Police: Paint it Red!, el primer videojuego de The Wild Gentlemen, una aventura gráfica disponible para PC, PlayStation 4, Xbox One y Nintendo Switch, que abraza el cine noir, y maneja todos sus tópicos con la soltura suficiente como para mantenernos pegados a la pantalla durante el transcurso de su trama. Es, precisamente, cuando se aleja de ahí, cuando más pegas le podemos poner. Ahora bien, si os gustan los caballeros malhumorados de buen corazón, las femme fatale y las aventuras gráficas, estáis en casa. Eso sí, no esperéis encontrar a Robert Mitchum, pues el papel protagonista es, ni más ni menos, que para un gallo detective dado a la bebida que cuenta los días que le quedan para colgar su placa y empezar a cobrar el retiro

 

Los Crestectives 

 

Sonny Featherland y su inseparable compañero Marty McChicken, se verán envueltos en una red de crímenes que amenazará sus vidas y la de quien ha acudido a pedirles ayuda, Nathasa, una felina de armas tomar. A partir de ahí, nuestra tarea consistirá en visitar diferentes localizaciones de la ciudad para recabar información, e ir desentrañando los secretos que nos impiden ver la verdad. Para ello, mantendremos conversaciones con el resto de especies que pueblan el mundo ficticio de Natura, investigaremos diferentes escenarios e interrogaremos a quien toque hasta llegar a resolver el misterio. Esta es, básicamente, la estructura que presenta Chicken Police: entornos representados en planos fijos y ligeramente animados, decenas de personajes con los que conversar, y la capacidad, llegado el momento, de poder interrogar a los sospechosos. Poco más haremos, y poco más necesita para salir airoso, aunque bien es cierto que no revoluciona nada, y que tampoco hace bien todo lo que se propone.

 

Podremos desviarnos del camino principal y, haciendo uso del mapa de la ciudad, explorar rutas secundarias que únicamente estarán disponibles en determinados momentos


En su texto está gran parte de su encanto. Balint Bank Varga, cofundador del estudio, director y principal escritor de la obra, sabe evocar el característico encanto que acompaña a las historias de cine negro. A través de la clásica voz en off, capta ese aura decadente, autodestructiva y nostálgica que suele envolver a los protagonistas de este tipo de relatos. La pareja de gallos podría encajar en cualquier boddy movie, no cesan en su empeño por soltar chascarrillos y lanzarse cuchilladas verbales que sirven para iluminar su pasado como compañeros de la brigada de depredación (anticrimen, podríamos decir). Los diálogos tienen chispa y el resto de personajes no se queda atrás. Desde el amigo buenazo, hasta el comisario incompetente, el mafioso de turno e incluso el típico periodista pesado, todos ellos son arquetipos, sí, pero están bien dibujados, tienen carisma y terminan armando un conjunto de secundarios que cumple a la perfección su cometido. 

 

A todo esto ayuda tanto su humor, tan negro como la gabardina de Sonny, como su estupendo apartado artístico. Nos moveremos por un entorno pseudofotográfico dominado por el blanco y negro, que sirve como escenario para todo tipo de animales antropomórficos con cuerpos de humanos y cabezas de razas de lo más dispares. La combinación, que personalmente me ha encantado, es pintoresca, y puede gustar más o menos, pero sin duda destila carácter.

 

Los interrogatorios son satisfactorios en lo textual, pero no tanto en lo mecánico

 

Sonny, dedícate a lo tuyo

 

Ahora bien, no hemos venido a esta peligrosa ciudad solo para leer, escuchar jazz y ver bonitas ilustraciones. Por desgracia, añadiría. También tendremos que buscar pistas, interrogar a sospechosos e incluso superar algún que otro minijuego. Estos últimos realmente no aportan nada, su presencia es meramente testimonial y no están bien resueltos. Además, encontraremos algún acertijo bien planteado, y después están los interrogatorios, en los que Sonny sacará a relucir sus dotes como detective, facilitándonos un perfil psicológico de cada uno de los individuos. En base a este, deberemos ir escogiendo, con cuidado, entre diferentes preguntas. En función de cómo llevemos la conversación, la confianza de nuestro interlocutor menguará o se incrementará, y se supone que ello marcará nuestro éxito, o fracaso, como indagadores. A priori parece interesante, pero realmente nunca he llegado a sentir que estuviera ante una elección determinante, ni me he visto en apuros para superar ninguna de estas pruebas. Cuando nos pide que decidamos, en realidad, no consigue que esas elecciones tengan el peso que deberían.

 

Es decir, Chicken Police funciona bien cuando se mantiene pegado a su texto y a la historia que quiere contar. Cuando nos deja conversar con los diferentes personajes de su particular universo, y nos permite indagar en su bonito entorno. Más allá de ahí, el título empieza a mostrar sus carencias.

 

Sus elegantes secuencias, bien elaboradas y acompañadas por una banda sonora más que adecuada,contribuyen a la construcción de su magnífico ambiente


La buena noticia es que pocas veces se aleja del camino que mejor le sienta, y el juego cumple con la parte más importante de lo que pretende ofrecer, otorga al jugador una trama noir atractiva, vertebrada sobre unos personajes carismáticos y con un buen apartado artístico. Al final, es como ver una película cuya estructura ya conoces, en la que eres más o menos consciente de qué va a pasar y sabes que te va a gustar, precisamente, porque estás seguro de lo que encontrarás en ella. Por lo tanto, si os atraen las aventuras gráficas que no se complican mucho la vida, y os apetecen un par de tardes de jugar tranquilos, Chiken Police: Paint it Red! se presenta como una opción más que recomendable. Ahora bien, tened en cuenta que si aceptáis el caso, caeréis en las redes de una misteriosa dama, os codearéis con ciudadanos tan distinguidos como peligrosos y los secretos, las amenazas y las mentiras, rondarán constantemente a vuestro alrededor. Eso sí, siempre tendréis cerca una botella de bourbon y, con algo de suerte, quizá sobreviváis a la noche para poder, al fin, fumaros tranquilos ese último pitillo, o no.

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Caratula
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Género: Aventura Gráfica

Distribuidor: HandyGames

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