Aún no sabemos cómo, pero el primer
Assassin’s Creed ha estado, hasta el día de hoy, dando tema de conversación por su controversia. Tal vez por su apartado artístico, por su historia o incluso por la cara bonita de su productora ejecutiva, Jade Raymond, la licencia de Ubisoft estrenada a finales de 2007 va contando con numerosos fans, los cuáles, reconocen los evidentes fallos del juego al igual que los detractores, quienes no se conforman con el placer de pasear por los tejados de Tierra Santa.
Dos años más tarde y con una expectación creada casi tan alta como el miedo que hay en torno a que la secuela vuelva a tener una mecánica repetitiva, nos llega
Assassin’s Creed II, donde por fin vemos que la saga toma un rumbo claro, más allá de experimentar con la memoria genética de un sujeto al azar que presenciará cómo sus antepasados asesinaban a los grandes criminales encubiertos de la historia, los Templarios.
Oficialmente y con la cabeza bien alta, podemos decir que
Ubisoft Montreal es una compañía que
ha sabido aprender de los errores del primer juego de la saga, y solucionarlos uno por uno hasta conseguir una de las aventuras más redondas que podremos tener el placer de jugar esta en esta generación de consolas.
Aquellos que tengan miedo de que, a pesar de que el concepto guste,
Assassin’s Creed II tenga una mecánica repetitiva, no sea lo suficientemente innovador para toda la expectación que crea la saga, pueda resultar tedioso a la hora de viajar o combatir, o que a pesar de que la historia tenga un buen planteamiento pero no avance, les animo a que pasen a la página siguiente para que descubran por qué la aventura de
Ezio supera muy ampliamente en todos los aspectos a la de
Altaïr.