Análisis
Blackwood Crossing PS4

Cuando lo onírico y lo mundano se enlazan por conmover al jugador

Blackwood Crossing

Comienza como comienzan las grandes cosas, con una melodía sencilla que, a golpe de nostalgia, va preparando el escenario que toda gran obra necesita. Joseph 'Ben' Ottewell logra desmenuzar de su guitarra unas notas que crean el espacio de juego perfecto: los acordes, aún desconocidos por el jugador, saltan de las cuerdas del instrumento y reverberan en otras cuerdas más profundas, a la espera de que esta melodía signifique algo para quien se para a escuchar. A la espera del momento en el que nuestras emociones sintonicen con sus ecos, ese instante en el que estas sencillas notas nos hagan recordar el juego. Una misión imposible que, sin embargo, PaperSeven y el guitarrista de Gomez consiguen sin esfuerzo.

 

Blackwood Crossing logra así, con apenas unas notas, una breve presentación de marionetas y la puesta en escena de la historia de dos hermanos a bordo de un tren, que la historia que desea contarte entre en consonancia con tus emociones, tus recuerdos y tu propia concepción de la vida, dando como resultado un juego profundo, bonito, cargado de belleza y con unos ecos melódicos que se asemejan a los que en su momento sentí con Unravel o Brothers: a Tale of Two Sons.

 

 

Conocidos en un tren

El juego de PaperSeven comienza con la visión de Scarlet, una joven que va en compañía de su hermano a bordo de un tren cuyo destino nos es incierto. Nada más empezar, Finn, el hermano de la chica, nos pide ayuda desde algún lugar perdido del tren. Un simple recorrido por el vagón nos sitúa en el marco temporal de la historia: Una maquinita parecida a una Gameboy Color, libros, cuadernos, bolígrafos... nada de móviles ni tablets en los diversos apartados del vagón. 

 

Pero la voz de Finn es insistente: nos pide ayuda y no hay tiempo de seguir explorando los alrededores. Llegamos así hasta el aseo, en el que el pequeño parece haberse quedado encerrado. No nos queda más remedio que forzar la puerta y conocer así a uno de los niños más naturales y mejor retratados que he visto en los últimos años en un videojuego. Finn salta del baño con su capa y su cara de diablillo, contento de haber asustado a su hermana, y comienza así un juego de corre que te pillo en el que pronto empiezan a pasar cosas raras. 

 

 

La persecución de Finn nos lleva así a lo largo de varios vagones del tren en los que, siguiendo las reglas de 'Simón dice', vamos acostumbrándonos a los sencillísimos controles a la par que nos ajustamos a los elementos que vamos a encontrar a lo largo de toda la historia: un conejito de peluche, pósters que parodían famosos carteles de cine y que, protagonizados por los hermanos, nos dan pistas de lo que está sucediendo y lo que sucedió, y finalmente personajes estáticos, ecos del pasado, que ocultos tras máscaras de cartón y lana, papel maché y algodón, sirven de puzzle y pista con los que ir entendiendo la situación y los acontecimientos que nos han llevado hasta el momento presente.

 

Es aquí cuando nos damos cuenta de que en apenas cinco minutos ya hemos logrado encariñarnos con ambos hermanos. Un doblaje magistral -en inglés aunque con subtítulos en castellano-, una personalidad maravillosamente plasmada en apenas cuatro esbozos de pincel y una historia que acaba de empezar pero que se promete gloriosa: componentes de sobra para aprender a coger cariño a estos dos chicos y querer acompañarlos en esta aventura en el tiempo, siendo ambos motor, causa y solución de todo lo que vamos a vivir en el juego a partir de ahí. 

 

 

Tras la máscara

El juego no tiene reparos en presentarnos a nuestro personaje desde el principio, mostrándonos el reflejo de la chica desde sus propios ojos nada más empezar y alejándose así de otros juegos que pueden parecérsele en algunos aspectos, como Gone Home, Everybody's Gone to the Rapture o incluso Firewatch. Blackwood Crossing no es un Walking Simulator al uso, y eso es lo primero que quiere dejarnos claro al mostrarnos a una de sus protagonistas. Lejos del simple pasear por encontrar la verdad, la historia nos plantea una suerte de aventura gráfica con sus propios puzzles y enigmas que, eso sí, corresponderá al propio jugador decidir si profundizar en ellos o simplemente obviarlo y quedarse con la parte más asequible de la historia. 

 

El primer encuentro con estos puzzles lo tenemos al poco tiempo de empezar, al encontrarnos con algunas personas importantes en la vida de Finn y Scarlet que, ocultos tras sus máscaras, tienen una frase que decir. Pronto descubrimos que todo depende del orden correcto, y al ir emparejando personajes en diálogos lógicos se van montando escenas que nos hablan del pasado de los chicos, de cómo era su vida y cómo ha ido evolucionando estos últimos años. 

 

 

De lo onírico y lo mundano

Lo que comienza como un sencillo viaje en tren pronto se demuestra como algo mucho más profundo que eso. Tomando elementos de la novela de Daniel Wallace que posteriormente Tim Burton llevara al cine bajo el nombre de Big Fish, Blackwood Crossing no duda en jugar con la cordura y la capacidad de sorpresa del jugador al meter en escena elementos sacados del mundo de los sueños, las pesadillas y el realismo mágico. Lo real se fusiona con lo irreal mezclando lo cotidiano fuera de lugar y, tras una pesadilla extraña protagonizada por un niño con cara de conejo, el tren se convierte en un escenario en el que todo parece posible, la vegetación lo invade y en medio de un vagón aparece la vieja casa del árbol en la que Scarlett y Finn crecieron juntos. 

 

Es justo en este momento cuando todo cobra sentido y Blackwood Crossing se convierte en el juego que debéis jugar. Nos subimos en una montaña rusa emocional en la que la belleza y la imaginación chocan de forma brutal con el realismo y la crueldad pasando de escenas inspiradoras y hermosas a momentos más duros, dolorosos, que logran sintonizar directamente con las partes más frágiles del alma humana. 

 

 

El relato pasa de lo hermoso y costumbrista a lo paranoico y desquiciante, dando el salto del cuento sureño al psycho thriller, del Huckleberry Finn de Mark Twain a la Escalera de Jacob de Adrian Lyne, respetando, eso sí, a sus personajes y dejándonos siempre una salida, nuestra propia forma de hacer las cosas, para mitigar la oscuridad que siempre existe en los rincones olvidados de toda familia.

 

El resultado final es maravilloso, una suerte de momentos plagados de belleza como pocos recuerdo en un videojuego de la mano de situaciones dolorosas que logran sacar de nuestros recuerdos algunos fantasmas que en ocasiones decidimos olvidar. Lejos de la amargura, sin embargo, el mensaje de Blackwood Crossing es muy distinto, un mensaje que logra que pauses el juego y medites, pienses y decidas con honestidad acerca de lo que realmente importa en esta vida. 

 

 

Volviendo a esas notas de Ben Ottowell

Blackwood crossing es un juego que se deja disfrutar, que te toca el alma y, como comentábamos el otro día con Diego Emegé y el boss en el MGPodcast, puede dejarte 'rotísimo' y, a la vez, hacerte sentir mejor persona una vez terminado. Es uno de esos títulos que incluyen varios niveles de narración, desde la ya clásica a base de diálogos y escenas animadas hasta otros más profundos como la exploración del entorno, la comprensión de los objetos que se ubican en determinados puntos y el uso de la intuición a la hora de contemplar una determinada escena. 

 

Más allá de estos niveles, sin embargo, se incluye otro nivel de narración emocional que va mucho más allá y que antes sólo había podido disfrutar en juegos como Unravel o Brothers: a tale of two Sons. Un nivel de narración que, lejos de narrar, obvia, incluyendo huecos, siluetas recortadas rellenas de vacío en las que tú, como jugador, vertes tu propia esencia, recuerdos y experiencia para hacer de la obra un algo más completo que te habla directamente. Una forma de narración que deja que sea el jugador quien comprenda los elementos desde su propia nostalgia y que hace que la historia y el mensaje entronquen con la persona que fuiste, eres y serás. 

 

 

Una vez llegado a este punto, cuando ya todo ha pasado, con el corazón aún tocado y la sonrisa del haber terminado, es el momento de escuchar de nuevo la canción del principio, esas lentas notas de guitarra que mezclan nostalgia y jovialidad. En esta ocasión la melodía incluye letra en la voz del propio Ben Ottowell, y es en este momento, cuando ya has pasado por el viaje de los dos hermanos, que la melodía alcanza esa reverberación de la que os hablaba al principio, creando ecos de sus notas en las cuerdas más profundas de nuestro alma, nuesro pecho o, si lo peferís, ese algo que nos hace ser quienes somos. 

 

Blackwood Crossing es el primer juego grande de PaperSeven en solitario. La primera gran aventura de los creadores de The Room, que da el salto de PC a Xbox One y Playstation 4 y lo hace rematadamente bien. No es un juego largo, es excesivamente sencillo y te deja con ganas de más, pero nada de esto quita para que Blackwood Crossing sea una de las experiencias más gratas y conmovedoras que he disfrutado en los últimos meses

 

Le pongo un nueve porque considero que es un juego que todos deberíamos jugar. Tal vez no ahora, siempre es bueno esperar a que las cosas bajen un poco de precio, pero igualmente es necesario. No se nos puede llenar la boca con que los videojuegos son algo más que fútbol y tiros y luego dejar pasar ocasiones como éste Blackwood Crossing: un claro ejemplo de hasta dónde puede llegar un videojuego, incluso en manos de un estudio pequeño, pero con muchas ganas de impresionar. 

 

¡Nos leemos!

9
/ 10
16 de Mayo de 2017 a las 12:00 por Rafa del Río Rafa del Río
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Comentarios
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    • Para mi fue una decepción,esperaba una historia mejor contada y que no se perdiese tanto en mecánicas como la de arrastrar "oscuridad" o unir historias entre dos y que no buscara tanto al final la lagrima fácil,pero bravo por el estudio por atreverse a contar historias así,aunque no les haya salido del todo bien para mi.
    • No se si lo he acabado deseando más por lo que dices que ofrece o por lo bien que lo has contado. Es por descubrirme estas pequeñas joyas que me gusta esta web, me flipo mucho con este tipo de aventuras que le pueden dar una nueva dimensión a los videojuegos. Leyendo el texto me ha venido a la cabeza lo que me llegó a gustar Life is strange (me ha sonado un poco a este juego)o Firewatch, solo que ultimamente ando flojo de moral y no se si es buen momento para que un juego me deje roto.
      Me he desinchado con tu comentario final sobre el precio, pero en la Store esta a 16 euros y no me parece caro tratándose de una novedad. ¿acaso es extremadamente corto?
En respuesta al comentario anterior:
    • Para mí merece el precio más que de sobra, pero hay mucha gente que se queja de la longitud el precio y tal y he preferido curarme en salud. Es corto, aunque no demasiado, y muy intenso. Eso sí, te deja con ganas de más, como suele pasar en estos juegos
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Género: Aventura

Distribuidor: Vision Games Publishing

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