Análisis
Broken Age PC

Sueños rotos

Broken Age

No me crié con Lucasarts. Llamadme insensible o ignorante, pero cuando un tal Tim Schafer dijo que iba a resucitar la aventura gráfica con un juego llamado Broken Age, no se me hizo un nudo en la garganta ni nada por el estilo. Entiendo su legado, sí, y siente mucho respeto por él, pero no tengo una conexión tan personal como los veteranos del medio. Con todo, el primer capítulo de esta obra que tuvo tiempo suficiente como para ser objeto de varias polémicas, ora por su desarrollo por partes, ora por errores con el presupuesto, no tardó en llamarme la atención y estaba interesado por ver cómo concluiría esta aventura. Será cosa mía, pero las historias sobre la madurez me pueden y este videojuego con unos personajes en contextos tan interesantes tenía algo magnético, sobre todo Shay, el chaval criado entre algodones pero que quería ser independiente (aunque no tanto, que luego resulta que no sabe cuidarse). Así que aquí estoy, frente al segundo capítulo de un juego notable, pero esta vez no siento ninguna emoción. Hay algo que se ha perdido.

 

Broken Age se rompe en su segundo acto.

 

No se le puede pedir el cielo a un juego financiado en Kickstarter, pero este segundo episodio se siente como una repetición sobre las mismas bases del anterior. Tampoco me gusta hablar en términos de escenarios y contenido, como si de algún modo la cantidad equivaliese a calidad, pero la ausencia de variedad de esta conclusión contribuye a una amarga sensación de redundancia y déjà vu. Porque esto ya lo he visto, tanto en el primer acto como en general. La primera vez que ves a un gurú que organiza una secta basada en principios metafísicos para robar a la gente y aprovecharse de sus seguidores piensas que es un toque gracioso porque todo el juego tiene un tono de cuento. Cuando entras en la casa de un hipster que resulta guiarse por tendencias según tenga o no medios para vivir y no para de hablar en términos de “irónico” e “integridad artística”, le quitas peso porque cerca de su casa hay una boa constrictor que te estruja hasta que tocas un trombón y porque el hombre está traumatizado tras descubrir que los árboles están vivos y le gritan. Pero cuando vuelves al pueblo dirigido por un alcalde desesperado por ganar unas elecciones y repite el mismo discurso sobre aparentar cualquier fachada que le permita ganar votos, empiezas a pensar que este juego no es tan imaginativo. Dos tercios de este segundo capítulo consisten en repasar escenarios conocidos, personajes conocidos y darte cuenta de que ninguno de ellos es tan original como pensabas (bueno, quizá el tipo de los melocotones sea una excepción. Y el cuchillo es gracioso).

 

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El gran problema de Broken Age es que no tarda en mostrar fisuras tan pronto como empiezas a fijarte bien en lo que te muestra. Se supone que Schafer es un maestro, un genio a la pluma que escribe guiones inteligentes y cómicos, pero cuando todo se puede remitir a otras obras y otros arquetipos la idea de que está perdiendo fuelle cobra cada vez más peso. En Grim Fandango se volvía a Rubacava llegado un punto, pero era un repaso breve que mostraba una ciudad distinta, que ya no trataba a Manny igual que antaño; aquí a pesar de viajar por los mismos lugares pero con personajes distintos, no hay nuevas facetas que descubrir. Es la misma historia.

 

Pero Broken Age tenía más que su humor y sus personajes: su mundo fue lo que realmente me cautivó, esa idea de que Shay no se estaba librando de Mamá sino que estaba descendiendo a otro nivel de control, de que el Mog Chotra era más que un monstruo que devoraba doncellas. Fue un giro súbito, pero bien llevado, que supo jugar con las expectativas del respetable y hacer que todos aquellos que nos creíamos más listos que el guionista nos quedásemos con cara de idiota. “Seguro que ese chico es Shay adulto”, “seguro que Mamá es una proyección de Vella”. Miau. Ahora sigue habiendo un aura de misterio y el mundo todavía tiene cartas que mostrar, pero Schafer parece apresurarse en revelar cada jugada y al poco de empezar sendos arcos se resuelve cualquier intriga que quedase pendiente. Su universo sigue siendo muy creativo y la impresión de que esta es una pequeña fracción de algo mucho mayor no se va a ninguna parte, eso sí; es un mundo que da para más juegos y muchas historias, y quizá precisamente al revelar toda su escala cometa su mayor error, porque el clímax también llega pronto y mal.

 

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El primer acto de Broken Age era sencillo: Vella quiere matar al monstruo, Shay quiere huir, pero de pronto en el segundo acto la historia toma proporciones ciertamente épicas y habla sobre la supervivencia de toda una especie, plagas, endemia y sacrificios. Lo que en un principio era un cuento sencillo que se terminaba en tres horas se ha transformado en una aventura que exige alargarse hasta tres o cuatro veces esa duración. De pronto tenemos ante nosotros un drama colosal y una historia sobre engaños, reuniones en condiciones trágicas, conspiraciones y mentiras pero, ya sea por un motivo u otro, la trama parece querer apresurarse en terminar y se pasa del nudo al desenlace en un suspiro. Tampoco ha sido un nudo intrigante: todo lo que se hace es una serie de tareas para reunir una serie de objetos e irse a otro sitio, y poco más. Sus últimos compases, igual que un hombre impotente en la cama, parecen cansados, forzados por terminar pero ya sin fuerzas, intentando dar una buena impresión para que no llamemos a nuestras amigas y digamos que no ha sido el revolcón que esperábamos. Pero no lo ha sido: la estructura está mal organizada, sus personajes no ofrecen nuevas dimensiones que los hagan realmente atractivos, su universo parece desaprovechado y la comedia es errática.

 

Tampoco es que pidiera que esta fuese la magnum opus de Schafer. Cuando vi con mis amigos El Viento se Levanta, la que sería la última película de Hayao Miyazaki, pensé que no era su mejor obra pero que marcaba un despido por todo lo alto, hablando no en los términos del público sino del autor. Era una película sentida, hecha con una ternura palpable y que se mostraba como un canto de amor a la aeronáutica. Se leía el “adiós” con claridad: una partida por todo lo alto. Esperaba algo así de Schafer, una obra que hablase en sus términos y que quizá no mostrase sus mejores guiones y chistes, pero sí los más sentidos. Soy incapaz de ver esa pasión. No estoy diciendo que Broken Age se haya hecho sin cariño; no soy tan cínico como para pensarlo y se nota que le han puesto empeño, pero sé que Schafer es mejor. Broken Age parece conformarse con ser una aventura gráfica de las de antes, pero no sé si será recordado con el mismo cariño que una.

 

Si quieres profundizar en la opinión del texto puedes leer el análisis expandido.

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Comentarios
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    • Quizás el gran pecado de Broken Age sea uno de los males de la actual escena videojueguil (perdón por el término posiblemente incorrecto): el formato episódico. Paso a explicar por qué: jugué este juego de un solo tirón los dos episodios en los últimos tres días y francamente me encantó. Creo que desde Grim Fandango no me divertía tanto (en un sentido global, no solo cómico) con una aventura gráfica. Pero después de leer este análisis puedo entender como se sienten aquellos que lo jugaron en diferentes momentos, la aventura decae en su segunda parte, y si se juega por separado, puede llegar a decepcionar, especialmente teniendo en cuenta que la primera parte es espectacular, y en la segunda pasás más tiempo cruzando cables (literalmente) que llevando adelante la historia. Recomiendo (aunque las recomendaciones en internet, especialmente en los comentarios, no le importan a nadie) que aquel que no haya jugado la primera parte, juegue las dos juntas, son muy entretenidas.
    • Me he dado cuenta que hay mucho desencanto con esta segunda parte ya que no es contundente, sin embargo no deja de ser una buena obra.
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Caratula
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Género: Aventura Gráfica

Distribuidor: Double Fine

Pegi: +12

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